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| John Cooke |
Carlos I había traicionado a Inglaterra. Un honesto abogado logró que un
jurado lo condenase a muerte, y un verdugo le cortó la cabeza. El 16 de
octubre de 1660, el letrado fue castrado y descuartizado por orden de
Carlos II, hijo del decapitado.
"Él creyó que la justicia era justa. El jurista inglés John Cooke defendió a los que nadie quería y atacó a los que nadie podía. Y gracias a él, por primera vez en la historia, la ley humana humilló a la divina monarquía: en 1649, el fiscal Cooke acusó al rey Carlos I, y su certero alegato convenció al jurado. El rey fue condenado, por delitos de tiranía, y el verdugo le cortó la cabeza.
Algunos años después, el fiscal pagó la cuenta. Lo acusaron de regicidio, lo encerraron en la Torre de Londres. Él se defendió diciendo: "Yo apliqué la ley". Ese error le costó la vida. Cualquier jurista debe saber que la ley vive arriba y hacia abajo escupe.
En el día de hoy de 1660, Cooke fue ahorcado y descuartizado en la misma sala donde había desafiado al poder".
John Cooke, un convencido de la justicia de sus ideales, fue un adelantado para su época, cuando Inglaterra sufría el absolutismo de su monarquía. Entre otras iniciativas, había propugnado por primera vez en la historia la creación de un servicio de sanidad nacional o el establecimiento de abogados de oficio para los pobres. Su dignidad lo llevó a la muerte. El poder siempre tiene estas respuestas para quienes ponen en peligro sus privilegios. Las hachas son ahora las multas, la cárcel o las torturas.


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