Conflictos mundiales * Blog La cordura emprende la batalla


lunes, 26 de junio de 2017

Las confesiones de Javier de la Rosa al "agente" Nicolás

La corrupción nostra

La corrupción nostra
 
Mariano Rajoy, el jueves, en Bruselas.



Según Rajoy, la corrupción de la Gürtel ya está pagada y las nuevas tramas emergidas en Madrid corre a cuenta de Esperanza Aguirre



El PP niega haber pactado con Luis Barcenas. Pero la verdad es que lo parece y a efectos políticos las apariencias cuentan tanto como la realidad. Que el extesorero haya decidido que arramblar con la manta no le va librar de la cárcel y que, al mismo tiempo, el PP haya concluido que es mejor no azuzarle dialécticamente puede ser una casualidad, pero tampoco lo parece; además en política las casualidades no existen.


En un partido clásico como el PP el tesorero suele ser el mejor pagado por algo. Nadie quiere saber cómo se financia la máquina. El tesorero trae el dinero y los demás no hacen preguntas; ese es el acuerdo y los Populares han logrado mantenerlo. No resulta extraño que todos sus hombres fuertes hayan declarado que lo ignoran o no les consta. El sistema estaba diseñado para que puedan decirlo si algo fallaba.


Lo raro es la coincidencia en descargar de toda responsabilidad al antaño delincuente Bárcenas para endilgársela a un inhábil penal como Álvaro Lapuerta. Tampoco resulta extraño que Bárcenas haya cambiado de nuevo su línea de defensa. Lo raro son la coincidencia en el tiempo con la respetuosa asepsia que emplean ahora los populares para dirigirse a él y las sinergias con la defensa Popular.



Esta película ya la hemos visto y siempre la dirige Martin Scorsese. Uno paga en la cárcel y en silencio para asegurar que no le falta de nada a su familia mientras los demás pasean por los tribunales alegando las más completa y “absolutísima” ignorancia. Rajoy y el PP saben que su mayor problema durante lo queda de legislatura no es la economía, ni Catalunya, ni el giro a la izquierda de Pedro Sánchez, ni las arengas de Pablo Iglesias, ni las sesiones de coaching que les quiere endilgar Albert Rivera.


Su mayor amenaza se llama corrupción y desde el principio había decidido afrontarla al viejo estilo: asegurar el silencio y aguantar. Una vez que Bárcenas ha comprendido que lo mejor para su suerte penal pasa por cumplir el trato que iba con su altísimo sueldo, sólo queda evitar que Francisco Correa deje de amagar con ir a contarle secretos al juez cada vez que se siente amenazado por la correlación entre el partido y el extesorero. Para el frente político abierto por la oposición con la investigación parlamentaria, los populares recurren a otra de sus tácticas clásicas y de mayor éxito entre su electorado: utilizar el Senado para dejar claro que todos los partidos son iguales y todos tienen corrupción.


En la matemática electoral que maneja Rajoy, la corrupción de la Gürtel ya está pagada y las nuevas tramas emergidas en Madrid corren a cuenta de Esperanza Aguirre. El silencio de Bárcenas y los testimonios de Ángel Acebes, Álvarez Cascos o Javier Arenas han preparado el terreno para que el presidente corone la estrategia con una declaración que podemos adelantar en exclusiva: no le consta, lo ignora y pregúntenle a Lapuerta. Después viene el verano y a finales de año arranca el juicio por los ERE, entonces empezará otro partido.



 http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/corrupcion-nostra-6127836






domingo, 25 de junio de 2017

La explicación a la ola de calor



Llevamos unos días con lo del calor que está llegando al umbral de nuestra tolerancia sensorial. He aquí la explicación a la ola de calor, rigurosa y pertinente.


Antes estaba Dios y los dinosaurios. Entonces ¿qué paso?, que los dinosaurios se extinguieron. ¿Y por qué se extinguieron? Porque Dios se enfadó. Porque Dios los creó para que evolucionaran hacia una especie inteligente. Y estuvieron un montón de años, no sé, millones de años y nada. Y nada de nada. No evolucionaban.


Ellos estaban allí tan tranquilos, al sol, sin problemas. Porque tenían una piel muy gorda y no les pasaba nada. Así como la piel de reptil, como los cocodrilos. De hecho los zapatos de cocodrilo aguantan muy bien. Entonces ellos estaban todo el día al sol. Unos comían hierba, otros se comían unos a otros, otro le daba un bocao a uno que pasaba por allí, había un poco de todo.


Otros recolectaban, otros volaban. Cada uno iba a su bola, pero no hacían nada. Vivían de lujo pero no evolucionaban.


Dios apostaba por que ellos fueran su especie inteligente y nada. Ni inventaron la rueda, que eso es fácil porque es una cosa redonda y cuando cae, por ejemplo, una manzana, la manzana rodaba ¿no? Rueda. Que lo ves rodar. Fíjate un poquito y lo sacas.


“Hay que empezar un poco a atar cabos” es una frase que se inventó Dios y luego se la copió el de 50 sombras de Grey. Eran las pistas que le daba Dios a los dinosaurios. Tiraba de vez en cuando un rayo, salía fuego. Dices, ¡venga, descubre el fuego! ¡Que te lo estoy descubriendo, te lo estoy poniendo ahí! Pues nada, ellos nada. Seguían exactamente igual desde el momento que Dios los creó.


 Eran muy inútiles. Por ejemplo el de los bracitos cortos:
-¡Venga vamos a jugar al frisbee! +Que no llego, no llego.



Y entonces Dios ya se cabreó y les tiró un meteorito. Dijo ¡a tomar viento! Bueno, dijo otra cosa pero nos ha llegado así. Y luego dijo:



-Ahora voy a apostar por otra especie, más pequeños que vosotros, unos seres insignificantes. De hecho no son capaces ni de ponerse de pie, no vuelan, una cosa barata, pero yo voy a apostar por ellos.


Y apostó por los hombres, por las mujeres no, porque en aquella época Dios era mucho más machista que ahora. Y los hombres, pues fíjate la que liaron: se pusieron de pie, desarrollaron la inteligencia, empezaron a pulir piedras como si fuesen armas, por supuesto descubrieron el fuego, también Dios se lo puso muy a huevo pero lo supieron conservar.


 Bueno, una parte de los hombres, otros se morían de frío y aquello no triunfó pero una de las partes sí. Y lo conservaron hasta que aprendieron a hacerlo. Es un poco como pasó en Supervivientes. Que antes de aprender a hacerlo tenían que ir con un mechero escondido.


Y luego pues eso, primero eran nómadas que se ponían a recolectar, hasta que ya consiguen asentarse, y luego después de que se asientan pues hacen las ciudades y ya al poco rato inventan muchas cosas, no como los dinosaurios que no inventaban nada, ni Facebook ni nada.


Y el hombre al frisbee, por ejemplo, jugaba que daba gusto verlo. Todo lo de tirar cosas al hombre, bien: baloncesto, tenis, tirar las cañas, la cabra desde el campanario… Al principio el deporte era con piedras, que era un poco más arriesgado, había algunas bajas y luego ya cuando se inventó el plástico entonces ya mejor.


Los hombres inventaron el plástico. Y una vez que inventaron el plástico ya fue todo más fácil: todo pesaba menos, dolía menos, contaminaba mucho pero bueno qué más da ¿queremos evolucionar o no queremos evolucionar? Es la pregunta.


Y crearon la imprenta, crearon la máquina de vapor, la revolución industrial, un montón de máquinas, y de esas máquinas hemos pasado a los ordenadores. Las máquinas más últimas y más importantes que inventaron fueron los ordenadores. Y con los ordenadores inventaron las telecomunicaciones (aunque ya habían inventado el teléfono pero ya más a lo bestia).


Y después de las telecomunicaciones ¿qué llegaron a inventar? Internet. Que ya es el summum de los inventos. Con eso Dios muy contento. Pero enseguida le pareció regular porque inventaron Twitter.


Y la gente en Twitter se caga mucho en Dios. Entonces Dios estaba que no sabía si extinguir al hombre y volver a los dinosaurios o qué. Pero claro, los dinosaurios también podrían tuitear (incluso el de los bracitos cortos).


Así que Dios ahora está pensando en probar con los cerdos. Que los tiene ahí en la reserva. Que se dice que del cerdo gusta hasta los andares. Bueno, pues esa frase es de Dios. O sea que a Dios le gusta mucho el cerdo. ¿Los judíos comen cerdo? No. Eso es porque Dios dijo:


-Todo el cerdo pa mí.


O sea, voy a hacer una religión, pensó, que no caten el cerdo. Porque le gusta mucho verle. Por cierto, que la religión judía es la buena, la que inventó Dios. El resto ya… Eso de la semana santa, la virgen, el salto de la reja. Eso a Dios no le va nada. Pero claro el hombre se inventa esto de las historias, les da un aire así para que la gente las siga y te enganchas.


Y después de las religiones el hombre inventó las pelis y luego las series, que son como las pelis pero muchas partes y muchas temporadas. La primera, la segunda, la tercera, y muchos capítulos, cuantos más capítulos mejor. Y ahora qué pasa ¿que no has visto alguno? Pues el hombre inventó Netflix.


Para que veas las series cuando quieras y las veces que quieras y ya no hagas otra cosa.


Y bueno, pues eso. Que Dios ahora está a ver si nos destruye. Por eso ha inventado el Cambio Climático. Y que suba la temperatura. Porque los humanos no somos como los dinosaurios.


 El hombre evolucionar muy bien pero la piel, como la de cocodrilo no hay nada cuando empieza fuerte a apretar el sol. Y por eso la ola de calor.


 David César






34 años sin garrote vil


El 25 de junio de 1983 en España es abolido el uso del garrote vil, instrumento de tortura proveniente de la Inquisición católica, utilizado por los franquistas para ejecutar presos

Foto: Garrote vil en la plaza pública de Jerez . 


Publicado en “Diario de Cádiz” el 20 de Abril de 1884






“Huevos rotos fusilados”


 

Si les contara que he visitado un restaurante en Alemania donde el plato estrella del menú se llamaba: “Esencia de judío ahumado a la cámara de gas”, ustedes me dirían que he perdido el juicio. Que miento como una posesa puesto que tal burrada no sería consentida ni de coña en el país teutón. Pues dirían bien. Los alemanes desprecian ese sentido del humor chusco, casposo y ofensivo.


 Incluso lo consideran un delito. Pero en Carpetovetonia, cuna del esperpento, la percepción del “humor” toma dimensiones delirantes y se tiene más manga ancha. Eso sí, dependiendo de donde venga el chascarrillo claro.


 Resulta que en España existen bares y restaurantes manifiestamente franquistas que hacen ostentación de toda la parafernalia de ideología fascista con premeditación, alevosía y diurnidad.
 


 

Tenemos el ejemplo de un bar de Ávila, Casa Eladio (rincón nacional), donde puedes gozar de unos “huevos rotos fusilados” , unos “chorizos rojos” o unas “chuletillas del Valle” rodeado de fotos de Franco, pollos anti-constitucionales y toda clase de símbolos destinados a hacer apología de la dictadura. La Disneylandia del prototipo medio del facha recalcitrante patrio. 


Por cierto, muy visitado por algunos policías y políticos. Será que enseñan a romper bien los huevos y se ha corrido la voz.


Pero no crean que es el único garito donde los nostálgicos de  “aquella etapa de maravillosa placidez”, como definió Mayor Oreja a la dictadura franquista, pueden reunirse para rememorar sus mierdas. Tengo entendido que hay algunos que celebran el cierre de su negocio cada día cantando el cara al sol junto a su emocionada parroquia. Una preciosidad.


Y a mí me da por pensar, vicio que tengo, que esto de los “huevos rotos” es una metáfora del país. Al menos, de una gran parte de la ciudadanía. Porque el fascismo y su alargada sombra no solo rompió la madre de la democracia. Dejó una impronta de miedo, de chulería amagante que prevalece hoy en día facilitando que sus herederos ideológicos, y en muchos casos genéticos, sigan siendo los putos amos del cotarro. Y eso solo pasa cuando, previamente, te han roto “los huevos” que hacen falta para sacar a esta escoria del escenario nacional.


Huevos rotos hemos visto estos dos días de moción de censura como para hacer una tonelada de tortillas. Tortillas mucho y muy españolas, por supuesto. El caso es que, kamikaze o no, la moción de censura contra Mariano-Babá y su innumerable banda de ladrones tenía toda la coherencia en un estado democrático. 


El problema es que procedía de Podemos. Satán hubiera tenido más apoyos. Y no me extraña. Escuché el otro día a un tertuliano, presunto periodista, que afirmó preferir que le roben los del PP a que le maten los de Podemos. ¡Toma castaña! ¿Cómo habrá averiguado que Echenique se pone un pasamontañas por la noche y va acuchillando indiscriminadamente a todo el que se cruza por delante de su chisme mecánico?


La ignorancia es atrevida pero sobre todo es peligrosa. Más cuando se lanza desde los medios de desinformación habituales con el único objetivo de seguir rompiendo los huevos de la gente.


El Partido Popular se comportó con la indignidad que le caracteriza. Pese al “fusilamiento” de casos de corrupción que les cayó encima con la intervención de Irene Montero, aguantaron con impertérrita chulería la descarga mientras leían un libro o consultaban sus móviles entre risitas y chanzas.


No quiero entrar a valorar algunas intervenciones populares, como la de Rafael Hernando, por puro hastío y náusea. Me quedo con las del ufano presidente. El mismo que nos deleitó con otras célebres citas que pasarán a los anales del absurdo como: Es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”. “Los españoles son muy españoles y mucho españoles” o “ETA es una gran nación”.


Mariano Rajoy en la  moción de censura replicando a Pablo Iglesias: “Cuanto peor, mejor para todos. Y cuanto peor para todos, mejor. Mejor para mí el suyo. Beneficio político”

 
Un discurso tan incongruente como incongruente es la permanencia de este partido, o banda organizada, en el gobierno. Pero ahí siguen, en cabeza en intención de voto. Eso explica el plato gourmet de Casa Eladio.


 Solo puede servirse en un país que también tiene rotos los huevos y fusilada la esperanza. Mi querida España.


 Ana Cuevas | Diario del Aire | 16/06/2017






Rajoy en El Club de la Comedia


 Por petición Popular, regresa nuestro mejor monologuista.





 Rajoy en El Club de la Comedia 


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 Recopilación de paridas políticas.



Los mejores Lapsus y Cagadas de Mariano Rajoy


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 Resumen de las mejores cagadas y los habituales lapsus que tiene Mariano  Rajoy.




sábado, 24 de junio de 2017

Gobernantes preparados



Desde que se instituyó el voto como forma de elegir a los gobernantes, comenzando por el sufragio censitario, las oligarquías que forman los partidos de la derecha se han presentado ante los ciudadanos como los mejores gobernantes. Para eso son ricos y están preparados en las más famosas universidades. 


Empresarios y profesionales que copan los estratos más altos de la administración del Estado: notarios, abogados del Estado, Registradores de la Propiedad, diplomáticos, catedráticos, jueces, magistrados.


 Detentan todos los puestos desde los que se dirige la economía de la nación: Presidentes, directores y gerentes, de las compañías nacionales o multinacionales de la energía, el transporte, el petróleo, la banca, la agricultura, la minería, los altos hornos, los servicios, etc.


Por estos conocimientos que poseen, además de por su cuna, esos señores están destinados a gobernarnos para toda la eternidad. Ya no es Dios, un poco desprestigiado, quien decide los que se sientan en la presidencia, el ejecutivo y la legislatura de un país, sino los méritos y la compleja preparación que requiere un político del siglo XXI.


Por ello, los dirigentes de la derecha se han complacido, desde la Revolución Francesa, en denostar a la izquierda considerándola incapaz de regir los destinos de la patria, que solo puede estar en sus manos.


Ya se sabe que la izquierda proviene de las bases más incultas y feroces del pueblo: aquel que cortó la sagrada cabeza de los reyes y obispos, que quemó las iglesias, ocupó las fincas de los ricos, se apropió de empresas y las colectivizó, y pretendió implantar la igualdad y el reparto de la riqueza llevado de su insania e ignorancia.


Por ello, calmados ya los ardores destructivos de las superadas épocas revolucionarias, ese pueblo sólo puede aspirar a ser mandado por los que “saben” y a obedecer los acertados dictados de sus gobernantes.


Mariano Rajoy, como sus portavoces y edecanes, se cansa repitiendo que los populismos son destructores porque sus líderes no saben lo que hacen: ni elaborar unos presupuestos estatales ni pagar las deudas ni distribuir los recursos ni enfrentarse a las exigencias de los mercados internacionales.


 Para realizar todas estas tareas, complejísimas, que requieren una profunda preparación, están él y sus ministros.


Busquen ustedes la sesión del Parlamento en la que Mariano Rajoy, con su pomposidad habitual, escupiendo saliva y arrastrando las eses -que su participación exitosa en las diversas oposiciones que ha superado no le ha enseñado una buena dicción- expone la arquitectura fundamental de la economía del Estado.


Dice el Presidente del Gobierno, desde la tribuna del Congreso, consultando papeles como le es habitual y leyendo literalmente: “Para evitar algunos equívocos conviene recordar como se gasta el dinero público en España. De cada 100 euros que se gasta el Estado, 63 se dedican a gasto social –y repite- 63. 26 a pensiones, 14 a sanidad, 9 a educación, 8 a otros gastos sociales y 6 a prestaciones por desempleo”.


Y no solo se quedó tan satisfecho sino que su bancada le aplaudió enfervorizadamente, como suele.


Sólo que la suma de esas partidas da el resultado de 126. Suma esta que cualquier párvulo podría realizar. 


Contando que a mi me faltan las partidas correspondientes a infraestructuras, obras públicas, mantenimiento de estas, salarios de funcionarios y gastos generales, y no digamos lo que entregamos de intereses por las deudas que tenemos. Y eso que yo nunca he elaborado unos presupuestos del Estado.


Pues señoras y señores, este es el flamante Presidente del Gobierno que tenemos. Universitario, Registrador de la Propiedad por oposición, ministro de varias cosas en diversas legislaturas, y un presuntuoso que nos da lecciones diariamente. Incluso nos explica que “se hace camino al andar” es una frase de Rosa Luxemburgo. 


Pero veamos algunos de los otros representantes de esa derecha burguesa y aristocrática que nos han gobernado durante varios años, decidiendo con su profunda sabiduría y preparación los destinos de España.


Rodrigo Rato, universitario, experto en Economía, Vicepresidente económico, candidato a la presidencia de gobierno, Director del Fondo Monetario Internacional y presidente de Bankia, –seguramente me olvido de algunos otros títulos y méritos- que dirigió la fusión de varias cajas de ahorros y bancos y organizó la salida a bolsa de la entidad para salvar las pérdidas y el esquilmo que habían llevado a cabo otros tantos como él, concluyó su mandato dejando en quiebra la entidad y con una deuda de 23.000 millones de euros que el Estado tuvo que pagar. 


Federico Trillo, chulesco ministro de Defensa con el exitoso gobierno de José María Aznar, organizó el viaje de los militares destacados en Afganistán, en una aeronave YAK42, infaustamente famosa por el accidente que costó la vida a todos los que en él se encontraban.


 Porque aunque el ministro había recibido ya anteriormente denuncias del lamentable estado de aquellos aviones, ni pensó en comprobar la veracidad de los problemas que se detectaban ni se sentía responsable de la seguridad de los hombres de los que él era la máxima autoridad.


Esperanza Aguirre, aristócrata, igualmente ilustrada, Ministra de Educación, de Cultura, Presidenta de la Comunidad de Madrid y alcaldesa de la misma ciudad, durante decenas de años, se embarcó en la construcción de la Ciudad de la Justicia en esa región, gastó cientos de millones de euros y dejó un erial de construcciones sin terminar, grúas y trebejos que se cuecen al sol en la estepa castellana. Los gastos de mantenimiento de los maltrechos edificios ascienden a muchos miles de euros anuales, sin rendimiento alguno.


Alberto Ruiz Gallardón, ilustre jurisconsulto, Alcalde de Madrid, Presidente de la Comunidad, Ministro de Justicia, hizo construir varias autopistas de pago de entrada en la capital que han dejado una deuda de 5.000 millones de euros, porque no las utiliza nadie, y que el Estado tendrá que pagar.


Y no estoy relatando aquí la corrupción generalizada de los dirigentes, tesoreros, diputados y senadores, alcaldes y concejales del PP, que les ha hecho millonarios a ellos y a los bancos suizos. 


De eso tratan ya numerosos periodistas, tertulianos y expertos politólogos, en casi todos los medios de comunicación. Aquí quiero llamar la atención sobre la preparación profesional y los conocimientos de la economía, las finanzas y la política de que presumen los dirigentes del PP, como buenos hijos que son de la burguesía, formados en las mejores escuelas y universidades españolas y extranjeras.


Las pérdidas por operaciones financieras disparatadas, bancos y cajas de ahorro en quiebra -que siempre la ciudadanía tiene que rescatar para que los depositantes no se queden sin su dinero- construcciones inútiles y mal realizadas, autopistas que nadie utiliza, aeropuertos para pasear, trenes de alta velocidad innecesarios, túneles en altísimas montañas en los que se filtra el agua a chorros, puentes donde se cae la gente cuando llueve, compra de vacunas que se almacenan porque no hacen falta, monumentos sin concluir, ciudades de la justicia y de la cultura sin terminar porque lo presupuestado nunca alcanza y jamás tendrán uso, y etc.etc., han arruinado al país.


Por supuesto no a los políticos ni diseñadores ni ejecutores ni presupuestadores de tales dislates. La mayoría han salido indemnes de su incompetencia. 


Y repito que no me refiero a los que con estas y otras operaciones se han llenado los bolsillos, sino a los herederos de muchas generaciones de profesionales, políticos y empresarios, poseyendo varios títulos universitarios, doctorados, másters, cursos en Harvard y Yale, que son incapaces de saber que la suma de 62 + 26 + 14+ 9+8+6 da 126 y que por tanto no pueden ser los porcentajes de los gastos del Estado. 


Claro que acerca de la competencia y preparación del Presidente del Gobierno teníamos muestras anteriores en sus discursos: cuando nos enteramos de que el chapapote del Prestige eran unos hilillos, que somos mucho españoles y que el alcalde quiere que los vecinos sean el alcalde. 


A forjarnos esta imagen de inepcia e incapacidad de los dirigentes del PP ayudó también la balbuceante explicación de María Dolores de Cospedal sobre la indemnización en diferido que se pagó al tesorero del partido, Bárcenas. 


Creo que ha llegado la hora de recordar a los ilustres políticos del PP que, ya que no son de izquierdas, deben saber sumar. Principalmente el Presidente del Gobierno.


 Lidia Falcón O'Neill