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Monday, October 13, 2014

Tekmira Pharmaceuticals, una empresa que trabaja en un fármaco contra el Ébola, acaba de recibir una inyección US$ 1,5 millones en efectivo, procedentes de Monsanto

 

Aún no existe un mercado interesante, pero están en ello

Y es que la oligarquía de EE.UU. ya se ha puesto manos a la obra en estrecha colaboración con Monsanto.


Tekmira Pharmaceuticals, una empresa que trabaja en un fármaco contra el Ébola, acaba de recibir una inyección US$ 1,5 millones en efectivo, procedentes de Monsanto.Se ha informado públicamente que la inversión de Monsanto está relacionada con tecnología desarrollada por Tekmira en el campo de la agricultura. El acuerdo total está valorado en US$ 86,2 millones.


Por otra parte, Tekmira tiene un contrato de US$ 140 millones con los militares de USA para desarrollar medicamentos para el tratamiento de Ébola.


Pero la realidad incontrovertible es que vivimos el brote más importante de ébola de la historia y el más publicitado por los medios, hecho que podría crear una gran demanda en el mercado farmacéutico si el virus traspasa las fronteras africanas y llega a los países occidentales.


Lamentablemente, la historia de la medicina revela que las compañías farmacéuticas, la CDC y la OMS han exagerado en varias ocasiones la severidad de los brotes epidémicos con el fin de promover la venta de medicamentos para su tratamiento. No se sabe si este es el caso, pero pensarlo no es nada descabellado.

Ahora que el virus del ébola puede, hipotéticamente, convertirse en una amenaza para occidente, pueden empezar a producirse fuertes inversiones en el desarrollo de una vacuna, pues su venta ya sería un negocio.

Cuatro vacunas que se estaban desarrollando en USA contra el virus del Ébola, llevan paralizadas desde hace tiempo y el dinero parece haber sido la clave del asunto.

La vacuna más prometedora se quedó atascada en la etapa de pruebas de seguridad, por la sencilla razón de que no había dinero para una vacuna que no tenía mercado, es decir, que afectaba solo a países pobres que no podían pagarla.

La mayoría de las grandes farmacéuticas prefiere no invertir activos en el desarrollo de fármacos con bajo potencial de negocio. Eso dejaba el desarrollo de estas vacunas en manos de los gobiernos y en pequeñas empresas.






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