El Grupo Socialista ha enviado una carta de protesta al presidente del Congreso, Jesús Posada, porque una de sus invitadas a la última sesión plenaria acabó desnudada en un cacheo policial antes de entrar en el hemiciclo.
Mar Esquembre, profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante, desveló el incidente este domingo en un artículo del diario Información.
Según explica, acudió la pasada al Congreso para asistir a la última sesión de control, con una de las invitaciones del Grupo Socialista, y antes de poder entrar en el hemiciclo fue sometida a un severo cacheo por parte de dos funcionarias de policía que le pidieron que se despojara de su blusa y sus pantalones, quedándose en ropa interior. Cuando accedió a la tribuna, una de las dos policías que la cachearon permaneció sentada a su lado media hora.
Dos policías le pidieron que se despojara de blusa y pantalones, quedándose en ropa interiorLos diputados socialistas Carmen Montón y Gabriel Echávarri han enviado una carta a Posada quejándose del trato “impropio” recibido por la profesora alicantina y pidiendo explicaciones por este “exceso de celo” policial, según han anunciado en la red social Twitter.
Y es que el incidente de Esquembre se produjo justo una semana después de que tres activistas de FEMEN interrumpieran la sesión plenaria protestando a pecho descubierto contra la anunciada reforma de la Ley de Aborto.
A raíz de aquel episodio, la Mesa del Congreso acordó pedir a la Policía de la Cámara que investigara previamente los nombres de los invitados y que extremara precauciones en caso de antecedentes por protestas.
Europa press
Desnuda en el Congreso
Me metieron en un cuartito adjunto y esa policía, acompañada de otra, me pidió que me desnudase. Sí, como lo leen. Decidí colaborar, a pesar de la gravedad del asunto, pues un cacheo allí se hace con la finalidad de comprobar que no portas armas u objetos peligrosos, pero no requiere despojarse de la ropa... (Mar Esquembre)
Lo que les voy a contar hoy no es una historia basada en hechos reales sino la historia de la realidad que viví, o más bien sufrí, hace unos días. Por motivos profesionales tenía que desplazarme a Madrid y quería aprovechar para comer con una amiga y un amigo que trabajan en el grupo parlamentario socialista del Congreso de los Diputados y a quienes hacía tiempo que no veía.
A fin de entretener la espera hasta que se liberaran de sus ocupaciones, les solicité unos días antes que me cursaran una invitación para asistir a la sesión plenaria de la Cámara que tenía lugar el miércoles. He estado muchas veces allí pero nunca en las tribunas del Hemiciclo, así que pensé que era la ocasión idónea para hacerlo, aunque los temas de la sesión no me interesaban demasiado. Y aquí empieza la historia.
Mi amiga me acompañó al acceso y el ujier comprobó el listado de invitados, detectando que el segundo apellido de mi DNI no coincidía con el del listado. Aunque ambas explicamos el motivo de la confusión, la policía nacional allí destinada, que mientras tanto se había puesto unos guantes de látex, me comunicó que si quería acceder a las tribunas habría de someterme a un "cacheo integral".
Me metieron en un cuartito adjunto y esa policía, acompañada de otra, me pidió que me desnudase. Sí, como lo leen. Decidí colaborar, a pesar de la gravedad del asunto, pues un cacheo allí se hace con la finalidad de comprobar que no portas armas u objetos peligrosos, pero no requiere despojarse de la ropa.
Sólo ataviada con el sujetador de cintura para arriba, me pidieron que me sacase los pantalones. Les advertí que llevaba el tanga más feo del mundo, pero ni por esas. Me bajé los pantalones hasta los tobillos y, aunque no lo exterioricé, me sentí profundamente humillada.
Esta sensación no hizo más que agravarse cuando una de las dos policías me acompañó a la tribuna y tomó asiento a mi lado durante la media hora que permanecí allí. Hacía una semana exactamente que desde ese mismo lugar las activistas de Femen habían reivindicado el derecho al aborto con sus torsos pintados.
No puedo evitar sospechar que fui investigada previamente. Las mujeres que defendemos pacíficamente nuestros derechos somos, por lo visto, peligrosas. Y creo por ello fui tratada como una delincuente aun sin haber cometido delito alguno.
Al día siguiente Ana Botella y Rita Barberá ocuparon esa misma tribuna, pero no creo que pisoteasen sus derechos fundamentales a la integridad moral y a la intimidad como lo hicieron con los míos. Que yo sepa, la Constitución sigue vigente, así que voy a denunciar al responsable: el Presidente del Congreso.
Artículo de Mar Esquembre, Profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante




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