Ane Martínez Recio: "Los casos más graves son las suplantaciones de identidad y el ciberacoso"
La pandemia aboca a jóvenes y mayores a las
pantallas y los ciberdelincuentes se frotan las manos. Esta experta
ofrece en un curso algunas claves para ponérselo lo más difícil posible
Es un buen caldo de cultivo...
—Obviamente,
esta mayor permanencia y vida digital conlleva una mayor exposición y
los ciberdelincuentes saben explotarlo. Somos seres sociales,
necesitamos sentirnos parte de un grupo y la ingeniería social puede
llegar a hacernos sentir y a darnos en cada momento eso que precisamente necesitamos sentir y escuchar.
¿Cuáles son los principales ataques que se dan en el entorno digital?
—Podemos distinguir grosso modo
dos tipos de ataques: los que afectan a la seguridad de los
dispositivos y los que afectan a la privacidad e integridad de las
personas. Los primeros suelen tener su origen en una posible
vulnerabilidad o debilidad del código de los programas instalados en los
dispositivos, bien porque no los tenemos actualizados o bien protegidos
y, a través de la entrada de otros programas (malware) se infectan y pueden incluso quedar secuestrados o inutilizados. Ejemplos son los virus, troyanos, gusanos, adware, spyware y el famoso ransomware o secuestro de nuestros dispositivos mediante el cifrado de datos a cambio de un rescate económico.
¿Cómo podemos detectarlo?
—Suelen funcionar en combinación con un correo electrónico malicioso y phising.
Es decir, recibo, por ejemplo, un correo electrónico, aparentemente de
Correos, con un enlace para hacer el seguimiento de un supuesto paquete
que me redirecciona a una web, desde donde se descarga un archivo a mi
ordenador que cifra todo el contenido de mi pc, dejando un documento en
el escritorio o una ventana emergente avisando del secuestro y dando las
instrucciones para recuperar los archivos.
¿Qué se debe hace en estos casos?
—Lo
mejor que puedo hacer para evitar este tipo de ataques es mantener
actualizados mis dispositivos y programas y desconfiar de todo tipo de
mensajes muy directos que conlleven una acción directa, incluso de
destinatarios conocidos, que yo no estoy esperando. Más, si cabe, si no
soy cliente de esos proveedores.
¿Qué me dice de los ataques que afectan a la privacidad e integridad?
—El
segundo tipo de ataque más común es el basado en la ingeniería social y
tiene como objeto nuestra privacidad, nuestros datos personales o
nuestra integridad física o moral. Aquí se encuadran la mayor parte de
los ciberataques que sufren las personas jóvenes y adolescentes; unas
veces por desconocimiento y otras por imprudencia o necesidad de
aceptación del grupo social. Estafas, fake news, ciberacoso, sexting, grooming, suplantación de identidad, los retos virales, las comunidades de hábitos poco saludables o extremistas...
¿Cuáles son los casos más graves?
—Los
casos más graves y más dolorosos de superar para las personas más
jóvenes son las suplantaciones de identidad y los episodios de
ciberacoso tras envío y reenvíos de fotos comprometidas. Casos de sexting y grooming
famosos conocemos todos. Personas del ámbito político estatal tuvieron
que dimitir por la difusión de fotos y vídeos comprometidos.
¿Cómo detectar que nuestros hijos e hijas están siendo víctimas?
—Este
tipo de ataque es más difícil de detectar por los adultos que rodeamos a
las personas jóvenes, salvo que ellos mismos o sus amigos o amigas nos
lo trasladen. Tenemos que estar atentos y atentas a sus cambios de
comportamientos, de hábitos, ver si pasa más tiempo pendiente de las
pantallas o, por el contrario, las evita, ya que pueden darse ambos
patrones.
Y una vez enterados, ¿cuál es la manera correcta de actuar?
—Es fundamental no juzgarle ni caer en el ya te dije yo que no te iba a traer nada bueno.
Si es víctima de ciberacoso, necesita nuestra comprensión y apoyo y que
le acompañemos en esos momentos de desconcierto. Hay que poner orden en
todo eso: primero, no caer en la provocación; segundo, bloquear, y si
las amenazas son graves, tomar pruebas y denunciar. Posteriormente,
reflexionar sobre la privacidad de sus cuentas y la configuración de sus
dispositivos y apps. Si el tema es de adicciones o problemas de salud
física o mental, ponerlo cuanto antes en conocimiento de profesionales
sanitarios. Y, si en el acoso a las personas menores hay involucrados
adultos, denunciarlo ante las fuerzas de seguridad para que tomen las
medidas necesarias contra ellos.
Hace
décadas el mayor temor que se tenía era que un virus te estropeara el
ordenador. ¿A qué tienen miedo los jóvenes de hoy en día?
—El
mayor miedo de jóvenes y adolescentes hoy en día, paradójicamente, es
la pérdida de privacidad. Inicialmente lo viven ante sus familiares.
Reivindican su derecho a la privacidad, también en la red, para estar
con sus iguales. A ninguno le gusta tener a su aita, ama, izeko o amama
en su Instagram o Tik-tok. ¡Por eso migraron de Facebook! Pero también
reivindican esa privacidad frente al resto del mundo. Y digo
paradójicamente porque existe la creencia de que por ser nativos
digitales iban a tener estas cuestiones interiorizadas y nos
encontramos, en muchos casos, ante huérfanos digitales carentes de
referentes. También tienen miedo al ciberacoso a través de las redes, la
suplantación de identidad y las estafas.
Pese
a las advertencias de los progenitores, ¿siguen los adolescentes
contactando con desconocidos y creyendo que lo que les dicen se
corresponde con la realidad o están más concienciados que hace años?
—La
realidad es que, a pesar de las denuncias de ciberacoso que se dan y
que durante el último año han aumentado, las personas más jóvenes sí
están concienciadas. Hay una gran cantidad de jóvenes que hacen un muy
buen uso de Internet y de las redes sociales y, además, son muy
cuidadosos de su privacidad, si bien también hay otro sector importante
para el que las redes se han convertido en los antiguos parques donde
quedar y pasar las horas muertas. Yo aquí soy muy crítica. Nacen en
mundos digitalizados y se les pone un dispositivo desde sus primeros
meses en las manos, pero no se les educa ni forma en los valores que
deben respetarse en ese mundo digital.
¿Hay diferencias por sexo o edad?
—Estudios
muestran diferencias entre edades y sexos, siendo los jóvenes de 15 a
17 años los menos prudentes y las chicas las que mostraban un mayor
número de perfiles configurados en privacidad. Esto podría ser el punto
de partida para otro análisis.
Y a los padres ¿qué les preocupa?
—Sus
padres temen la cantidad de horas que sus hijos e hijas pasan ante las
pantallas, las redes, aplicaciones o juegos que ellas y ellos no
controlan y los posibles casos de ciberacoso.
Casi nadie lee la letra pequeña de las redes, apps... De esos textos infinitos, ¿en qué nos debemos fijar?
—Hay que fijarse en los textos de las políticas de privacidad y cookies,
qué datos se recopilan, si se ceden a terceros y con qué finalidad. En
el caso de las apps es importante leer los permisos que concedemos y
aplicar la lógica: ¿Es necesario que una aplicación de linterna me pida
permiso para acceder a mis contactos? No los concedamos todos por
sistema. Los permisos de acceso a nuestros datos deben estar
justificados o ser puntuales; los concedemos cuando lo necesitamos y los
denegamos cuando no. No tenemos por qué tener abierta la puerta de
nuestra casa todo el día.
En
ocasiones estamos 'vendidos'. O dejamos que accedan a nuestros datos y
contenidos o no podemos usar ciertas herramientas digitales.
—En
Internet hay una máxima: Cuando no tienes que pagar por un producto, el
producto eres tú. Por lo tanto, cuando usamos una app o servicio
gratuito hemos de intuir que algún canon hemos de pagar. Normalmente nos
piden acceso a algo nuestro, un registro mínimo, unos permisos para
almacenar archivos, para acceder a sonidos, a nuestros contactos si hay
que compartir algo, a la cámara si hay que fotografiar...
¿Tienen derecho a exigírnoslo?
—Estamos
aceptando que esos servicios o aplicaciones tengan acceso a nuestros
datos, luego derecho tienen porque explícitamente se lo hemos dado. La
pregunta es si esos datos, que cedemos a cambio de usar sus servicios,
son custodiados y tratados según marca el Reglamento General de
Protección de Datos. ¿Quien legisla se encarga de que se cumpla lo
legislado? Cuando vemos nuestros datos expuestos o consideramos abusivo
algo, lo que nos queda es denunciarlo ante las autoridades competentes.
Ya ni siquiera tener varias direcciones de correo funciona para pasar inadvertido y escapar del 'spam'.
—Como mínimo se debe tener una dirección para trastear, a la que te va a llegar todo el spam
y la publicidad del mundo y que puede ir asociada a unos datos que
pueden no ser los tuyos, y otra que utilizarás para temas personales y
familiares. Ahora bien, con la digitalización de todos los sectores
–educación, banca, administración, seguros...– acabamos dando la
personal en todos esos ámbitos para que nos lleguen los correos
importantes y, como solemos cambiar de compañías, nuestras direcciones
personales se convierten también en receptoras de spam y correos comerciales.
Muchos
menores abren perfiles en las redes con seudónimos, pero luego tecleas
su nombre y aparece en Internet. ¿Cómo cometen el error de facilitar sus
datos sin saberlo?
—En
la red todo está interconectado. Puede ser que se dé de alta en una red
social con un alias, pero asociado a una cuenta de correo y, a lo largo
del tiempo, esa cuenta la llegue a utilizar junto a sus datos reales. O
quizás algún amigo lo etiqueta ligando su alias a su nombre real. O en
un juego utiliza ese seudónimo asociado a su nombre o hace un comentario
en un blog. También influye tener activada la opción de autocompletado
de datos para las compras on line o los registros en determinados servicios. Es cómoda, pero es un riesgo.
¿Qué se puede hacer para evitarlo?
—Es importante trabajar con ellos y ellas el poner cabeza
en cada formulario que rellenan: ¿Todos los datos que nos piden son
necesarios para acceder a ese servicio? ¿He leído la política de
privacidad? ¿Sé quién está detrás del manejo de esos datos? De manera
paralela, las personas adultas tenemos que ir construyendo y reforzando
el marco ético desde el que transmitir los valores a mantener también en
el mundo virtual.
¿A qué se refiere exactamente?
—La
ingeniería social, además de por los ciberdelincuentes, es utilizada
por las empresas de publicidad para conseguir la aceptación de sus
condiciones de servicios por parte de los clientes, pareciendo que
declinamos cuando realmente las aceptamos. Es importante que el marco
ético esté claro y se aplique también a las empresas proveedoras y a los
profesionales. Esto igual no hace mucha gracia, pero es así, debemos
abogar por un código deontológico ya, no por un todo vale con tal de
conseguir un clic, un me gusta o una venta.
"Prudencia ante quien te acaba de solicitar amistad". "Nuestros
jóvenes contactan más con personas desconocidas porque vivimos en un
mundo cada vez más globalizado, en donde las barreras físicas han caído y
nos relacionamos con personas que están en el otro lado del planeta, lo
cual en sí mismo no es ni bueno ni malo. Debemos saber actuar con
precaución y, del mismo modo que no daríamos todos nuestros datos a
alguien que acaba de sonreírnos en un autobús, tampoco se los voy a dar a
alguien que acaba de solicitarme amistad o acaba de seguirme en una red
social. Simplemente, principios de prudencia y realidad".
"Si un 'hater' amenaza, pantallazo y a denunciar". "Un hater
es alguien que, con sus comportamientos negativos y críticas, busca
abatir y hacer daño a otras personas. Por tanto, inicialmente se debe
intentar ignorar sus comentarios o bloquearlos. Solo en el caso de que
nos sintamos con fuerzas y argumentos suficientes, podemos intentar
responderles, pero esto lo suelo recomendar más para edades más adultas y
relacionado con el hacktivismo. Eso sí, si entran en insultos,
descalificaciones, amenazas o ataques personales, es preferible tomar
pantallazos o pruebas de ello y proceder a denunciar tanto ante las
propias redes sociales o aplicaciones en las que se han publicado como
ante las autoridades competentes".
"Es importante hacer el 'egosurfing' con ellos". "Es importante hacer con los menores desde bien pequeños el egosurfing,
mostrarles qué y cuánto sabe la red de ellas y ellos. Insistirles en
que esa huella digital que hoy vemos algún día la verán sus futuros
hijos e hijas y, por el camino, sus amigos y amigas, sus futuros jefes y
jefas, sus compañeros y compañeras as de trabajo, etc. Es decir,
conformará su reputación digital".
Del alias a dar el nombre y apellido por 'impaciencia'. "Las
personas más jóvenes, incluso adolescentes, cuando quieren algo, lo
quieren ya. Es decir, si están descargando una aplicación y quieren
instalarla, y les piden que se registren con su correo, lo van a dar y
si, acto seguido, les piden un nombre y un apellido, se lo van a acabar
dando también, aunque inicialmente hubieran introducido un alias".
"Es fundamental no juzgarle ni caer en el 'ya te dije yo...'; si es víctima de ciberacoso, necesita nuestro apoyo"
"Debemos estar atentos a sus cambios, a si pasa más tiempo pendiente de las pantallas o, por el contrario, las evita"
"El mayor miedo de jóvenes y adolescentes hoy en día, paradójicamente, es la pérdida de privacidad"
"Hay que aplicar la lógica: ¿Es necesario que una app de linterna me pida permiso para acceder a mis contactos?"
"En Internet hay una máxima: Cuando no tienes que pagar por un producto, el producto eres tú"
"Tenemos que abogar por un código deontológico; no todo vale con tal de lograr un clic, un 'me gusta' o una venta"
arantza rodríguez