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Las nueces son de los frutos secos más conocidos y consumidos en nuestro país. Además de su interesante sabor también son alimentos muy saludables que ejercen una influencia positiva en el sistema cardiovascular, ayudan a adelgazar e incluso levantan en ánimo. Si necesitas más argumentos para incluirlas en tu dieta hoy te vamos a explicar sus principales propiedades y te facilitaremos algunas recetas deliciosas con este fantástico ingrediente.

Si te has propuesto perder peso y quieres modificar tu dieta ya puedes olvidarte de consumir únicamente alimentos verdes y aburridas ensaladas. Hay algunos ingredientes ideales para esta misión y muy ricos, como es el caso de las nueces. Es un alimento alto en calorías, pero su consumo moderado resulta beneficioso para apoyar la pérdida de peso.
Esto no es porque estos frutos secos quemen grasas de por sí, se debe a que favorecen el control del apetito para limitar la ingesta diaria de calorías. La mejor forma de comerlas es al natural, sustituyendo por ejemplo otros picoteos entre horas menos beneficiosos para la salud o repletos de grasas menos favorables para el organismo. Ejercerán rápidamente su poder saciante.

Las nueces no solo tiene efectos positivos en el cuerpo o la prevención de las enfermedades físicas, también son estupendas para el carácter y los niveles de satisfacción personal ya que mejoran el estado de ánimo.
En los momentos de estrés o de cansancio excesivo procura echar mano de ellas en lugar de tirar de dulces o alimentos procesados, como contienen vitaminas, minerales y antioxidantes parecen ayudar a mejorar el ánimo. Si además las consumes de forma regular conseguirás bajar los niveles de estrés.

¿Quieres incluir las nueces en tu rutina alimentaria y no sabes cómo hacerlo? Para ello vamos a facilitarte un par de recetas caseras muy ricas. La primera de ellas es el pan de nueces, una alternativa muy saludable que resulta fácil de hacer y muy rico, ya que es una delicia tomar pan artesano recién hecho en casa.
Para esta receta vas a necesitar 360 g de masa madre, 360 g de harina panificable, 90 g de harina de centeno integral, 8 g de levadura de panadero, 300 ml de agua, 10 g de sal y 100 g de nueces peladas.

Primero se pone la levadura con un poco de agua tibia, es importante que no esté muy caliente para que no afecte a las propiedades de este ingrediente. Se añade la levadura a la masa madre y a las harinas. Se pone el agua necesaria para aportar suavidad. Se amasa hasta conseguir una masa de pan homogénea y se incorporan las nueces y la sal.
Se da la forma a esta masa, un círculo que se deja que repose hasta que doble su volumen. Cuando la masa haya reposado con las manos se forman los panecillos. Se precalienta el horno a 250º mientras los panecillos reposan un poco más. Después, se hornea este pan unos 20 minutos hasta que esté listo.

Esta otra receta con las nueces como protagonistas funciona con todo tipo de carnes rojas y acompañada con algo de queso. Es ideal como acompañamiento, como guarnición o para incluir en tus platos favoritos.
Para elaborarla vas a necesitar 3 cebollas, 50 g de aceite de oliva, 50 g de vino dulce, 100 g de sirope de arce, 125 g de nueces y sal. Como habrás comprobado, todos los ingredientes son muy sencillos de conseguir.
El jurel es un tipo de pescado azul.
Lo que comemos está estrechamente relacionado con nuestro sistema inmunitario.
Pero lo que está claro es que si seguimos una alimentación adecuada, nuestro sistema inmunológico estará más fortalecido, algo muy importante en esta pandemia de Covid-19.
"Sí se sabe desde hace tiempo que el déficit o los desequilibrios en la alimentación incrementan el riesgo de padecer infecciones,
aunque esto siempre asociado a la malnutrición", advierten Antonio
Escribano Zafra, doctor en Medicina y especialista en Endocrinología y
Nutrición, y Antonio Escribano Ocón, doctor en Medicina y especialista
en Medicina Interna.
Ambos son coautores de Potencia tus defensas (Espasa), un manual escrito entre padre e hijo en pleno confinamiento, y con el que pretenden aportarnos todas las pistas para reforzar nuestro sistema inmunitario.
Según indican, hoy sabemos que hay moléculas contenidas en los alimentos y en los nutrientes que ejercen un papel "muy importante" en el sistema defensivo del organismo, se conocen como inmunocompetentes, ya que intervienen en los mecanismos del sistema inmunológico en general, pero también de forma precisa en aspectos determinados.
Por esta cualidad, según afirman ambos autores, podemos atribuirles a los nutrientes que las contienen la propiedad de ser inmunonutrientes: "Si desarrollamos una nutrición en la que se contemple la presencia de estos alimentos estaríamos hablando de una parte de la alimentación, en general, y de la nutrición, en particular, que podemos llamar inmunonutrición. Con ella mejoraremos nuestro sistema inmune, a través de la inclusión en nuestra alimentación de ciertos alimentos con estas propiedades".
En concreto, señalan que con los niveles adecuados de azúcar en la sangre, la presencia de determinados lípidos, de proteínas, y en concreto, de los aminoácidos que las componen, de algunas vitaminas y minerales, de algunos otros alimentos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias y cuidando la flora intestinal entre otras cosas más, mantendremos de forma óptima y mejoraremos en todo lo que esté en nuestra mano el funcionamiento del sistema inmunitario.
Así, entre los grupos de nutrientes que tienen la capacidad de actuar sobre el sistema inmunológico se encontrarían:
Hidratos de carbono: Desde hace tiempo se sabe que los pacientes diabéticos son más susceptibles de padecer enfermedades infecciosas. El metabolismo de la glucosa y sus alteraciones tienen indudables repercusiones en el sistema inmunológico. La glucosa es el combustible principal de las células.
Lípidos o grasas: Además de sostener las vitaminas liposolubles, hay que recordar que todas las células tienen un componente lipídico fundamental para su integridad. Cuando el aporte de lípidos es muy escaso esta protección inicial, pero elemental en la primera respuesta inmunológica se deteriora.
Aquí recuerdan que los ácidos grasos esenciales son necesarios para ciertas funciones que el organismo no puede sintetizar, por lo que deben obtenerse de la dieta, especialmente los omega-3 y los omega-6 (pescados azules como salmón, caballa, sardinas y arenques; presentes en los frutos secos como nueces, germen de cereales o el aguacate).
Proteínas y aminoácidos: Componente básico de todas las células, pero además intervienen en la formación de anticuerpos, hormonas, enzimas, neurotransmisores, entre otras sustancias fundamentales para el desarrollo de la vida del organismo y el sistema inmunológico.
Se encuentran en: frutos secos, la carne, los huevos, el salmón, los lácteos (en especial queso, leche entera y yogur), la soja, el maíz, los garbanzos, las lentejas, las habas, los guisantes, las espinacas, la remolacha, el perejil y la col; en la carne de cerdo en el marisco, pescado azul; en verduras como cebollas, pimientos, ajos, champiñones y espinacas y fruta como el aguacate, kiwi, uvas, fresas o la sandía, plátano, cerezas y piña, la carne de pollo o pavo, por ejemplo.
Vitaminas: En el caso de las liposolubles tienen un papel fundamental en el sistema inmune y en la respuesta inmunitaria, claves en el desarrollo del tejido epitelial que cubre la piel y todas las cavidades de entrada en el organismo y tienen un papel destacado en la producción de células indispensables en las defensas, como son los leucocitos, y moléculas como los anticuerpos. "Si no tomas fruta y verdura no tendrás vitamina C.
Hay que comer unos 80-100 miligramos diarios, en kiwi, pimiento rojo, todas las frutas sobre todo las rojas y naranjas; la vitamina D hay que tomarla también y después tomar el sol, para que nuestro cuerpo la sintetice. La vitamina A en el hígado, en los huevos, en la leche entera, en el brócoli, en la zanahoria, en las espinacas, en la remolacha y en la calabaza", señala Escribano Zafra.
Sobre la vitamina D dice que es un problema en la actualidad su déficit puesto que la dieta y la luz solar son las fuentes desde donde se obtiene. Son fuente de vitamina D los pescados grasos, como la caballa, el atún, el salmón, las sardinas, la leche entera, el aceite de hígado de bacalao, los huevos, la mantequilla y algunas carnes.
En cuanto a las vitaminas del grupo B señalan que son en general importantes para el sistema inmune, pero especialmente la B6, la B9 (ácido fólico), y la B12, pues afectan a la respuesta de los linfocitos y a la producción de anticuerpos. Se encontrarían, según indican, en: sardinas, boquerones, salmón, ostras, nueces, lentejas, garbanzos, plátano, brócoli, cereales integrales, zanahoria, leche entera y quesos curados (vitamina B6); en la lechuga, levadura de cerveza, zanahorias, escarola, tomate, espinacas, perejil, brócoli y frutos secos (B9); y la B12, fundamental para formación de glóbulos rojos y para el sistema nervioso, está en carnes, huevos, lácteos, vísceras, pescado azul y los quesos.
Minerales y otras moléculas: "Minerales como el hierro, el selenio, el cobre o el zinc son muy importantes como inmunoreguladores. Si comes de todo y comes bien, equilibradamente, tienes todo esto, pero si piensas en comer solo un tipo de carne, o solo un tipo de verdura, no va a funcionar", advierte el experto.
Mientras que el hierro se encuentra en carnes rojas y en las vísceras como el hígado, también está en muchas semillas, legumbres, germen de trigo, cereales integrales y frutos secos, pero el organismo asimila mucho mejor el hierro de los productos de origen animal que de origen vegetal. Su absorción se favorece en gran medida con la presencia de vitamina C.
El zinc está presente en los pescados, en los huevos, cacahuetes, guisante, o en en el chocolate. A su vez, indican que el selenio está en casi todos los mariscos, pipas de girasol, las hortalizas, las nueces y las carnes rojas. En cuanto al cobre, apuntan al hígado, frutos secos, marisco, cangrejos, vísceras, semillas, cereales de salvado de trigo y el chocolate.
Con todo ello, los doctores Escribano insisten en que los 5-10 alimentos básicos para fortalecer nuestras defensas ahora que estamos en pandemia serían: Los pescados azules porque tienen un cantidad de nutrientes "magníficos"; los frutos secos como las nueces y las pasas; cualquier clase de fruta y de verdura, sobre todo las de coloridos con muchas vitaminas y la C en concreto para todo lo que son las defensas; el aceite de oliva con polifenoles y vitamina E como antiinflamatorio; y los probióticos que mantienen activa la microbiota, "que tiene una enorme relación con el sistema defensivo, forma parte del entrenamiento del organismo".
En este contexto, Escribano Zafra, también profesor de la Universidad de Navarra, recuerda que aparte de la alimentación, es clave a la hora de cuidar de nuestro sistema inmunológico el sobrepeso y la obesidad, "uno de los aspectos que más le afecta", tal y como se está viendo con la Covid-19.
También apuntan al sueño y a dormir el tiempo necesario, "de alguna manera cuando duermes poco tus defensas bajan, hay algo que hace que durante el sueño el sistema inmune se recomponga"; la actividad física aeróbica, mantenida y suave, "caminar una hora, correr bien, pero sin atacarse de kilómetros".
Tampoco favorecen nuestro sistema defensivo el tabaco, el alcohol, aunque en realidad ninguna droga. "Está comprobado que la gente que bebe tiene un sistema defensivo más bajo. El estrés, la ansiedad, y los estados depresivos y una actitud mental negativa no se sabe por qué ocurre pero también influyen negativamente.
La gente que es positiva, incluso en la cicatrización de heridas, en el parto, o en los problemas crónicos, se ha visto que la gente reacciona mejor y de alguna manera el sistema defensivo es subsidiario de la actitud mental", sentencia.
Ingredientes: 2 limas 2 dientes de ajo 1,5 litros de agua Cómo preparar: Pelar y picar los dientes de ajo. Corta las limas en rodajas. Agregue el ajo picado, la lima en rodajas y el agua en una cacerola. Hervir esta mezcla en 15 minutos. Luego deja enfriar y filtrar en una taza.
Modo de uso: Divida la mezcla en tres o más dosis para beber en un día. Lo ideal sería beber una taza antes o durante las tres comidas principales. Tomarlo durante tres días consecutivos, luego esperar una semana y empezar de nuevo.
¿Ha recurrido a la comida para sentirse mejor o en momentos en los que está estresado, enfadado o triste? ¿Come porque tiene hambre? ¿O solo porque siente ansiedad? ¿Suele hacerlo, no solo hasta saciarse, sino aún habiendo superado este límite?
Si es así, es posible que haya experimentado uno o varios episodios de lo que se conoce como 'comer emocional'. Este concepto se refiere al uso de los alimentos como forma de regular las emociones en lugar de como recurso para calmar el hambre.
La teoría de la alimentación emocional sostiene que las emociones negativas pueden hacer que se recurra a la comida para reducir la intensidad de dichos sentimientos o sensaciones.
Como se podrá imaginar, usar la comida como herramienta para contrarrestar las emociones desagradables repercute negativamente en la salud. Por ejemplo, está ligado al aumento de peso.
En relación a este, se ha observado que existe una fuerte correlación entre la obesidad, los síntomas depresivos y el comer emocional.
También se ha detectado relación con una estrategia conocida como distracción por evitación. Esta consiste en no afrontar el origen de la ansiedad o preocupación que causa los episodios de ingesta descontrolada. Por ejemplo, no enfrentar un conflicto con su jefe, un colega del trabajo o la familia, entre otras tantas razones posibles.
Existen diversos factores que pueden afectar directamente a la presencia de un 'comer emocional'. Por ejemplo, problemas de regulación emocional pueden estar asociados a la falta de empleo, y a su vez la falta de empleo y/o de recursos económicos pueden tener un gran impacto en la salud mental.
Se ha observado que existe una mayor probabilidad de que las personas con niveles socioeconómicos más bajos presenten más angustia. Esta, a su vez, se suele asociar con mayor recurrencia al comer emocional. Por consiguiente, también con un mayor índice de masa corporal.
Por otro lado, se sabe que la pandemia por Covid-19 ha tenido un impacto considerable en la situación económica global. Una de las consecuencias es una importante y generalizada pérdida de empleo, además de un gran impacto en la salud mental.
En los resultados de una reciente revisión sistemática y meta-análisis se ha observado que la crisis sanitaria actual se relaciona estrechamente con un incremento de sintomatología como estrés, ansiedad y depresión.
De hecho, incluso se ha puesto en relieve que la pandemia podría llegar a empeorar la ya ampliamente conocida y analizada pandemia por obesidad.
Por otro lado, también se ha sugerido que la pandemia por covid-19 y la cuarentena obligatoria a la que diversos países recurrieron como medida para disminuir su impacto han aumentado el riesgo de síntomas y, de manera inferencial, de este trastorno de la alimentación.
Los patrones de alimentación poco saludables durante esta crisis sanitaria son más altos en las poblaciones que ya estaban en riesgo. Es el caso, por ejemplo, de las personas que ya padecían obesidad.
Gracias a la ciencia, contamos con los resultados de décadas de investigación sobre este trastorno de la alimentación desde el punto de vista de distintas disciplinas.
Es importante mencionar que las emociones negativas, como el estrés, la ansiedad, la depresión o el aburrimiento son algunos de los principales activadores del comer emocional.
Por eso una de las medidas más efectivas para poder contrarrestar esta tendencia es reflexionar y ser conscientes de las emociones que se están experimentando en un momento determinado, para poder actuar en consecuencia.
Reconocer los detonantes de estos sentimientos es fundamental. Es decir, localizar cuáles son las situaciones específicas que pueden estar desencadenando este malestar y, por consiguiente, un episodio de estas características.
De hecho, existen revisiones sistemáticas que apuntan a que la meditación de atención plena podría reducir de forma efectiva la posibilidad de sufrir atracones y, en general, la ingesta emocional.
Dentro de la meditación de atención plena también podemos encontrar el mindful eating o alimentación consciente, el cuál incluye hacer elecciones deliberadas de alimentos, cultivar la conciencia de las señales interoceptivas relacionadas con la ingesta de alimentos, prestar atención a las señales físicas frente a las psicológicas, entre otros beneficios.
Otra de las conclusiones a las que apuntan las evidencias científicas actuales, como los resultados de este estudio, es que el entrenamiento de relajación podría ser eficaz para reducir los episodios de comer emocional, así como los síntomas depresivos y de ansiedad. También para mejorar la eficacia individual en el control de lo que comemos y la causa por la que lo hacemos.
Gran cantidad de personas en todo el mundo padece trastornos alimentarios. Para tratarlos, es importante detectarlos a tiempo y ser conscientes de que existen diversos especialistas a los que recurrir y que pueden servir de apoyo. En caso de sospecha, la principal recomendación es acudir a un profesional que valore la situación.
* Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
** Alejandro Domínguez Rodríguez es external professor de la Universidad Internacional de Valencia.
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"Si quieres obtener más vitamina C, entonces come los tomates crudos, y si buscas más nutrientes, ¡cocínalos!", resume el medio.