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lunes, 30 de mayo de 2022

El actor Luis Lorenzo y su mujer abandonaron a su tía en un restaurante durante 9 horas

  

El actor Luis Lorenzo y su mujer abandonaron a su tía en un restaurante durante 9 horas Luis Lorenzo y su esposa abandonaron supuestamente a la tía de esta en un restaurante durante más de 9 horas mientras estaban en un parque temático.

Luis Lorenzo y su esposa se han convertido en los protagonistas del fin de semana. Se les investiga por presuntamente haber asesinado con envenenamiento a la tía de esta de 85 años, una complicadísima situación por la que se encuentran «desesperanzados, desanimados y con ansiedad», según su abogado.  

Aunque ambos lo niegan, comienzan a salir versiones que revelan cómo era la verdadera relación entre el matrimonio y la mujer fallecida, a quien, al parecer, habrían abandonado durante varias horas en un restaurante de Madrid.  

Por ello, se les acusa también de desatención y maltrato psicológico y es que se ha detallado este desplante, el cual tuvo lugar en el mes de abril de 2021, cuando durante más de 9 horas María Isabel estuvo desorientada en un local de Madrid sin atención de ningún familiar que acudiera en su ayuda.  

Todo sucedió en un centro comercial de Rivas Vaciamadrid, donde ellos residen. 

La dejaron supuestamente en un local de comida rápida desde las 12 de la mañana hasta las 9 de la noche, según ABC, y esto no pasó desapercibido ni para trabajadores ni para otros comensales, que se acercaron a preguntarla cómo se encontraba.

 «La habían dejado ahí porque la familia a cargo estaba en un cumpleaños en la Warner«, dice una de las testigos de este suceso. 

Fue horas después cuando se personaron, en concreto, cuando Arantxa Palomino, pareja de Luis Lorenzo, acudió a este restaurante, instante en el que incluso se atrevió a insultar a los presentes por recriminarle que hubiera dejado a su tía y se marchó junto a ella.

 La misma vecina y testigo de los hechos ahora lamenta su muerte: «La historia ha acabado mal, un año después se descubre que, presuntamente, la asesinaron«. 

 De momento, el actor Luis Lorenzo y su pareja han sido puestos en libertad provisional tras declarar ante la jueza de Primera Instancia e Instrucción número 9 de Arganda del Rey. Han impuesto medidas cautelares contra ellos y deberán comparecer todas las semanas en el juzgado, además de habérseles retirado el pasaporte. 

El futuro legal de ambos apunta difícil, ya que la Guardia Civil también ha constatado que la anciana fallecida «presentaba estado de suciedad, de abandono, de deterioro», lo que deja ver que sus últimos meses sufrió situaciones de abandono y no estaba en absoluto en las mejores condiciones. 

  Si bien hay muchas preguntas en el aire acerca de la causa de la muerte de la anciana, lo que sí se sabe es que se encontraron alta cantidad de metales en su interior, lo que podría deberse a envenenamiento. 

Ahora su abogado trata de defender al matrimonio e incluso relaciona este hecho con su alimentación.

 «¿Por qué existen dos autopsias contradictorias? ¿Hasta qué nivel los metales pesados originan la muerte? En ningún momento se habla de un informe de un envenenamiento. 

En todo este tiempo, ¿pudo haber una contaminación de las pruebas? Especialistas a los que he consultado me dicen que comer un pescado puede dar niveles de mercurio en función del tipo de pescado y dónde se ha pescado.

 Puede haber muchas variables», ha dicho el letrado.  








jueves, 24 de septiembre de 2020

“Ellos son Lavapiés y Lavapiés está con ellos”

 

“Ellos son Lavapiés y Lavapiés está con ellos”
Cartel de apoyo a ‘Paco el del FM’ en el barrio madrileño de Lavapiés
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“Ellos son Lavapiés y Lavapiés está con ellos”

 

Vecinos del céntrico barrio madrileño vuelven a evitar el desahucio de ‘Paco el del FM’ y la PAH denuncia que la capital es “el paradigma de la especulación inmobiliaria, donde se permite desahuciar en plena pandemia a la par que te impiden salir de tu casa”

 

Una ingente cantidad de vecinos de Lavapiés y de otros barrios de Madrid han paralizado en la mañana de este miércoles el desahucio de ‘Paco el del FM’, y Jackie, su amiga y cuidadora, migrante y más invisibilizada que el propio Paco durante todo este procedimiento de lanzamiento judicial.

 

El ‘stopdesahucios’ convocado por la Asamblea de Bloques en Lucha –integrada por el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid, Lavapiés, ¿dónde vas? y PAH Centro Madrid– ha sido un éxito y la comitiva judicial ha tenido que irse por donde ha venido.

 

 Desahucio paralizado sin fecha, hasta nueva orden del juzgado. Mientras tanto, la Asamblea de Bloques en Lucha sigue reclamando al Gobierno de coalición “la implementación de un decreto-ley de ‘stopdesahucios’ que garantice que se paralizan todos los desahucios sin alternativa habitacional adecuada, porque el existente, que afecta sólo a determinados casos de desahucios de alquiler, finaliza el 30 septiembre y, teniendo en cuenta que estamos en la segunda ola de la pandemia, es necesaria la ampliación de ese decreto-ley de ‘stopdesahucios’, tanto en la casuística como en la duración”, ha manifestado a LUH la abogada y portavoz de la PAH Alejandra Jacinto.

 

Paco –que ahora tiene 85 años, una pensión de 392 euros al mes y un cáncer terminal–levantó el histórico Bar FM en el castizo Lavapiés a finales de los setenta. Lo hizo en el bajo del número 35 de la calle Olmo, y justo encima instaló su vivienda. Desde entonces y hasta hace muy pocos años, ha servido –siempre con su sonrisa dibujada en el rostro– miles de consumiciones a varias generaciones de jóvenes, hasta el punto de convertirse en toda una institución en el barrio. 

 

Ahora –más de cuarenta años después–, la empresa Spring Valley, vinculada a la familia del general Franco, pretende desahuciarlo en plena pandemia de COVID-19.

 

El caso ‘Olmo 35’ es “un caso más de especulación inmobiliaria, de especulación en el centro de las ciudades y en este caso en el centro de Madrid”, ha explicado a LUH Alejandra Jacinto, que ha denunciado que “los núcleos urbanos se han convertido en lugares decisivamente atractivos para la especulación en el sector turístico”. 

 

Y el desahucio previsto para este miércoles, y finalmente paralizado, es “un nuevo atropello de derechos humanos, realizado además en plena pandemia y en pleno aumento de los contagios de COVID-19 en distritos como el Distrito Centro, que de momento no ha sido confinado y objeto de segregación, como otros barrios obreros de Madrid, precisamente por su atractivo turístico y comercial”, ha añadido.

 

La portavoz de la PAH ha insistido en que “parece una contradicción” que “se estén incrementando las medidas para, supuestamente, evitar los contagios, recomendándonos que nos quedemos en nuestras casas e incluso prohibiendo salir de casa a los vecinos de determinados barrios, excepto para ir a producir”, y sin embargo “sí se pueda desahuciar a una persona, a un anciano de 85 años, en plena pandemia, poniendo en riesgo la salud pública de absolutamente todo el mundo”.

 

 “Esta es la situación que tenemos en Madrid, una capital que es el paradigma de la especulación inmobiliaria, donde se permite desahuciar en plena pandemia a la par que te impiden salir de tu casa”, ha destacado Jacinto, que ha denunciado que a la Asamblea de Bloques en Lucha le “consta” que el juzgado “ha interpelado a las diferentes administraciones, y en particular al Ayuntamiento de Madrid, para que propusiera algún tipo de alternativa habitacional adecuada” para Paco, pero por parte del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, eso “no se ha ofrecido”.

 

Paco –que sólo quiere seguir pagando el alquiler de la que ha sido su casa durante las últimas cuatro décadas y pasar en ella sus últimos días– y Jackie llevan tres años de sufrimiento, desde que el fondo buitre MK Premium compró el número 35 de la calle Olmo a un precio muy por debajo del de mercado y después se lo vendió a la empresa Spring Valley, propiedad de Lian Lay Fournier, casada con Francisco Franco, hijo de Francis Franco, nieto de Carmen Franco y bisnieto del general Franco.

 

 Spring Valley y la familia Franco llevan intentando echarlos de casa desde entonces, pero los vecinos lo han impedido varias veces.

 

 La última, este mismo miércoles, cuando han vuelto a rodear el número 35 de la calle Olmo para “cercar la especulación y a la familia Franco” y defender a Jackie, la cuidadora, y al hoy octogenario que a finales de los setenta llegó al céntrico Lavapiés para levantar el legendario Bar FM.

 

 Porque “ellos son barrio y el barrio se defiende”. Porque “ellos son Lavapiés y Lavapiés está con ellos”.

 

 Vecinos del céntrico barrio madrileño vuelven a evitar el desahucio de ‘Paco el del FM’ y la PAH 

 

 


 

domingo, 20 de septiembre de 2020

Mayores a su hijos en Vitoria: «No te vayas, no me dejes sola» (CARTA)

 

 

«El jueves estuve en la visita. Todavía no me he recuperado, cada vez lo llevo peor, porque la veo mas triste y cuando me voy la dejo diciéndome: No te vayas, no me dejes sóla, no te vayas…    y se que hasta dentro de otra semana no voy a poder verla».

 

Así arranca el preámbulo de una Carta al Director de la hija de un usuaria de una residencia vitoriana recibida en nuestra redacción. Escrita tras ver la manifestación de hoy en Bilbao, donde a las 12 horas, ha habido protestas del movimiento de pensionistas de Bizkaia por la situación de las residencias durante la pandemia de covid-19, con salida desde la plaza Moyua.

 

CARTA CIUDADANA:

 

«He estado viendo la manifestación en Bilbao de los familiares de usuarios de residencias y sus comentarios y me he emocionado y llorado con ellos.

 

En mi caso también, con mi ama en la Residencia Sanitas de Vitoria, me pregunto al igual que la hija de una usuaria, que ha salido

 

¿De verdad creen que les importe morir de Coronavirus? ¿De verdad creen que a mi ama de 100 años y 9 meses le da miedo ese virus?

 

Les da miedo, les angustia, les deprime no ver a su familia.

 

Mi ama lo que no entiende es porque no estamos allí con ella todos los días, porqué no le sacamos a la calle, porqué sólo voy yo a verla.

 

Si, está demenciada pero conserva el apego y el amor a su familia.

 

Siempre me pregunta lo mismo:  ¿Cuando nos vamos a juntar todos? Le miento y le digo: pronto ama, muy pronto, y menos mal que no me ve como lloro, porque no lo puedo evitar.

 

Sanitas se ha empecinado en restringir las visitas a un día a la semana. Creo que es la única Residencia en Álava que sólo nos permite visitar a nuestro familiar un día, una hora, a la semana, pero no hay nada que hacer, Bienestar Social se lo permite, y yo ya no sé donde más pedir, suplicar, implorar que por favor, que tiene 100 años y 9 meses, que no tenemos tiempo de esperar a que esta pandemia dentro de un año acabe, que se nos acaba el tiempo.

 

En Sanitas en esta nueva etapa no ha habido casos de coronavirus, tuvieron muy mala suerte en marzo, para cuando se quisieron dar cuenta había un montón de contagios.

 

Pero ahora mismo, no hay ninguno, entre otras cosas, porque creo yo, que un gran número de los residentes, como mi ama, ya lo pasaron y tienen anticuerpos, que para otras “cosas” se valora mucho y en este caso, ni se nombra.

 

Es muy triste también, ver cómo en provincias como Navarra, están buscando soluciones, para que los mayores puedan salir a la calle, por los alrededores de las Residencias, acotando una hora por la mañana y otra por la tarde para que puedan salir a dar un paseo, solos o acompañados de un familiar.

 

Aquí ni se les ha ocurrido, con decir que son muy vulnerables y que hay que protegerlos  les parece suficiente, pero buscar soluciones para mejorar y normalizar su vida, eso no va con ellos.

 

Sólo pido yo y otro montón de familiares de usuarios de Residencias, que por favor oigan los informes de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, de Médicos sin Fronteras, y de un montón más de expertos geriatras y los tengan en cuenta y obren en consecuencia, los más fácil es decir, salidas NO, visitas NO.

 

¿CUANDO LES PIENSAN DEVOLVER LA DIGNIDAD Y LA LIBERTAD A NUESTROS MAYORES?

 

 

Firmado: Maita

 

 Norte Exprés

 

 


 

jueves, 27 de agosto de 2020

Despedidas dos trabajadoras de una residencia de Terrassa por vejar a una anciana



 Dos cuidadoras despedidas por maltrato a una anciana

Despedidas dos trabajadoras de una residencia de Terrassa por vejar a una anciana y grabarlo en vídeo


 La dirección de la residencia Mossèn Homs de Terrassa ha despedido este lunes a dos trabajadoras que habían vejado a una usuaria del centro y les ha abierto un expediente disciplinario.


 Las ya exempleadas grabaron el maltrato y el vídeo ha acabado difundido en las redes sociales.


 Además, los Departamentos de Salud y de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias de la Generalitat, titular del centro, han denunciado los hechos a los Mossos y han anunciado que se personarán a las actuaciones judiciales que se puedan poner en marcha a partir de ahora: "Actuaremos ante cualquier caso de trato vejatorio a una persona residente en un centro de atención a la gente mayor".


 La policía catalana han abierto una investigación por un presunto delito contra la integridad moral. 


En el vídeo, grabado por una de las dos trabajadoras, se ve como esta se ríe mientras su compañera trata con desprecio a una anciana que está tumbada en su cama.


 Le dice "gorda", "vieja cascarrabias" o "abre la puta boca ya", mientras trata de darle de comer. 


También le recrimina que no se tome una pastilla y le advierte: "Si no te la quieres tomar, no te la comes. Si te duelen los pies y la cabeza, te vas a joder".


 En un momento de la grabación, se ve cómo se dirige a la cámara y se excusa: "No soy así, pero es que me saca de quicio". 


"Las imágenes y el sonido son suficientemente expresivos de la situación que se produjo y de su incompatibilidad no sólo con el servicio público, sino también con el respeto a los derechos humanos más básicos", lamentó el alcalde de Terrassa, Jordi Ballart, en una carta enviada a los departamentos de Salud y de Asuntos Sociales y Familias, en los que denuncia un "comportamiento ofensivo" y una "actitud, tratamiento y lenguaje absolutamente intolerables". 





martes, 25 de agosto de 2020

El lugar donde más muertes hubo por coronavirus sigue estando desprotegido

Voluntarios del cuerpo local de bomberos ayudan a recolocar residentes en la residencia de Nuestra Señora...

  Voluntarios del cuerpo local de bomberos ayudan a recolocar residentes en la residencia de Nuestra Señora de las Mercedes de El Royo (Soria).


Las residencias de ancianos concentran dos tercios de los fallecimientos en España por Covid. Ahora afrontan la segunda ola sin percibir mucha mejora.



Desamparar: abandonar, dejar sin amparo ni favor a alguien o algo que lo pide o necesita, según el Diccionario de la Real Academia Española.


 Desamparo: situación en la que se dejó a los ancianos que vivían en residencias durante la pandemia de coronavirus, según un detallado informe elaborado por Médicos Sin Fronteras (MSF) tras visitar medio millar de estos centros en España.


Se calcula que el 69,1% de las personas fallecidas por COVID-19 en España vivían en residencias, y este porcentaje incluso podría ser superior, teniendo en cuenta que sólo entre el 6 de abril y el 20 de junio murieron 27.359 personas en residencias de mayores, de acuerdo con datos de Sanidad.


“Ya no es sólo una cuestión de edad, sino de dónde vivían”, constata Miriam Alía, coordinadora médica del equipo de Madrid para la emergencia Covid de MSF. 


Las deficiencias en el modelo español de residencias no son nuevas ratios de personal muy bajos y con sueldos precarios, asistencia médica insuficiente, falta de coordinación entre Sanidad y Servicios Sociales, prioridad del beneficio por encima del bienestar—, pero esta vez han hecho más daño.

Llamabas al hospital de referencia y te decían: ‘Lo siento, hoy solo podemos admitir a una persona de residencias, elijan ustedes’

“Un horror. Una sucesión de puertas cerradas, en ocasiones con llave, y personas golpeando y suplicando por salir”. Así describe la situación un jefe de bomberos que dirigió labores de desinfección con MSF en una residencia. “Yo tenía miedo de que Eugenia se dejase morir y empecé a sacarla cada día un rato 


Un día vinieron los de atención primaria justo cuando la teníamos fuera, y me dijeron que era una inconsciente y estaba poniendo en peligro a todo el mundo. No me quedó otro remedio que devolverla a la habitación; me hicieron sentir muy mal.


 Ella dejó de comer otra vez y a los pocos días se murió”, relata Carmen, directora de una pequeña residencia familiar. “Llamabas al hospital de referencia y te decían: ‘Lo siento, hoy solo podemos admitir a una persona de residencias, elijan ustedes’”, recuerda Luisa, una asistenta social.


Estos son sólo algunos de los testimonios que recoge Médicos Sin Fronteras en su informe. 


Miriam Alía, que ha participado en su elaboración, apenas tiene palabras para describir lo vivido. 


“La situación en las residencias ha sido dramática”, dice. “Para hacernos una idea, si en la residencia Reina Sofía de las Rozas se derivaba a 40 personas al hospital en un mes ‘normal’, en abril sólo se llevó al hospital a 16 personas. Este indicador te da una idea de cómo han estado”, señala.

“Las residencias no son establecimientos médicos”


“Las residencias no son establecimientos médicos, sino casas para personas mayores”, aclara Alía. “Algunos centros ofrecen servicios médicos que dependen de atención primaria, otros tienen servicios médicos propios, pero nunca especializados, y por supuesto sin capacidad de responder a una pandemia”, explica.


 “En una situación de colapso de los servicios sanitarios, se ha dejado de lado a una población tan vulnerable como la de personas mayores en residencias. Y esto ha tenido unos costes de mortalidad muy graves”, asegura.


Ha fallado el modelo, ha faltado coordinación, y todo apunta a que ahora, con la segunda oleada asomando su zarpa, el sistema sigue sin estar preparado. 


Este lunes, el vicepresidente del Gobierno y ministro de Derechos Sociales, Pablo Iglesias, se ha reunido con las comunidades autónomas para conocer la situación de las residencias, pero el 8% de los nuevos brotes registrados en España ya se dan en centros sociosanitarios —donde la mortalidad es mucho más alta que en cualquier otro entorno—, y cada residencia tiene la misión de redactar un plan de contingencia de cara a esta nueva ola epidémica.


No existe un protocolo unificado, sino indicaciones “vagas” —lamenta Alía— que cada centro debe implementar en función de sus características. Estas indicaciones hablan, entre otras cosas, de abastecimiento de material, de régimen de visitas y de zonas de aislamiento. 


¿El problema? “No es lo mismo una residencia de cinco plantas en Madrid donde se pueda aislar varias de ellas que otra pequeñita en un pueblo de Segovia sin esa estructura, donde sólo se pueda aislar por pasillos”, ilustra la portavoz de MSF. “Las residencias están bastante perdidas”.
Para el sistema de atención a la dependencia y para las residencias no ha habido dinero

Para José Manuel Ramírez, director de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, las residencias cuentan con un problema de base: la falta de inversión.


 “En todos los miles de millones de euros que se han repartido a las comunidades, no ha habido un dinero ex novo para el sistema de atención a la dependencia ni para las residencias”, señala. “Había mil millones de euros anunciados para los Servicios Sociales, pero el Gobierno, junto con las comunidades autónomas, decidieron destinarlos a otros temas.


 Ha habido dinero para la Sanidad, 9.000 millones de euros, ha habido dinero para la educación, 2.000 millones de euros, ha habido 3.000 millones de euros para el ingreso mínimo vital, ha habido 1.000 millones de euros para la investigación, 900 millones de euros para transporte, pero para el sistema de atención a la dependencia y para las residencias no ha habido dinero”, critica. 


Aun sabiendo que “no existe el riesgo cero”, Ramírez ha echado de menos “un sistema de alerta temprana” en las residencias con el que se monitoricen los datos rápidamente para tomar decisiones acorde. “Sólo alguna comunidad autónoma lo ha hecho de manera puntual, pero no existe a nivel estatal”, explica.


Las residencias, de algún modo, están en un limbo. “El sistema sociosanitario en España es muy complejo, porque hay 17 pequeños ministerios de Sanidad y otros 17 de Servicios Sociales. Además, hay una gran parte del sistema que es privada, otra parte pública y otra concertada”, cuenta Alía.  
No sé si volverá a pasar lo mismo, pero es probable que los casos vuelvan a descontrolarse

Ante la pregunta de si la situación podría volver a repetirse en esta segunda oleada, salen a flote los miedos, en este caso justificados. “No sé si volverá a pasar lo mismo, pero el sector de las residencias es el que menos se ha tocado en estos meses de pandemia, así que es probable que los casos vuelvan a descontrolarse”, sostiene Pedro Gullón, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.


 “Son sitios en los que la gente está hacinada, así que en cuanto llega algún caso, ya sea por un familiar o por un trabajador, la posibilidad de expansión es muy grande”, explica.


“Hemos hablado mucho de lo que ha pasado en ellas, pero realmente han cambiado pocas cosas”, lamenta Gullón. 


“En principio, ahora hay más material de protección y más pruebas, también ha mejorado algún protocolo y se tiene alguna cosa más clara, pero no se ha hecho ningún cambio estructural: no se ha contratado a más gente, no se han cambiado modelos de atención, tampoco queda demasiado claro cómo se hace el drenaje entre casos positivos y negativos”, enumera. 

El aislamiento no es la solución


“Por ahora, parece que la única respuesta es el aislamiento, y no tengo muy claro que esa sea la solución y que las personas mayores puedan aguantar un aislamiento de tres o cuatro meses”, reconoce el epidemiólogo. “Ante la perspectiva de que la situación se repita, tampoco se ha elaborado ningún protocolo que diga cómo tienen que pasar estas personas sus últimos momentos de vida. Se quedan totalmente solas, y esos momentos de soledad afectan”, advierte.


Después de recopilar testimonios en decenas de residencias, Miriam Alía coincide en que este punto resulta clave si las cosas quieren hacerse mejor en la segunda ola. “Se necesita un protocolo de despedida para personas en una situación cercana a la muerte”, defiende.


 “Han muerto solas, no había una normativa que permitiera la visita de los familiares, no había protocolos para mantener los servicios de comedor, de rehabilitación, o algún tipo de actividad psicosocial”, lamenta la portavoz de MSF.


 “Hasta ahora, la única forma de proteger a los mayores ha sido aislándolos en su habitación, y esto no es sostenible. No se puede tener a personas mayores encerradas 24 horas al día durante semanas o meses, ni por su salud física ni por su salud mental”.

Las diferencias entre CCAA y entre centros públicos y privados


Como explica Miriam Alía, coordinadora médica de Madrid para la emergencia Covid de MSF, el sistema sociosanitario español depende de “17 pequeños ministerios de Sanidad y 17 de Servicios Sociales”, que corresponden a cada una de las comunidades autónomas. Entre esas comunidades, hay diferencias.

“Antes de la pandemia, la Comunidad de Madrid ya era la que tenía los peores servicios sociales de toda España”, sostiene José Manuel Ramírez, director de la Asociación de Directoras y Gestoras de Servicios Sociales. “Si un sistema ya está débil de por sí, cuando se da un problema de tipo extraordinario, afecta de manera mucho más dramática”, apunta.
 
Efectivamente, Madrid es una de las comunidades con más mortalidad en sus residencias durante la pandemia, pero también es la región más afectada de toda España de forma general. A principios de junio, el Gobierno regional cifraba en más de 6.000 las personas fallecidas con coronavirus o síntomas compatibles en residencias de la comunidad. 
 
De los 475 geriátricos de la Comunidad de Madrid, 271 son privados, 161 concertados, 25 públicos directos y 18 de gestión indirecta, y esto también influye.
  
“En general, en las residencias públicas hay más personal, aunque la tasa de contagios ha sido tan alta que prácticamente todas han tenido déficits”, señala Miriam Alía. “Es un sector muy precarizado, pero el nivel de compromiso por parte del personal es muy alto”, asegura. “Por otro lado, dentro de la parte privatizada, hay muchos conciertos en los que sólo se garantizan cuidados básicos, no médicos”, añade, lo que ha acarreado deficiencias en la atención a los pacientes. 

Cada centro es un mundo, y quienes han sufrido esas carencias han sido, en primer lugar, los residentes y, en segundo, sus cuidadores. “Dentro del mundo privado, hay grandes empresas con posibilidades de aprovisionamiento de material, por ejemplo, pero hay otros centros muy pequeños que, en un mercado tan competitivo, no han tenido mecanismos para adquirirlo, y, de hecho, han estado trabajando con material de las Consejerías, donado o que no cumplía con los estándares mínimos”, afirma Alía.  
 
A todas les han llegado los test muy, muy tarde; no sabían dónde poner a los residentes y, al final, la decisión que tomaban era aislar a todos en su habitación, incluso aunque hubieran pasado ya la enfermedad”, recuerda Alía. “En algunas ocasiones, ni siquiera había personal ni medicamentos para los pacientes que recibían cuidados paliativos”, cuenta. “El oxígeno ha sido un bien muy escaso”.



 
 
 
 

miércoles, 19 de agosto de 2020

El drama de las residencias durante la pandemia: “Personas golpeando y suplicando por salir”




El drama de las residencias durante la pandemia: “Personas golpeando y suplicando por salir”



Médicos Sin Fronteras denuncia en un informe el “inaceptable desamparo de los mayores” en las residencias durante la Covid-19.



“Poco, tarde y mal”. Así resume Médicos Sin Fronteras (MSF) la respuesta dada a la pandemia del Covid-19 en las residencias de mayores estos meses. 


Un “inaceptable desamparo” que denuncia en un informe publicado este martes tras dar apoyo a casi 500 de estos centros en toda España. En él, además de poner de relieve las carencias del sistema, esta organización detalla el drama que se ha vivido en muchas de estas residencias.


Así lo relata en este documento Andrés, jefe de Bomberos, que dirigió labores de desinfección y apoyo en colaboración con MSF en algunas de estas residencias en los momentos en los que la pandemia golpeaba con más dureza. 


Según explica este bombero, los responsables de estos centros “respiraban un poco cuando les decías que la desinfección profunda de paredes, de suelos, de armarios, de camas, la íbamos a hacer nosotros, porque no veían cómo podían dedicarse a esto con tanto personal de baja y tantas cosas por hacer en momentos tan críticos”.


“Esta barrera mental disminuía cuando sentían que no iban a estar solos en esa tarea, pero persistía el miedo a mover a las personas, con todas sus pertenencias, de un lugar a otro, para crear zonas limpias y sucias”. 


“Preferían muchas veces que los mayores, mientras no hubiese resultados fiables de las pruebas, quedasen encerrados en sus habitaciones, en lugar de reagruparlos en zonas, por miedo a perder el control y que todo el edificio se viese así contaminado”, continúa Andrés, que apunta que “el resultado era espantoso”.


 “Una sucesión de puertas cerradas, en ocasiones con llave, y personas golpeando y suplicando por salir. Un horror”.


Médicos Sin Fronteras señala en este informe que “la forma rápida de aislar, sin considerar la convivencia y los cuidados dignos, consistió en mantener a los residentes en sus habitaciones, anulando toda posibilidad de salir a los pasillos y a las áreas comunes”.


 Así, “los casos considerados como positivos en Covid-19, ya fuera por síntomas o por diagnóstico, eran marcados en las puertas para que el personal que debía atenderlos fuera consciente de la necesidad de utilizar allí las medidas de protección asignadas”.


“Los pasillos”, afirma, “se convertían así en una sucesión de puertas cerradas, algunas de ellas con llave para contener a las personas más díscolas o más difíciles debido a su estado cognitivo, o que no llegaban a entender lo que sucedía y se rebelaban”.


 Esto provocaba que, en algunos sitios, estos mayores pasaran así varias semanas “y nos han reportado casos de residentes con deseos de morir que dejaron de comer y de tomar la medicación, que se encontró escondida una vez fallecidos”.


Esta organización médica apunta también que la mortalidad durante esta pandemia muestra “problemas estructurales y sistémicos en relación al modelo español de residencias”. En concreto, demuestra “la necesidad de mejorar la atención médica que debe brindarse a quienes viven en estos centros, sean públicos, privados o concertados”.


 “La lógica del modelo de residencias actual responde más a las condiciones del proveedor de servicios que a las necesidades sociales y sanitarias de las personas mayores”.


Para MSF “esto ha tenido un grave impacto directo en su salud y mortalidad”, ya que se estima que las personas mayores fallecidas en residencias (27.359 entre el 6 de abril y el 20 de junio, según el Ministerio de Sanidad) representan el 69% de las personas fallecidas por Covid-19 en toda España. 


Muchas de ellas, remarca esta organización, “murieron aisladas y solas” ante la existencia de un “déficit estructural de recursos y de supervisión sanitaria y ningún plan de contingencia”. Una “combinación” que “hizo inviable que pudieran responder a la epidemia”.


 Y es que, “no se priorizaron las derivaciones hospitalarias ni los circuitos preferentes para que las personas contagiadas fueran trasladadas a otros centros u hospitales”. Esto hizo que las residencias, “lugares para la convivencia y el cuidado y no para el tratamiento medicalizado”, se vieran obligadas a “dar unos cuidados para los que no estaban preparadas”.


A esto hay que sumar la falta de medidas de protección y unos perfiles profesionales “poco desarrollados en términos de competencias y capacitación”, además de las bajas laborales provocadas por los contagios que no fueron sustituidas al ritmo y en ratio adecuados.


En este informe la organización también destaca que la propuesta de ‘medicalizar’ las residencias como única vía urgente y excepcional de respuesta “fue más una promesa que una realidad”.


 Según sostiene, “la medicalización de las residencias no debe prevenir o sustituir las debidas derivaciones a los hospitales u otra alternativa viable que asegure cuidados de calidad y respete la dignidad del paciente”. “Las residencias continúan siendo hogares”, zanja.



miércoles, 8 de julio de 2020

Denuncian a una residencia de Bilbao por desasistir durante el confinamiento: deshidratación y tres dedos rotos


residencia bilbao


Denuncian a una residencia de Bilbao por desasistir durante el confinamiento: deshidratación y tres dedos rotos



 Tras la denuncia por «falta de asistencia», la familia ha decidido trasladar de residencia a la interna. Tres caídas después, la anciana mostraba una mano negra e hinchada y un ojo morado. No se le había realizado una placa rayos X. A la llegada al Hospital, la mano morada se tradujo en tres dedos rotos.


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Tras la denuncia por «falta de asistencia», la familia ha decidido trasladar de residencia a la interna. Tres caídas después, la anciana mostraba una mano negra e hinchada y un ojo morado. No se le había realizado una placa rayos X. A la llegada al Hospital, la mano morada se tradujo en tres dedos rotos.
«Vimos su ojo morado y su mano negra e hinchada gracias a una vídeo-llamada»
Nieta denunciante
En una última visita, el hijo de la afectada observó de nuevo que algo no iba bien y pidió traslado en ambulancia. «Nos indicaron que solamente trasladaban a mi amama al Hospital de Basurto por la insistencia de mi aita. Era algo que se podía tratar en la residencia, decían». A la llegada al Hospital de Basurto el diagnóstico fue deshidratación y problemas renales.

«Solo la trasladaban por insistencia. El diagnóstico fue deshidratación y problemas renales»

Nieta denunciante
Denuncian a la residencia privada bilbaína por falta de asistencia a los internos. La denunciante, nieta de la afectada, ha puesto voz a los meses de confinamiento donde, como dice, no se ha hecho caso a sus peticiones.

Antes de ello, la familia intentó acceder a visitar la interna, puesto que se había caído hasta en tres ocasiones y no conocían su estado de salud, ni físico ni psicológico.

Confinada y desatendida

La residencia es Bilbozar Igurco IMQ, donde la interna lleva dos años asistida. Durante el estado de alarma y confinamiento se han dado varios casos de covid-19 entre los residentes y trabajadores.
«Mi amama es una mujer ciega muy válida para los 95 años que tiene», dice la denunciante. 

La residencia, aunque no contaba con positivos en covid-19 en la plata de la abuela de la denunciante, pidió a la familia permiso para confinarla. Ello derivó en un corte total de relación entre la familia misma y la anciana. La denunciante pidió una visita a la dirección de Bilbozar Igurco, pero la directora negó la posibilidad.

Gracias a la videollamada

Tras la insistencia de la familia y tras tres caídas de la anciana, la familia consiguió un encuentro virtual a través de una videollamada: «Vimos uno de los ojos totalmente morado y una mano hinchada y negra».

«Por las necesidades especiales de mi amama, solicitamos mediante Diputación la posibilidad de realizar esta visita», señala la nieta de la afectada. Agotaron todas las vías posibles para atender a su propia abuela.

Tras desoír sus peticiones de visita y a su juicio «desastir» a la anciana, la familia ha decidido denunciar a la residencia privada situada en Txurdinada (Bilbao). Podría tratarse de una omisión del socorro de la mujer, que, como muestran las imágenes, carecía de salud física.



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