lunes, 5 de diciembre de 2022
martes, 12 de octubre de 2021
Sexo, curas, homosexualidad y SIDA Caso Cerrado
martes, 6 de abril de 2021
Teología, la explicación de lo absurdo
Teología, la explicación de lo absurdo
No hay disciplina más inútil que la teología. La ingente cantidad de elucubraciones que la protagonizan intentan averiguar la mente de un dios que ella misma dice que es inalcanzable; dirigen a los fieles a través de los caminos y designios de ese dios que ella afirma ser inescrutables pero, paradójicamente la Iglesia [y eso vale para la Católica y cualquier otro rito institucionalizado] se convierte en experta de lo desconocido sabiendo más que nadie lo que es Dios y lo que no es; lo que quiere de nosotros y lo que no quiere y cuándo los acontecimientos de nuestra vida son fruto de su voluntad o no lo son.
Mientras el pueblo permanezca indocto, la Iglesia no tiene dificultades a la hora de adoctrinarlo por medio de lo que G. Puente Ojea llama meandros teológicos que contentan a los pocos exigentes. Pero con la llegada de la era de la ciencia y el predominio de la razón —único camino para la obtención del conocimiento— los malabarismos argumentales de los teólogos no sólo no resisten los embates de la lógica, sino que deben enfrentarse a la cruda realidad de los resultados propiciados por la nueva exégesis imparcial de investigadores e historiadores comprometidos con la verdad.
Mientras que la Iglesia dispone de teólogos y los reúne junto con toda su jerarquía en concilios para dirimir grandes dudas; mientras que esas dudas han estado presentes a lo largo de toda su historia dando lugar a herejías y sectarismos provocando persecuciones y tormentos a los que disentían de la oficialidad ortodoxa, ¿no es extraño que Dios no dejara bien claro lo que realmente quería de sus hijos, en lugar de dejar en manos de unos escritores, llamados evangelistas, que ni se pusieron de acuerdo en lo esencial, ni supieron concretar la voluntad divina en un montón de escritos ambiguos, confusos, contradictorios, lejos de la claridad, de la concisión y precisión propios de un dios que pretende darnos unas directrices?
La existencia de un dios como el que postula la Iglesia Católica ataca directamente la dignidad del ser humano que es convertido, en contra de su voluntad, en un esclavo sufriente de una autoridad, que por ser quien es, no debería necesitar —al ser perfecto— ningún tipo de vasallaje.
Los hombres que se someten voluntariamente a una autoridad divina ignoran que la dignidad humana está por encima de cualquier dios, cuya existencia —si fuera el caso— no le permite, bajo ningún concepto, tener derecho sobre lo que él ha creado al constituir —tal pretensión— el mayor abuso de poder imaginable. Sólo la condición de ignorante, inherente en el hombre primitivo, podría justificar la creación de una idea tan maquiavélica como injusta; y al hombre moderno le corresponde barrer de la mente a un ser que tantos sufrimientos y desgracias le ha supuesto, en contra de ningún beneficio.
La necesaria existencia de Dios, en contra de su contingencia, debería dar como resultado un ser razonable al que se pudiera acceder por la razón humana; mas no hay mayor contradicción, a la luz de una mente lógica, que la idea de un ser perfecto con necesidades, de un dios omnisciente que necesita de la oración para saber lo que queremos; de un dios bondadoso que permite el mal; de un dios todopoderoso que para solucionar sus propias imperfecciones tiene que enviar a su hijo para subsanarlas…de un dios tan irracional, que sólo la irracionalidad de la fe puede hacer posible su existencia.
[[Tomado de https://circuloacrata.blogspot.com/2021/03/teologia-la-explicacion-de-lo-absurdo.html.]
domingo, 15 de diciembre de 2019
Grupos conservadores están usando la religión para atacar a las mujeres que protestan con 'Un violador en tu camino'.
Una catarsis colectiva
'Un violador en tu camino' es una protesta dirigida al patriarcado. No se dirige únicamente a los violadores, se dirige al contexto: a la masculinidad que produce las violaciones
Un violador en tu camino es una protesta dirigida al patriarcado. No se dirige únicamente a los violadores, se dirige al contexto a la masculinidad que produce las violaciones
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lunes, 7 de octubre de 2019
¿Cuántos dioses hay?
¿Cuántos dioses hay?
jueves, 5 de septiembre de 2019
El obispo de Huesca prohíbe discursos de elogio y cartas de despedida en funerales
Prácticas "muy modernas"
jueves, 29 de agosto de 2019
domingo, 13 de enero de 2019
“La bandera LGTB fue diseñada por Satán”, asegura un cura católico
El tipo de la foto de llama Jerome Lavigne y es vicario de educación de la Diócesis Católica de Calgary, Canadá. Lavigne ha conseguido sus quince minutos de fama en este mundo gracias a un incendiario sermón titulado ‘Arco iris’ en el que el cura asegura, entre otras cosas, que la famosa bandera que identifica al movimiento LGTB desde 1978 es “obra de Satán”.
La bandera multicolor del movimiento gay fue creada en 1978 por el diseñador Gilbert Baker, aunque la versión inicial no tenía las actuales seis bandas sino dos más: ocho en total.
Sin embargo, Lavigne duda de que Baker -fallecido en 2017- pudiera haber tenido esa idea porque es “demasiado ingenioso, [Baker] no es tan inteligente”.
“La bandera arco iris “representa la anarquía, una ruptura en el orden natural de las cosas”. Por si fuera poco, ha añadido que “la bandera arco iris es un sacrilegio de proporciones inconmensurables. Es simple y llanamente escupirle a Dios y reírte en su cara”. “Tan solo hay alguien que retuerza la verdad hasta ese nivel. Y su nombre… su nombre es Satán“.
El obispo de Calgary se negó a condenar las palabras de su subalterno y remitió a un comunicado en el que animaba a “respetar la dignidad de los semejantes independientemente de su edad, cultura, religión u orientación sexual”, según recoge The Star.
No es la primera vez que Lavigne protagoniza una polémica de tinte homófobo. En septiembre de 2018 celebró un sermón bajo el título ‘Orígenes del mal. ¿Adivinan a qué se refiere? Exacto, al colectivo LGTB.
¿A qué se debe esta inquina del cura hacia los miembros de la comunidad LGTB? Puede -y esto es solo una especulación, tal vez tan descabellada como las suyas- que tenga que ver con una pulsión homosexual reprimida.
Visto en The Star, vía Los Replicantes. Con información de Verne y Strambotic.
martes, 6 de noviembre de 2018
En lugar de suprimir la religión en los colegios, ahora se enseñará también islam y evangelismo
Los profesores quedarán sometidos al régimen disciplinario que se aplica al resto de personal docente de la Comunidad Valenciana, lo que además implica su integración a todos los efectos en el claustro docente de cada centro, podrán participar en las actividades de formación permanente que convoque la Conselleria de Educación y estarán sometidos al Estatuto de los Trabajadores.
La República
lunes, 1 de octubre de 2018
Teresa de Calcuta, el ángel del infierno
Es habitual que los presidentes redecoren la estancia de acuerdo a sus preferencias ideológicas, y tratándose del ínclito neoyorkino, la faz de un genocida borracho le viene como rata muerta a cabeza anaranjada.
El antiguo jefe de gobierno del Reino Unido es uno de esos personajes que ha salido blanco impoluto de la lavadora de los tiempos. “Dejad el pasado a la historia, pues yo tengo intención de escribirla”, dijo.
Y su palabra se hizo verbo. Cada vez que a Churchill se le atribuye la autoría intelectual de la derrota de los nazis, Alan Turing y nueve millones de soldados del Ejército Rojo se revuelven en sus tumbas.
Entre los párrafos de la historia silenciada, esa que redactan los vencedores, los dos millones de personas asesinadas de hambre en Bengala se han convertido en una insignificante mota de polvo que los aduladores del extinto premier británico olvidan mencionar.
Esta misma semana, la ciudadana Inés Arrimadas hacía suyas en las redes sociales unas palabras que la ex secretaria de Estado de los Estados Unidos pronunció durante una entrevista con el diario El Mundo: “Lo que vemos en España con Cataluña ya lo vimos en Yugoslavia”.
Resulta paradigmático que la líder de un partido que receta, al menos ante la opinión pública, concordia y buena vecindad para resolver el conflicto soberanista, amplifique el mensaje de una mujer cuya medicina para los Balcanes fueron bombas en Belgrado y limpieza étnica en Kosovo.
Para Iraq, en cambio, fue mucho más sibilina, con la imposición de sanciones económicas y un bloqueo de alimentos que a mediados de los años 90 causaron una auténtica catástrofe humanitaria.
“Medio millón de niños han muerto en Iraq. Eso es más que en Hiroshima, ¿ha merecido la pena?”, pregunta la periodista Lesley Stahl. "Fue una elección difícil, pero creemos que ha merecido la pena", dijo Madeleine Albright. Y su palabra se hizo verbo.
La izquierda, así se definen ellos, anda revoltosa ante semejante ataque a la aconfesionalidad del Estado, y eso que, hace tan solo unos días, PSOE y Compromís pactaron cederle a la Comisión Islámica la designación de los profesores que enseñarán islam en los colegios de la Comunidad Valenciana.
En lugar de sacar de las aulas las garras del catolicismo, meten ahora a los duendes del otro lado del río, para terminar de transformar lo que debiera ser un centro de pensamiento crítico en una fábula sacra. Del materialismo histórico a esto.
Interpelado sobre la madre Teresa de Calcuta dijo: “Fue una de las mayores criminales de este planeta”, entre las risas incrédulas del público. Toledo es un asiduo de la hipérbole, para magnificar sus mensajes y dejar un poso que perdure más allá de la volatilidad de las palabras.
Si bien es cierto que en la lista de los mayores sátrapas de la historia hay candidatos de sobra que superan los méritos de la monja albanesa, no falta a la verdad cuando señala a la susodicha como un personaje muy alejado de ese ser de luz que ha quedado grabado en la memoria colectiva.
El “puto cacahuete”, así fue rebautizada por la revista Mongolia, es otra de esas grandes personalidades que al igual que Churchill y Madeleine Albright ha resultado congraciada por la pluma generosa de los escribanos de la historia.
El relato le atribuye a la Madre Teresa, nacida como Anjezë Gonxhe Bojaxhiu, un sentido supremo del compromiso que le hizo abandonar su vida de familia acomodada para prestar auxilio a los más pobres.
Sus hospicios en los barrios desfavorecidos de Calcuta fueron refugio para miles de parias, y sus manos, siempre tendidas, el consuelo de los desahuciados que esperaban la llegada temprana de la muerte.
Pronto se convirtió en un reclamo electoral para algunos de los más importantes líderes políticos, convirtiéndose en una figura internacional que se paseaba por las calles mugrientas de los guetos de la India con el mismo semblante sereno que lucía en las grandes alfombras de los palacios presidenciales.
Trece años más tarde, ya con el anillo del Pescador en el dedo de Bergoglio, fue declarada santa en una de esas pomposas ceremonias tan propias del folclore religioso. Desde entonces, una ampolla con la sangre de la religiosa reposa a modo de reliquia en el museo del Vaticano.
La leyenda de la madre Teresa comienza a gestarse en 1968, cuando Malcolm Muggeridge, un periodista ultraconservador de la BBC, viaja a la India para conocer el trabajo de la misionera, del que resulta un reportaje edulcorado con un pestilente trasfondo mesiánico.
Otro plumilla de nombre Malcolm, pero de apellido Otero, y Santi Giménez, han recogido en el libro El club de los execrables algunos de los pasajes más desconocidos del relato vital de la monja: “Una ultracatólica retrógrada que creía necesario el sufrimiento de los pobres, sólo aceptaba el divorcio en las casas reales, consideraba que el aborto era el principal problema de la humanidad y adoraba el dinero de los ricos, a quienes siempre apoyó, incluyendo dictaduras sanguinarias”.
A mediados de los años 90, la piel de cordero de la Madre Teresa comenzó a resquebrajarse debido a un artículo publicado por Robin Fox, editor de la revista médica The Lancet. Fox, que visitó los hospicios de Calcuta en 1994, aseguró no haber encontrado a una sola persona con conocimientos básicos de medicina, situación que provocaba que los pacientes fueran incorrectamente diagnosticados, hacinados en estancias donde se mezclaban a los enfermos terminales y con dolencias contagiosas, con otros potencialmente curables
. Las afirmaciones de Fox fueron respaldadas dos años después por Mary Loudon, investigadora de la British Medical Journal y voluntaria de la congregación de la monja en Calcuta, quien describió una serie de prácticas aberrantes, como la reutilización de agujas hipodérmicas, la negación de analgésicos o las pésimas condiciones de salubridad de los hospicios.
Hitchens es autor de The misionary position: mother Teresa in theory and practice, un libro que jamás ha sido editado en castellano y donde califica a la madre Teresa como una "entusiasta de la pobreza", aunque se codeaba con algunas de las fortunas más pornográficas del planeta.
Era una habitual en las recepciones de François Duvalier, más conocido como Papa Doc, dictador de Haití desde 1964 hasta su muerte en 1971, momento en el que fue sucedido por su hijo Jean Claude, o Baby Doc, quien mantuvo la tiranía en el país hasta su derrocamiento en 1986. "Los Duvalier aman a los pobres", dijo la madre Teresa.
Entre sus acaudalados mecenas también figura el nombre de Charles Keating, conocido como "el rey del bono basura". A finales de los años 80, Keating estafó 3.000 millones de dólares a 23.000 inversores, en lo que fue uno de los mayores escándalos financieros en el país norteamericano.
La religiosa adolecía de una doble vara de medir que oscilaba según fuera el personaje al que sometía al juicio de sus dogmas. Mientras que en 1996 se desplazó hasta Irlanda para apoyar a los contrarios a la legalización del divorcio, meses después bendijo la separación de la Princesa Diana de Gales, también filántropa de su causa.
Según su visión fundamentalista de la fe, la miseria y el sufrimiento son experiencias que deben ser aceptadas como parte de la providencia divina. Así se lo hizo creer a los heridos en la catástrofe de Bhopal, sucedida el 3 de diciembre de 1984 en esta región homónima de la India.
Una fuga en la fábrica de pesticidas de la Union Carbide provocó la muerte de 12.000 personas y dejó heridas a otras 600.000. Animada por intereses desconocidos, presumiblemente espurios, la madre Teresa se desplazó a la zona para ofrecer consuelo a las víctimas; "Perdonad, perdonad", les repetía una y otra vez.
Tal fue la insistencia que muchos de los afectados decidieron no iniciar acciones legales contra la empresa, circunstancia que devengó en que una de las mayores tragedias del país se solucionara con ocho consejeros de la empresa condenados a dos años de prisión y al pago de unas multas que oscilaban entre los 8.000 y los 10.000 euros.
Por su parte, la corporación, propiedad al 51% de un grupo estadounidense, pactó una indemnización de 470 millones de dólares que fueron a parar al bolsillo de los políticos, mientras los heridos tuvieron que pagarse del suyo propio los elevados gastos médicos.
Resulta imposible calcular con exactitud cuánto dinero llegó a acumular la congregación; lo intentó el semanario alemán Stern, pero el Gobierno indio se negó a facilitar los datos alegando que se trataba de información confidencial; lo intentó la Hacienda británica, pero esta vez fue la Banca Vaticana, institución a la que fueron transferidos los fondos de la comunidad tras el fallecimiento de su líder, quien se opuso a esclarecer el entuerto.
En el ya mencionado Club de los Execrables recogen las palabras de una ex trabajadora de la orden en el barrio neoyorquino del Bronx, que cifra en 50 millones de dólares la fortuna de las Misioneras de la Caridad, sólo en los Estados Unidos.
Son estas declaraciones, de antiguos colaboradores, las que han ayudado a destapar la cara menos visible de la Madre Teresa. Declaraciones como las de Colette Livermore en su libro Hope Endures: Leaving Mother Teresa, Losing Faith, and Searching for Meaning, donde califica a la religiosa como una "teóloga del sufrimiento" que prohibía a las monjas buscar información médica porque "Dios ama a los débiles e ignorantes".
Existen decenas de testimonios similares y todos coinciden en señalar el empeño de la albanesa por dotar al sufrimiento de un halo de romanticismo decadente.
En 1995, el periodista español José Bustamante transcribió una conversación entre la misionera y un enfermo terminal de cáncer, que agonizaba en uno de sus hospicios:
- Estás sufriendo, como Cristo en la cruz, así que Jesús debe estar besándote.
- Por favor, madre, dígale que pare de besarme.
Pero esta vez, su palabra, la de un nadie, no se hizo verbo.
Paradójicamente, cuando por su salud era la doliente, no resultó ser tan partidaria del sufrimiento.
En dos ocasiones visitó sendos hospitales de California; en 1991, cuando fue tratada de una neumonía, y en 1997, debido a sus problemas cardiacos. Según un estudio publicado por investigadores de las universidades canadienses de Ottawa y Montreal, la religiosa recibió cuidados paliativos en los últimos años de su vida.
Para Christopher Hitchens, esta incongruencia se debe a que la madre Teresa apreciaba el padecimiento, siempre y cuando el enfermo fuera pobre, y ella estaba muy lejos de serlo.
"Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en él", dijo. Y su palabra se hizo verbo.
AUTOR
PABLOMM
viernes, 7 de septiembre de 2018
MÁS DE 40 RABINOS ACUSADOS DE PEDOFILIA
Moshe Spitzer,
Yona Weinberg,
Stefan Colmer,
Joel Pinter,
Shlomo Tourjman,
Nathan Actman,
Boris Shaulov,
Constantine Kotzalides,
Fredy Conde,
Simon Benisty,
Yaakov Maimon,
Bjorn Daley,
Solomon Marmorstein,
Sheldon Siller,
Tzvi Boxer,
Joseph Passof,
David Klausner,
Emanuel Yegutkin,
Michael Sabo,
Andrew Goodman,
Meir Dascalowitz,
Nechemya Weberman,
Yosef Donin,
Hector Valerdi,
Jacob Kaff, 2nd
Menachem Deutsch,
Arthur Samet,
Israel Nivazou,
Frankie Hatton,
Chaim Becker,
Moshe Keller,
Jedrych Macie,
Moshe Vaisfiche,
John Pilieci,
Eli Belili,
Nuchum Hammerman.
martes, 4 de septiembre de 2018
Un juez ordena la detención de Willy Toledo
domingo, 19 de junio de 2016
Antonio Cañizares, el cardenal incendiario
Monseñor Antonio Cañizares se ha convertido en una personalidad incendiaria de la sociedad española, un guardián de la ortodoxia cuyas homilías apocalípticas se resienten de una ideología preconciliar y cuyas declaraciones políticas han invertido la disciplina canónica de la otra mejilla. Cañizares no la pone, la golpea.
Y lo hace aislado o confortado en el búnker del púlpito. Debió sobrecogerle su designación como obispo de Ávila en 1992, inicio prematuro de un cursus honorum que le hizo adquirir un pensamiento amurallado en el fortín de Santa Teresa.
Es la metáfora del cardenal de piedra, un hombre terco, obstinado, que parece haber descuidado las obligaciones de la tolerancia. Y desobedecido las normas de convivencia que implican o apuntalan el pontificado de Jorge Mario Bergoglio.
Le debe obediencia Cañizares, pero acostumbra a salirse del redil. Unas veces para denunciar el advenimiento catastrofista del imperio gay. Otras para abjurar del feminismo, aunque la mayor irritación se la proporciona la iconoclasia y frivolidad con que la sociedad contemporánea discrepa del dogma de familia tradicional.
Es el contexto en el que el airadísimo arzobispo de Valencia consideró necesario alertar contra la “ideología del género”, entre cuyas intenciones perversas se aloja la doctrina “más insidiosa y destructora de la humanidad en toda su historia”.
Podría habérsele realizado un control antidopaje después de la homilía, pero Cañizares dio la impresión de expresarse en posesión de sus facultades mentales. O poseído por ellas, de tal forma que en su discurso contra el “fundamentalismo laico” tanto denunció la discriminación de la libertad religiosa como precipitó un llamamiento a la insumisión.
Quiere decirse que los hombres de buena fe quedaban conminados a desobedecer cualquier novedad legislativa relacionada con el matrimonio del mismo sexo o la adopción monoparental, incluso la ley integral de transexualidad que prepara el Gobierno valenciano. No sólo renunciando a ellos, sino saboteándolos desde la eventual responsabilidad pública: funcionarios, concejales, médicos… parecen invitados a “desobedecer la insidiosa ideología de género”. Y no sólo insidiosa e inicua, como matiza el cardenal, sino promovida “solapadamente desde los poderes mundiales”.
Ha construido su eminencia un gigantesco leviatán. Y se ha atribuido las facultades para prevenirnos, como ya hizo cuando advirtió en la crisis de refugiados del peligro de los terroristas infiltrados y del riesgo de que los parias desdibujaran la identidad y la idiosincrasia del continente. “Los inmigrantes son un caballo de Troya. ¿Es todo trigo limpio en esta invasión o viene mucha mezcla? ¿Dónde quedará Europa dentro de unos años?”, se preguntaba el purpurado como si fuera el confesor de la familia Le Pen.
Invasión, mezcla, pureza. Cañizares incurría en un delirante planteamiento étnico y se transformaba en la versión eclesiástica de Casandra, ya que de troyanos hablamos. Fue la razón por la que lo apercibieron desde Roma. Lo amonestaron en el Vaticano por las connotaciones xenófobas de su discurso. Y porque desmentía las palabras y los viajes de Francisco en solidaridad con los prófugos de la guerra de Siria.
Monseñor Cañizares (Utiel, 1945) pudo haber sido papa. No porque dispusiera realmente de opciones, sino porque reunía las condiciones elementales para sustituir a Benedicto XI: era cardenal y tenía menos de 75 años. Se añadía a su hipotética candidatura el argumento trasatlántico de la lengua castellana, incluso pretendían hacerse pesar los siglos que habían transcurrido desde la proclamación de un pontífice ibérico, aunque esta clase de argumentos formaron parte de las campañas de propaganda pintorescas que se le hicieron en España.
Papable nunca fue papable Cañizares. Menos aún cuando la abdicación de Ratzinger predisponía un cambio de época. Y Cañizares permanecía sujeto a la ortodoxia wojtyliana. Era un cardenal retrógrado, desprovisto de carisma. Un purpurado funcionarial que hizo carrera en Roma por sus habilidades burocráticas. Y que obtuvo el rango de ministro cuando Benedicto XVI decidió nombrarlo en 2008 prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.
La cartera concierne a las cuestiones litúrgicas tanto como consolidaba la relación privilegiada entre el papa germano y el obispo valenciano. Tan privilegiada que a Cañizares se le llegó a conocer como el Piccolo Ratzinger. En efecto, el mote del Pequeño Ratzinger retrataba entre los pasillos vaticanos una versión reducida del teólogo y pensador alemán. Guardaban un cierto parecido físico. Y existía entre ellos una afinidad en las cuestiones doctrinales, aunque resultaba inconcebible que el sucesor de Benedicto XVI fuera su propia parodia.
Y no porque Cañizares hable en broma. Ni porque se le pueda considerar exactamente una figura marginal o estrafalaria en la jerarquía de la Iglesia. La Conferencia Episcopal española se apresuró a matizar que las declaraciones sobre “la ideología más perniciosa y destructiva de la historia de la humanidad” se atenían a la libertad de expresión, formaban parte del criterio de una personalidad autorizada.
Lo es Antonio Cañizares. Ha sido arzobispo de Granada. Y arzobispo primado de España. Lo proclamó Juan Pablo II en 2002 con todos los honores simbólicos que implica la titularidad de la diócesis de Toledo. Allí permaneció hasta 2009, compaginando sus atribuciones pastorales con la vicepresidencia de la Conferencia Episcopal en los tiempos ultraconservadores de monseñor Rouco Varela. Después se trasladó al Vaticano y permaneció como ministro hasta que Francisco decidió nombrarlo arzobispo de Valencia.
Se interpretó la decisión en términos políticos. Se desprendió que Bergoglio no lo quería entre sus hombres de Gobierno, pero no conviene exagerar las discrepancias entre ambos, sobre todo porque Cañizares se atiene a la doctrina vigente. Que no ha cambiado una coma pese a la revolución de las formas, y que explica que Francisco, aun declarándose incapaz de juzgar a un homosexual, sostenga que el matrimonio gay es una tragedia para la humanidad.
Rubén Amón
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