El juego que propuso Rajoy no es nada sencillo. La última pista que dejó caer en la UE por De Guindos interpuesto era que España no era Uganda, pero antes ya se habían descartado otras posibilidades. No éramos Irlanda o Portugal, y muchísimo menos Grecia. Aún así las posibilidades abiertas eran casi infinitas, y los responsables de protocolo de la conferencia de Río probaron fortuna y se columpiaron. ¿España sería las islas Salomón y Rajoy su primer ministro? Pues tampoco.
No hay qué enfadarse. Al fin y al cabo, las Salomon fueron descubiertas por otro gallego, Álvaro de Mendaña, y la confusión puede haber venido por ahí. Mendaña dejó huella hasta en el idioma local. En pidgin, "yo sé" o "yo no sé" se pronuncian así: "mi sabe" y "mi no sabe". Fue su gran aportación a la cultura melanesia.
Bartholomew no duró mucho en el cargo. Recuerdo que a los pocos meses de conocerle a él y a su jefe de seguridad, un sujeto que vestía camisa hawaina y se daba un aire a Cocodrilo Dundee, los militares de las Salomon le dieron el pasaporte, que en pidgin significa un golpe de Estado. Para poner luz en la confusión de los primeros momentos, una colega llamó al dueño de Calvo tratando de recabar datos. El sustituto -le dijo, sólo podía ser su ministro de Información, porque era uno de los pocos ‘salomónicos' con estudios suficientes, lo que aquí vendría a ser un registrador de la propiedad.
Bartholomew se había hundido como las decenas de barcos que reposan en el fondo de las aguas de Guadalcanal, la principal isla del archipiélago. Quede claro que las Salomon no es España y que Rajoy sigue a flote, aunque tragando más agua que un pez globo.
JUAN CARLOS ESCUDIER


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