Txiqui Benegas, Felipe González y Ramón Rubial, en una foto de enero de 1988
La maldición de presidentes, políticos y empresarios de postín que vieron interceptadas o publicitadas sus conversaciones o mensajes privados se repite ahora con los SMS entre Rajoy y Bárcenas
En muchos casos, esta revelación frenó abruptamente algunas carreras políticas, como fue el caso de Txiqui Benegas y Narcís Serra
"Dios", "el one", "el enano"...
Corría la primavera de 1991. La Cadena SER difundió el audio de una conversación telefónica captada, la interceptación se atribuyó a los servicios de inteligencia, entre el entonces secretario de Organización del PSOE Txiqui Benegas y el periodista y marido de la actriz Victoria Vera, Germán Álvarez Blanco. En ellas, Benegas se refería al entonces presidente del Gobierno, Felipe González, como "el one" y "Dios".
"El problema aquí es el one", le decía el 'número tres' socialista a su amigo Álvarez Blanco mientras se quejaba amargamente de las "chulerías" que gastaba con él el entonces todopoderoso ministro de Economía y Hacienda Carlos Solchaga. La charla no tenía desperdicio, para este país nuestro que gusta de distraerse a veces con puros cotilleos más que con lo substancial. Los interlocutores se referían a Solchaga como "el enano" y a Narcís Serra le llamaban "el catalán".
Hubo más conversaciones interceptadas y grabadas, aunque no llegaron a hacerse públicas, como otra entre el citado Benegas y el entonces presidente de Castilla-La Mancha, José Bono. Así al menos lo cuenta Alfonso Guerra en sus memorias. Dice Guerra que la emisión de la cinta "escondía un lado más oscuro". Que fue limpiada y que no se hicieron públicas otras conversaciones de Benegas, también con José Bono, en las que éste último "se expresaba con mayor rotundidad sobre personas y asuntos de los que tanto interesaban a los responsables de la emisora en aquella época".
El lío, en aquella España que aún no tenía ni noción de qué era Internet y en la que casi nadie disponía de teléfonos móviles –los celulares en los automóviles eran un lujo de millonarios, políticos o banqueros-, fue fenomenal. Aquello no terminó bien, como se sabe. El PSOE en aquella época no atravesaba por sus mejores tiempos. Como ahora. Dividido entre guerristas y renovadores, tardó, eso sí, años en ser desalojado del poder por un entonces inane Partido Popular que salía del famoso techo de Fraga y estrenaba un líder, todavía por hacer, llamado José María Aznar.
Del Rey abajo... ¡todos espiados!
En 1995, el diario El Mundo, cuyo director por cierto era el mismo que en la actualidad, difundió la noticia de que desde el CESID, dirigido por el recientemente fallecido Emilio Alonso Manglano, y por orden del entonces vicepresidente del Gobierno Narcís Serra, se había espiado casi a media España. Bueno... a media no, pero sí a todo aquel que en aquella época era alguien en éste país.
Hasta el mismísimo Jefe del Estado. Para ello se había organizado un gabinete de escuchas por cuyo filtro pasó lo más granado de la España de la época. Figuras, en el más amplio sentido del término, muy cercanas personalmente a don Juan Carlos como el príncipe Tchokotoua, el hombre de confianza del monarca Manuel Prado y Colón de Carvajal o el argentino Carlos Perdomo. También empresarios y presidentes de clubes, como Ramón Mendoza. Y muchos ministros, como José Barrionuevo, al que se sometió al escarnio de publicitar algunas de sus conversaciones privadas con la entonces delegada del Gobierno en Madrid.
Eran los tiempos del pelotazo. De las grandes operaciones económico financieras en las que la política, o algunos de sus representantes, se mezclaban obscenamente con los principales banqueros y empresarios del país. Como hoy. Como siempre. El asunto tampoco terminó nada bien. El citado Serra tuvo que dimitir. Algunos de los espiados en aquellas conversaciones telefónicas, como el poderosísimo Javier de la Rosa, el hombre de KIO en España, terminaron en la cárcel. Nada nuevo bajo el sol, ya en aquella época. Se cuenta que siendo Suárez presidente del Gobierno, allá por 1977, mantuvo una reunión en el edificio de la Cuesta de las Perdices con algunos de los responsables del espionaje español. Reunión que también fue convenientemente grabada, claro está. Y ya sabemos cómo terminó Suárez su carrera política.
La vida sigue igual
Han pasado muchos años. Pero hay cosas que no han cambiado. Ahora, en esta España que dista tanto de aquella irreal y ficticia del pelotazo, seguimos leyendo –o escuchando– a políticos que se refieren a sus amigos y colaboradores como "amiguito del alma" mientras aseguran quererles "un huevo". ¿Se acuerdan? Francisco Camps, expresidentes de la Comunidad Valenciana. Ya no mantiene su cargo.El último caso –de momento-, no tiene nada que ver con el espionaje, puesto que es una de las partes la que ha filtrado los mensajes privados, de móvil a móvil, entre Mariano Rajoy y el extesorero de su partido, Luis Bárcenas, y su mujer. Pero podría tener unos efectos casi tan devastadores como aquellos.
Uno de los dos está en la cárcel. El otro, haciendo equilibrios por mantenerse en el timón de la nave como si nada ocurriera.
EURICO CAMPANO

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