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sábado, 3 de agosto de 2013

Para D’Noe LaMiss y Telecinco * El Deluxe (02/08/2013)


Para D’Noe LaMiss y Telecinco



Soy Andrea Menéndez. No soy la Comunitty Manager de Lucía, ni su representante ni su portavoz. Soy, en tal caso, la portavoz de los amigos de Lucía. Y soy la persona que iba a entrar por teléfono anoche en el Sálvame DeLuxe para rebatir a la señorita D’Noe Lamiss.
El redactor que me llamó al término del programa me dijo que no había tiempo material para que mi llamada entrara, tuvimos una conversación que (supongo) se grabó, pero quiero aclarar unos puntos por si no se emite:
Lo primero que quería decirle a la señorita D’Noe LaMiss es “encantada de conocerte”. Más que nada porque no la conozco. Ni yo ni ninguno de los amigos de Lucía Etxebarria. 
Según ella se conocen desde 2007 y han sido amigas durante años. Como algunos sabréis, yo participé en un libro de Lucía publicado en 2008, por tanto, tenía trato habitual con ella durante ese año y los dos siguientes. Nunca he visto a la señorita D’Noe LaMiss. 
Como intuís, por entonces pasaba mucho tiempo en casa de Lucía, al contrario que la señorita D’Noe LaMiss que nunca ha estado allí. La mejor prueba es que habla del salón de Lucía como si lo conociera y dice que tenía “bragas tiradas encima de la mesa del comedor”. Lucía, por aquel entonces, como sabemos todos los que hemos estado allí, no tenía mesa en el salón-comedor.
Ha dicho muchas cosas más sobre la casa que son totalmente falsas o inexactas. Por ejemplo, que no tiene un lugar fijo para escribir o que guarda los vinos en la nevera. Es fácil engañar a la gente que no conoce a la escritora.
No ha aportado ni una simple fotografía con ella. Le ha cambiado el nombre al padre de la hija de Lucía. Que ni se llama Jeffrey ni ha utilizado jamás el nombre de Jeffrey y, por supuesto, ninguno de sus amigos lo hemos llamado jamás “Jeffrey”. Se ha limitado a decir cosas que ya sabíamos por Campamento de Verano o Sálvame. Por ejemplo, dice dónde vive Lucía basándose en las imágenes del reportero a pie de portal.
En definitiva: ha dicho una sarta de mentiras muy difícil de creer hasta para la gente que quisiera creérsela.
La realidad es muy simple:
Lucía conoce a esta mujer, como ella bien dice, en un evento social. Hablan, Lucía le cuenta su proyecto y es la propia D’Noe LaMiss la que le sugiere que su historia aparezca en el libro. Lucía la escucha y entiende que alguna de las cosas que le cuenta pueden cuadrar en el libro y ayudar a gente en su misma situación. Nunca olvidéis que Lucía escribe literatura social.
Toda su relación se basa en dos tardes en las que quedan para grabar esa entrevista. Nunca en casa de Lucía.
No es biógrafa, por tanto no redacta su vida tal cual. Y no escribe ciencia ficción, por tanto no se la inventa.
En el prólogo de Cosmofobia Lucía explica que los personajes del libro están inspirados en la realidad pero se han entremezclado historias y cambiado datos para que no sean reconocibles.
Nadie puede reconocer a D’Noe LaMiss en el personaje de “La Negra” al que se hace referencia. Y si ella cree que sí y se ha leído el libro, tiene una imagen muy distorsionada de ella misma. El hecho de que su nombre aparezca en los agradecimientos del libro fue una petición de la propia señorita D’Noe LaMiss. 
No obstante, lo que tampoco entendemos es el problema que tiene con este hecho: ella queda con una escritora para contarle su vida y que aparezca en una novela. Con su propia autorización la escritora la graba y luego se inspira en algunos fragmentos para crear un personaje, tal y como habían acordado.
Tal vez el ansia de notoriedad y cámara en alguien que tiene un perfil profesional en Facebook como actriz es lo que ha pesado en la decisión de sentarse en un plató a interpretar un papel.


Por otra parte, Lucía sigue reponiéndose de la ansiedad reactiva que padece por sucesos como la aparición de esta señorita, su paso por el Campamento o el DeLuxe.

No está en Madrid porque se ha publicado la dirección de su casa con un reportero a pie de portal, y viendo la cantidad de amenazas que recibe en Twitter no es seguro ni para ella ni para una niña de nueve años seguir en casa.

Además, tiene la suerte de tener amigos de verdad que le han proporcionado la tranquilidad que necesita lejos del ruido televisivo.


Las redes sociales seguirán a cargo de sus amigos hasta que la situación se normalice. 





El programa íntegro y a la carta




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