El asesinato de una niña de 13 años en El Salobral hace un año a
manos de un hombre de 39 alertó sobre el auge de la violencia machista
entre la juventud, aunque entonces costó que el caso se reconociera como
tal.
En lo que llevamos de 2013, un 27,8% de las mujeres
asesinadas por violencia de género y un 13,9% de los agresores tenían
menos de 30 años.
En lo que llevamos de 2013, un 27,8% de las mujeres asesinadas por violencia de género y un 13,9% de los agresores tenían menos de 30 años.
Tenía 13 años. Iba al instituto. Vivía en El
Salobral, un pequeño pueblo de Albacete de solo unas pocas calles. Se
llamaba Almudena. Hace justo un año, Juan Carlos Alfaro, un hombre de 39
años que había intentado mantener una relación sentimental con ella, la
abatió a tiros en una calle del pueblo, mató a otro vecino y disparó al
abuelo de la menor.
Almudena murió en el acto y se conviritó así en una de las víctimas mortales de violencia machista más jóvenes. Su caso no es una excepción: asociaciones y expertas alertan de que la violencia de género campa a sus anchas entre los jóvenes y, lo que es peor, nadie parece estar haciendo nada para remediarlo, al menos no a gran escala.
Almudena murió en el acto y se conviritó así en una de las víctimas mortales de violencia machista más jóvenes. Su caso no es una excepción: asociaciones y expertas alertan de que la violencia de género campa a sus anchas entre los jóvenes y, lo que es peor, nadie parece estar haciendo nada para remediarlo, al menos no a gran escala.
"Cuando ocurre un caso como el asesinato de esta chica, la sociedad se
mueve, pero al final se queda en nada y ese impulso desaparece. No se
está haciendo nada por frenar la violencia de género entre
adolescentes.
No hay programas, ni proyectos, ni herramientas específicas para, por ejemplo, intervenir en los institutos. Y si los hay, son mínimos", denuncia la presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes, María Jesús Girona.
No hay programas, ni proyectos, ni herramientas específicas para, por ejemplo, intervenir en los institutos. Y si los hay, son mínimos", denuncia la presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes, María Jesús Girona.
En el caso de Almudena, la movilización social fue, cuanto menos, ambivalente. Detrás de la alarma social surgió con fuerza el morbo, la culpabilización de la niña y la incomprensión.
"Se está recalcando la edad y que la relación era consentida. No he
escuchado a nadie hablar de una relación desigual, como no puede ser de
otra manera entre una niña de 13 y un hombre de 39, en la que estaban
presentes todos los componentes de dominio", criticaba entonces Mónica
Di Nuba, miembro de la Coordinadora de las Asociación de Mujeres
Abogadas.
La familia de la niña se quejó en varias
ocasiones de que la Guardia Civil había ignorado sus advertencias sobre
la relación que mantenían y el acoso al que el asesino llego a someter a
Almudena. La Guardia Civil, por el contrario, asegura que recogió todas
sus denuncias, en las que la familia alertaba de la relación desigual
que existía, aunque admite que también hubo llamadas de la madre
quejándose de lo que sucedía.
Imagen del entierro del vecino asesinado por Juan Carlos
"No tomamos medidas cautelares porque no
consideramos que en ese momento hicieran falta, no había indicios de
delito", asegura el capitán de la Guardia Civil Juan Manuel Burgos, que
dirigió el dispositivo de búsqueda de Juan Carlos, quien permaneció
escondido durante casi 48 horas y acabó suicidándose.
El asesino tenía
licencia de armas en regla y varias de ellas en su poder, algo que la
Guardia Civil tampoco consideró un factor de riesgo. "Si no hay delito,
no hay que adoptar este tipo de medidas cautelares", insiste Burgos, que
explica que las denuncias no hablaban de maltrato.
La madre de Almudena, Adela, no se imaginaba que casi un año después del
peor día de su vida estaría sentada como acusada en un juzgado de
Albacete. El asesino de su hija la denunció pocos días antes de cometer
el crimen: la acusó de patear su coche. A pesar de que la familia de
Juan Carlos había renunciado a las acciones legales, el juicio siguió
adelante.
Adela temblaba mientras esperaba junto a su abogado a que la
funcionaria de turno dijera su nombre: la idea de sentarse junto a la
familia del asesino de su hija la enfermaba. Finalmente, la propia
fiscal pidió su absolución. Antes, Adela tuvo que escuchar a la madre de
Juan Carlos asegurar que llevaba en el bolso la factura por los daños
que ella había causado al coche, aunque renunciaba a pedir
responsabilidades.
Durante este año, la familia de
Almudena ha recibido atención en el Centro de la Mujer de Albacete.
"Necesito tomar medicación para dormir y aun así no lo consigo",
balbuceaba el abuelo de la niña a la salida del juzgado. El abogado de
la familia estudia pedir responsabilidad civil a los herederos de
Alfaro, si es que su familia acepta finalmente la herencia.
Semanas después del asesinato tuvo lugar una reunión entre todos los
organismos que, de alguna forma, habían intervenido en el caso (el
Instituto de la Mujer, el Centro de la Mujer de Albacete, la Guardia
Civil, la Policía Local y Nacional) para evaluar lo que había sucedido.
"Había gente más o menos conforme con que al crimen se le denominara de
violencia de género, por la controversia que aún hay sobre el término.
Fue necesario insistir en ello.
Estaba claro que había una relación
absolutamente desigual en la que él tenía muchísima capacidad de
influencia y poder sobre ella", asegura la directora del Centro de la
Mujer de Albacete, Charo Navarro.
Navarro confirma
que la familia había demandado información y comentado su caso a los
servicios sociales: "El caso llegó a través del programa de intervención
familiar del ayuntamiento para ver qué mecanismos legales había para
proteger a la niña, y se dio información jurídica. La voluntad de la
niña era entonces muy fuerte y la insistencia de la familia no fue
suficiente. Una vez que la cría fue consciente, planteó la ruptura de la
relación".
Almudena tenía entonces 13 años, la edad a
la que comienza el consentimiento sexual. Precisamente, el Gobierno ha
propuesto elevar esa edad hasta los 16 años. ¿Hubiera cambiado eso algo?
"Si hay una relación entre un menor que tiene 13 años o menos puede ser
constitutivo de delito, y se deberían haber investigado los hechos. En
este sentido, si la edad de consentimiento hubiera sido más elevada, el
caso podría haber sido más claro", dice la presidenta de la Comisión
para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, Susana Martínez Novo.
Esta abogada sostiene, no obstante, que en un caso como el de Almudena
podrían haberse adoptado otras medidas, como órdenes de alejamiento o
prohibiciones de comunicación. "Depende de lo que hubieran manifestado
exactamente los padres en la denuncia. A veces están mal asesorados y no
saben que hay recursos que se puede utilizar. También hay una tendencia
a ser más reticente con las denuncias que no son dadas por la propia
víctima", apunta.
Jóvenes maltratadas, jóvenes maltratadores
Almudena no ha sido la única: hace apenas dos semanas otra menor de 14 años moría a manos de su exnovio, de 18, en Tàrrega (Lleida). De las 52 mujeres asesinadas por violencia de género en 2012, un 1,9% tenía entre 18 y 20 años y un 25%, entre 21 y 30. El 11,5% de los agresores tenían menos de 30 años. En lo que llevamos de 2013, el porcentaje es similar: un 2,8% de las víctimas mortales tenía entre 18 y 20 años y un 25%, entre 21 y 30 años. Entre los agresores, el 13,9% tenía entre 21 y 30 años.
Las redes sociales y las nuevas formas de
comunicación son ahora las herramientas mediante las que se expresan
comportamientos de siempre. "Las nuevas tecnologías son el instrumento
para ejercer el control, el chantaje, el autoritarismo, los celos o la
posesión, es decir, los comportamientos tradicionales.
Muchas veces se
las chantajea con difundir imágenes suyas en Facebook o Tuenti", asegura
la presidenta de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a
Mujeres, Susana Martínez Novo.
" Las conductas machistas no han desparecido, se han transformado.
Muchas veces, la violencia de género entre los jóvenes no es tanto
física como psicológica.
Hay conductas agresivas y de posesión: acoso,
control sobre dónde está la persona, si lleva o no minifalda, si va o
no pintada, por qué sale así de casa, si habla con alguien... Al fin y
al cabo son los celos, que es algo que en los jóvenes se ha trabajado
poco y que va in crescendo", explica María Jesús Girona, presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Jóvenes.
Tanto Girona como Martínez Novo confirman que a las mujeres y hombres
jóvenes les cuesta identificarse como maltratadas y maltratadores.
"Mientras a mí no me pegue, yo no estoy en esa categoría, o a mí me
quiere porque me pregunta 20 veces al día dónde estoy y qué hago. Es una
forma de entender el amor distorsionada, sin respeto a la
individualidad y a que cada persona debe tener una esfera privada
independiente de su pareja. Pero eso hay que explicárselo y hacérselo
saber", señala Martínez Novo.
La directora del Centro
de la Mujer de Albacete, Charo Navarro, confirma que cada vez son más
las jóvenes que acuden a los recursos que ofrecen: "Vienen incluso
chicas de 13, 14 ó 15 años. Muchas veces, la violencia se ejerce de una
forma muy sutil, a través del mito del amor romántico, por ejemplo, que
hace que mucha gente piense que si un chico te controla o se muestra
posesivo es que es amor".
La Ley Integral contra la
violenca de género incluía una parte de prevención y sensibilización que
apenas se ha desarrollado más allá de campañas publicitarias
periódicas.
La Federación de Mujeres Jóvenes ha
comenzado la campaña 'Grabátelo', para prevenir y atajar la violencia de
género entre la juventud. Por un lado, trabajan con profesionales; por
otro, hacen talleres con jóvenes. "Se toman como algo natural actitudes
que luego hacen difícil que creas que realmente estás sometida a la
violencia. Parece que la violencia es física o no lo es.
Cuando vemos
con ellos vídeos que recrean este tipo de relaciones, les resulta
difícil ver que hay conductas que no son normales, hacen suyo el modelo de amor romántico.
A veces dicen: 'Ostras, esto me ha pasado a mí' o a una amiga. El
objetivo es precisamente hacerles conscientes de lo que pasa en su
entorno", dice Girona.
Las expertas piden más
formación entre los profesionales que trabajan con adolescentes y
víctimas, y atajar estas conductas en su origen, con educación. "Las
medidas asistenciales se quedan cortas porque se usan cuando el problema
ya ha surgido, eso tiene que ir precedido de medidas preventivas, de
educación en igualdad en escuelas e institutos", concluye Martínez Novo.



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