Un año más, y ya son muchos, me apresto a vivir, por no decir soportar, desde el hastío y el desencanto y, sobre todo, desde un espíritu crítico cada día más beligerante, las mal llamadas fiestas navideñas.
Dejando
aparte el componente religioso del que, para muchos, estas fechas están
revestidas, o el carácter esotérico con cuya aureola otros tantos
parecen enmarcarlas (posiciones ambas que quién suscribe respeta desde
la crítica), es mi intención, denunciar el fariseísmo contumaz con que
pretenden disfrazarse unas festividades que, fundamentalmente, son un
esperpéntico canto al consumismo y una oda a los más bajos instintos
materialistas.
Nos
han pintado la Navidad como una etapa idílica con la que se cierra
anualmente un nuevo ciclo vital, como unos días donde todo parece
humanizarse y, donde hasta los opuestos, se aproximan hasta la fusión;
unas fechas donde el colorido se adueña de nuestras calles, donde la
tristeza se torna por la alegría y hasta donde la solidaridad parece
expandirse por doquier como un bosque de estrellas,......., pero todo
esto está muy lejos de ser cierto.
Ni concluye, con la Navidad, ninguna clase de ciclo vital sino que, por el contrario, lo que se celebra es la inexorable ley cósmica del solsticio del invierno que, en nuestra civilización, se ha camuflado con una bonita leyenda de componentes religiosos carente de rigor histórico con el que disfrazr su origen pagano; ni se produce ninguna clase de fiebre humanitaria, por la sencilla razón de que la humanización auténtica es una labor diaria, que nace desde el interior y no un mero lavado pasajero de una mala conciencia; ni tampoco el colorido ni la luminosidad exterior de nuestras calles y plazas, únicamente engalanadas para incentivar el consumismo irracional, pueden encubrir una sociedad llena de carencias materiales pero, sobre todo y fundamentalmente, de un profundo egocentrismo y de una descarnada insolidaridad, cuya traducción es una tristeza que no es posible ocultar y no la falsedad de una alegría artificial con que nos han acostumbrado a convivir cada vez que nos aproximamos a este último período anual.
Asistimos
impávidos, en general, al patético desfile de consumidores
inmisericordes dispuestos a gastarse en los grandes hipermercados, tan
absurda como irracionalmente, mucho más de lo necesario para satisfacer
un vacío que no podrán llenar con sonrisas inocuas, con montones de
copiosas comidas ni tampoco con la compañía de gentes con las que, en
tantas ocasiones, no les une más que la apariencia o la hipocresía más
indisimulada.
Para “celebrar” la llegada de tan “entrañables” fiestas, nos reuniremos en comidas o cenas de trabajo con aquellos a los que, muchas veces, no nos cansamos de criticar, y peor aún, no queremos ver ni en pintura. aunque ese día o esa noche les deseemos nuestros mejores deseos con la mayor de las hipocresías, mientras que en las tan laureadas “cenas y comidas familiares”, asistiremos muchas veces a toda una pléyade de mordaces ironías y "espectáculos" innombrables, incluidas numerosas discusiones y hasta peleas que terminan requiriendo la presencia policial.
Tampoco dudaremos en comprarle a nuestros hijos una montaña de juguetes para que aprendan a no entretenerse con ninguno, cayendo en la trampa de un consumismo devorador que, no satisfecho con la entrañable fiesta de “los Reyes Magos”, se ha visto duplicada por la importación yankee de su dichoso “Papa Noel o Santa Claus” con que el sistema capitalista ha querido robustecer el consumismo sin sentido, comiéndonos el coco con argumentos tan peregrinos como inconsistentes, al tiempo que adornamos nuestras ventanas con patéticos muñecos importados sin sentido, que decoran de esnobismo el vacío de no pocos.
No
faltarán las “felicitaciones” propias del momento, muchas de ellas
robotizadas e hipócritas hasta el infinito, sólo para falsear también la
inexistencia de una relación sincera de amistad que sólo es cierta si
transciende los límites de unos días señalados, de la misma manera que
las plantas requieren de un riego constante y no sólo de unas migajas de
agua cuando te dicen que debes acordarte de regarlas.
Y,
mientras tanto, la maquinaria publicitaria es encendida a todo gas,
para corromper las conciencias de unos destinatarios que, en general, si
siquiera son conscientes de que son unas marionetas a las que el Sistema maneja con tanto desprecio como maquiavélica impunidad.
Y, como telón de fondo, los embusteros mensajes de personajes como el patético caza elefantes como para desgracia de todos es el Rey de las Españas, los presidentes de los 17 “reinos de taifas” que arruinan a la población cada segundo que respiran; los miles de alcaldes que han usurpado desde hace siglos el poder vecinal y concejil, mancillando la única democracia que lo es, la asamblearia; los “manda más” de nuestras empresas, jefecillos de centros de trabajo o abraza farolas de poca monta gratificados como “estómagos agradecidos” que sin la menor vergüenza se atreven a desearnos "lo mejor".
Un
panorama lúgubre, dirán algunos; desolador, opinarán otros; veraz,
afirmarán otros tantos.......y, aunque parezca mentira......
esperanzador, esgrimirán los menos......, teniendo en cuenta que, sólo
partiendo de un supuesto diagnóstico acertado, es posible hacer frente a
la enfermedad que padece nuestro pequeño mundo.
Esta
Navidad, pese a todo, brindaré....... brindaré por aquellos que han
comenzado a hacer un consumo racional de las cosas haciéndole la Pascua
al Capital; brindaré por cualquier propósito de la enmienda que nazaca
desde lo más sincero de uno mismo; brindaré por quiénes sufren soledad,
miedo o dolor; brindaré por aquellos, en cuyos corazones, existe un
lugar para sus amigos y un recuerdo sincero para quiénes siempre se
tendrá una deuda de gratitud; brindaré por cualquier gesto solidario,
actitud generosa o valor humanitario y, sobre todo, brindaré por el
despertar de las conciencias de los espíritus más elevados y por el
renacer de la esperanza de aquellos que la han perdido.
Una
Navidad, por lo tanto, cuyo verdadero sentido sólo podrán vivir
aquellos que, desde la coherencia de sus corazones, estén preparados
para percibir “algo” diferente, si nos aferramos a la hermosa creencia
del rocío de la noche del solsticio con la que las estrellas ungen las
almas auténticas.
........para todos los hombres y mujeres de buena voluntad........
de todo corazón
FELIZ NAVIDAD






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