Como cada año, el Ayuntamiento de El Escorial, en Madrid, organiza por estas fechas una becerrada con motivo de las fiestas. Este domingo, personas elegidas por sorteo sin ninguna preparación se encargaron de torturar a tres becerros de menos de dos años hasta la muerte. Activistas de PACMA estuvieron presentes para denunciar la barbarie y tuvieron que salir escoltados por la Guardia Civil para que no les agredieran los presentes. Violeta B., del partido animalista, ha escrito una carta a estos miserables.
"Vais de fiesta con la alegría propia de quién celebra un domingo como si no hubiera lunes. Subís la cuesta a la plaza cargados con la nevera, los niños, la abuela y las flores pensando en pasar una tarde divertida en familia. ¡Vivan los santos patronos!
Arriba os espera la arena ya limpia, el ruedo mitad sol mitad sombra, los músicos en su sitio tronando charangas. ¡Viva la fiesta! ¡Vivan las reinas, el alcalde y el juez! ¡Viva la Guardia Civil y la Presidencia!
Habéis cogido el mejor sitio, culo sobre piedra, para ver a los valientes con los huevos prietos bajo el pantalón que salen a saludar con el orgullo de los idiotas haciendo alarde de no ser nada y ser los primeros y mejores en todo.
Casados, solteros y viudos que dais risa con vuestro uniforme de gente de bien podrida por dentro de puro aburrimiento entre copa y puro. La plaza es vuestra. Vuestras mujeres os jalean, os tiran flores, ríen los niños, eructan los abuelos que comieron demasiado.
Y sale el becerro. Aún no ha cumplido dos años. Enfadado, asustado y desesperado queriendo huir recorre la arena hasta pararse frente al tendido de sombra.
¡Va por ti, alcalde, que todo lo haces! ¡Va por ti que pusiste los fondos! ¡Va por ti que nos dejaste un año más ser los más chulos, los más idiotas, los más perfectos cabrones frente a un animal acorralado! Suenan redobles, retumba la plaza de paso dobles . Hay cerveza fresca, pipas, bombón helado y vino. Que no quede la boca seca, que pase la saliva y se lleve el miedo, el mal trago ante el escarnio público.
Ya dobla el becerro las patas. Ya jadea cansado. Le falta aire en los pulmones, le corre sangre bajo los pinchos clavados en la espalda. ¡Qué valiente eres, soltero, casado y viudo! ¡Qué buen domingo nos estás dando! ¡Arrímate, arrímate!
Abuela, ese es tu nieto, madre, ese es tu hijo, hijo, ese es tu padre y el padre de tu padre y el padre del padre de tu padre. Todos la misma testosterona inútil, todos el aliento fétido del instinto ancestral que los obliga a enfrentaros a un animal superior a vosotros.
Señala el sol la muerte en la espada. ¡Mátalo, mátalo! Qué bien lo pasáis todos juntos, todos brutos, todos uno como un pan rancio. ¡Mátalo, mátalo! El joven becerro mira exhausto con las últimas fuerzas. Brama ya sin aliento y suena la música que lo silencia. Reís como los tramposos, se os afloja la taleguilla antes abultada, cargada de excitación y os dais por satisfechos.
Un año más vuestra mísera existencia delante de un animal sin defensa, torturado y herido hasta la muerte, demuestra que no valéis lo que cagáis. Pero ¡qué bonito todo! ¡Cómo se divierte el estimado público! ¡Qué buena tarde de cobardes, ignorantes y chulos!
Dais palmas al aire. Se oscurece el cielo mientras arrastráis la muerte por la arena. Nada os importa.
Los miserables lleváis el corazón helado".
Artículo de Violeta B., activista de Pacma


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