El lobby taurino, compuesto por los ganaderos, los toreros y, en general, las empresas taurinas, se ve ahora mismo acorralado y contra las cuerdas. Sí, es cierto que el gobierno español, y el de la mayoría de comunidades autónomas, respalda a esta casta de vendedores de muerte, dolor y sufrimiento. Sin embargo, cada vez se ve más claro que la sociedad en su conjunto rechaza esta barbarie. De hecho, el ver cómo primero se abolieron los espectáculos taurinos en las Islas Canarias y, años después, las corridas de toros en Cataluña, ha debido ser para ellos un duro golpe, además de un aviso.


A esto hay que sumarle el último Torneo del Toro de la Vega, que puso de manifiesto que la sociedad española está cada vez menos dispuesta a tolerar que este tipo de torturas contra los animales se sigan perpetrando.



El lobby taurino mueve miles de millones de euros al año, la mayoría de los cuales van de las arcas del Estado a los bolsillos de ganaderos, empresarios y toreros. Obviamente, este grupo de presión tiene miles de millones de razones para impedir la erradicación de los eventos taurinos de cualquier clase. Sin embargo, todas estas razones se reducen a una: sus bolsillos.


Los toros de lidia constituyen un negocio que se sustenta en la crueldad. Hay una cadena por la que circula el dinero desde las arcas del Estado hasta las empresas y personas que se enriquecen a costa del sufrimiento de animales que nada saben de negocios. Con dinero público se compran toros, se paga a toreros, se organiza el festejo, etc. A partir de aquí surgen diversos negocios muy lucrativos, todos los cuales dependen, en última instancia, de la existencia de tales festejos, tales como las escuelas de toreros, las de lanceros en Tordesillas, los diseñadores de trajes de toreros, los toreros, banderilleros, etc.


Salta a la vista que la abolición de los festejos taurinos supondría el fin de este negocio de la barbarie. De hecho, esto se ha aducido muchas veces como argumento en contra de la erradicación de este tipo de eventos, ya que este negocio genera empleo.


En respuesta a esto se puede decir lo siguiente: en primer lugar, el empleo que se genera es posible gracias a las inversiones públicas, que costean las fiestas populares en los distintos lugares de la geografía española; en segundo lugar, ese dinero se debería invertir en otros sectores, como educación o sanidad, donde es más necesario. Allí también generaría empleo. En tercer lugar, hay innumerables negocios crueles que no admitimos y que también generan empleo, tales como la explotación infantil, el esclavismo, la prostitución, etc.


Por ejemplo, el esclavismo, además del “empleo” de esclavo, genera los de vendedor de esclavos, secuestrador o cazador de esclavos, transportista, etc. Y la prostitución, sin ir más lejos, da trabajo a prostitutas, madames y chulos, camareros, limpia burdeles, vendedores de esclavas, etc.


Por otra parte, no sabemos si los eventos taurinos son aprobados por la mayoría de los españoles, esto es, si cada vez menos personas disfrutan con estas salvajadas, ¿está justificado mantenerlas y costearlas con dinero público? 


La existencia de este negocio depende de las decisiones políticas. En una democracia, los políticos deben responder a la mayoría que les ha votado. En España, sin embargo, los políticos responden a los lobbys. Sin embargo, las circunstancias actuales de toma de conciencia colectiva están arrinconando a todos los lobbys, al taurino incluido.


 En 1991, cuando los eventos taurinos fueron prohibidos en las Islas Canarias, no hicieron mucho ruido, porque las circunstancias eran otras: tenían el control. Ahora, en 2014, cuando cada vez más las castas poderosas se ven arrinconadas, el lobby taurino ve cómo su negocio comienza a tambalearse.