En
décadas anteriores, el patriarcado se inventó que las feministas eran
solitarias y poco agraciadas; cuando ese argumento ya dejó de tener
convencimiento social se inventó la palabra 'hembrismo'.
La invención de este término busca convertirse en una palabra de uso cotidiano (insulto) para ridiculizar los avances feministas del día a día y reducir la formulación de críticas al patriarcado. La palabra, que ha sido construída recientemente (en el año 2005) es una clara reacción histérica patriarcal, como lo fue la introducción de la brecha salarial de manera paralela a la incorporación de la mujer al mundo laboral.
Al ser una analogía de machismo, se intenta reducir la opinión crítica de las mujeres haciéndoles caer en una especie de contradicción intelectual, lo que les hace parecer poco inteligentes o poco razonables, en un claro intento de reducirlas como personas teniendo como transfondo de esta intención una profunda misoginia y rechazo al sexo femenino.
Por tanto, todo lo que venga del hembrismo se considera dentro del feminismo un ataque patriarcal muy moderno que busca invisibilizar los problemas entre sexos (diferencias de poder social, económico, político y legal) con la intención de frenar el avance de la igualdad.
Así pues, la palabra 'hembrismo' es sinónimo de 'insulto machista' y se considera 'invento patriarcal' al no poder demostrarse su existencia en términos ni cualitativos (intelectuales) ni cuantitativos (cifras), y se considera inexistente por parte del feminismo.



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