Excálibur, donde quiera que estés sabes que los amitos siempre te llevarán en su corazón.
Acabaron contigo gente mala y sin sentimientos. Hicimos todo lo que pudimos y más para salvarte, pero al final no pudo ser.
Mientras te escribo esta carta no paro de llorar, pero estoy muy
orgulloso de ti porque has sido un ejemplo para el mundo entero, y no
seras olvidado tan fácilmente.
Ahora, desde donde
estés, tienes que darle fuerzas a la amita para que se ponga buena,
igual que me las has dado a mí para no venirme abajo y seguir luchando.
Aunque ya no estés con nosotros, te prometo que se hará justicia.
DESCANSE EN PAZ

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