Los ataques a menores que viven solos en Melilla han sido jaleados en grupos privados de Facebook: “Ya es hora de que Melilla despierte, si la ciudad no se hace cargo, tendrán que hacerlo los ciudadanos”
Los chicos marroquíes que
viven solos en las calles de Melilla han sufrido varios ataques durante
los últimos días y algunos responden a un esquema distinto al habitual
de las peleas callejeras. La Asociación Harraga interpuso el 15 de marzo
una denuncia ante la Fiscalía de Melilla en la que se relata una
agresión por encapuchados armados con palos y cuchillos, que antes
habían advertido de que iban “contra los niños de la calle”. La acción
fue jaleada por algunos perfiles en grupos privados de Facebook, que
piden venganza contra los menores por la supuesta inseguridad que
generan.
La denuncia relata que en
torno a las 22.30 horas del 8 de marzo, un grupo de jóvenes con la cara
cubierta se detuvo junto a varios menores extranjeros no acompañados y
les advirtió de que iban a agredir “a todos los niños de la calle”.
Según ese relato, en torno a las once de la noche del día siguiente, 15
encapuchados se bajaron de tres vehículos junto a la Ciudad Vieja. Iban
armados con sprays, bates de béisbol, cuchillos y alguna pistola. Cercaron a dos chicos y les agredieron sin mediar palabra.
La denuncia se acompaña de
un parte de lesiones que acredita una fractura en el húmero de uno de
los chavales. “Refiere que el agresor formaba parte de un grupo de 15
personas que portaban armas”, se lee en el parte médico, firmado esa
misma noche. Las voluntarias de Harraga aseguran que las agresiones se
han repetido durante los días 10, 11, 12, 13 y 14 de marzo, según los
testimonios que han recabado de los chicos de la calle, y explican que
la Guardia Civil rechazó recoger su denuncia alegando que no son las
tutoras legales de los chicos.
En Facebook, algunos grupos
privados han aplaudido estos ataques. La asociación también ha entregado
a la Fiscalía copias de esos mensajes. Algunos llaman a “erradicar” a
los menores, jalean las agresiones o las justifican: “Ya es hora de que
Melilla despierte”; “si la ciudad no se hace cargo tendrán que hacerlo
los ciudadanos”; “la ley por nuestra propia mano porque no queda otra
salida”.
Hay quien alude a que estos
menores hacen que Melilla “parezca pobre” y quien llega a proponer la
aplicación de periodos sin ley aludiendo al argumento de La Purga,
una película basada en la hipótesis de que el Gobierno legalice el
crimen durante una noche al año: “Debería ser como la pulga [sic] y la
noche de la bestia, un día q el gobierno deje hacer lo que sea sin
ningún delito ufffff estaría de lujo eso jajaja”.
Oficialmente, la Guardia
Civil, encargada de la vigilancia de esa zona, no reconoce el problema,
pero el 14 de marzo El Faro de Melilla informó, citando fuentes del
Instituto Armado, que grupos de melillenses se habían organizado para
patrullar por el casco histórico de la ciudad contiguo al puerto. La
presencia de MENAS (menores no acompañados) en esta zona es habitual. Ya
el pasado mes de febrero el presidente de la Fundación Melilla
Monumental anunció que contrataría seguridad privada para vigilar los accesos nocturnos a Melilla La Vieja por la “sensación” de inseguridad.
Eduardo, un vecino de
Melilla La Vieja, reconoce la presencia de encapuchados esa noche, pero
asegura que no eran del barrio porque los hubiesen reconocido. Más que
inseguridad, denuncia “incomodidad” por la presencia de pandillas de
menores en los túneles peatonales oscuros y estrechos: “Vienen cuatro o
cinco, y te piden o te dicen cosas. Si se ponen 15 o 20 en el túnel y tu
hija vuelve a las 2 de la mañana…”.
Reconoce, no obstante, que
no ha habido ningún incidente grave con ellos. En el barrio parece
haberse extendido una explicación: los misteriosos encapuchados se
habrían tomado la justicia por su mano después de que se rompieran las
lunas de varios vehículos en el transcurso de una pelea previa entre
menores.
Los menores, tutelados por
la ciudad -están por tanto a cargo del Gobierno melillense-, escapan del
centro La Purísima, donde se hacinan cerca de 400 de ellos. Nadie se
ocupa de ellos excepto un par de asociaciones con más voluntad que
recursos. Duermen en chabolas, en escondites o en los contenedores de
papel, y muchos vagan por la ciudad pidiendo a las puertas de los
supermercados o aguardando su momento para saltar en el barco a Europa.
Las cifras oficiales de criminalidad desmienten la tesis
Basta una conversación
informal para percibir el desprecio de una parte de la población. “Antes
Melilla estaba muy bien, pero es que ahora es un peligro y la policía
no puede hacer nada”, dice una señora a modo de presentación hace unas
semanas. Algunos dicen sentirse intimidados por la presencia en las
calles de estos chicos, cerca del centenar.
Los datos desmienten esa tesis. Las cifras de hurtos y robos han crecido, pero no destacan entre otras ciudades. Según el Balance de Criminalidad
del cuarto trimestre de 2015, publicado por el Ministerio del Interior,
en Melilla se produjeron 1.327 hurtos, un 18,9% más que en el anterior
trimestre, y 320 robos con violencia o intimidación (el 20,8% más). Esas
cifras totales (no es posible desglose por rango de edad), combinadas
con un censo de casi 85.000 personas (más una considerable población
flotante) arrojan una tasa de 15 hurtos y 3,7 robos violentos por cada
mil habitantes, inferior a las tasas de Madrid (31 hurtos por mil y 3,8
robos violentos por mil), Barcelona (36 por mil y 6,4 por mil), Valencia
(23 por mil y 2,6 por mil) o Sevilla (25 por mil y 2,3 por mil).
Es raro el día en que el
asunto no ocupa varias páginas en los medios locales, y para la ONG
Harraga se ha creado un problema de percepción: una psicosis alimentada
por los medios y redondeada con toques de hostilidad hacia los pobres.
Harraga y Prodein emitieron un comunicado conjunto cuyo título resume su
punto de vista (“De niños en peligro a niños peligrosos”). También han
iniciado una campaña para visibilizar la situación de los menores de la
calle, bajo la etiqueta #nadavalesihayunniñoenlacalle o
“#nosonmenassonniños”.
Néstor Cenizo | eldiario.es | 28/03/2016

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