Conflictos mundiales * Blog La cordura emprende la batalla


viernes, 18 de marzo de 2016

¡CONDENACIÓN! Escarmientan a Rita Maestre por un delito contra los sentimientos religiosos.



¡CONDENACIÓN!

Escarmientan a Rita Maestre por un delito contra los sentimientos religiosos. Han pedido públicamente hasta cárcel, y algunos, por lo bajinis, incluso flagelación y hoguera. Su delito: protestar en una capilla y quedarse en sujetador. Un delito gravísimo en esta moderna y próspera Alemania del sur donde pecar es delinquir, como en Irán o Arabia Saudita. Ahora piden su dimisión y luego querrán exiliarla, mandarla a purgar sus nefandos pecados como muy cerca a Babilonia, la madre de todas las rameras y de todas las abominaciones de la Tierra.



A algunos de mi generación, a pesar de haber crecido bajo una inexorable educación católica, apostólica y romana, el catolicismo cañí se nos ha quedado con los años –y con los desengaños- en un poso de fe cristiana bien entendida, sin postureos al uso, aspavientos frailescos ni persignaciones beatíficas, y vemos el cristianismo con un tinte de espiritualidad más que de religiosidad, lejos del tenebrismo medieval con que en España se contempla la fe desde algunos sectores de notoria influencia. Herejía, cabe suponer. ¡Condenación!



 Y sin caer en el comunismo cristiano de Cabet o Haggerty, en la Teoría de la Liberación de Torres Restrepo o en el Bergoglismo, y a tenor del circo montado por la Inquisición española en torno al Caso Maestre, cabe concluir que sí hay delitos graves contra los sentimientos y los fundamentos religiosos más primarios. Y pecados.


Es fariseísmo juzgar a una persona por quitarse una camiseta en una capilla mientras se niega amparo a quien huye de la guerra y se le vende a sus verdugos, es hipocresía callar ante el capitalismo salvaje, la destrucción del planeta, el hambre mundial y la opresión de los débiles, es infame vender armamento a socios del Daesh, arruinar a ancianos, excarcelar a mafiosos, terroristas y malhechores, expulsar a familias de sus casas, empobrecer la educación y la sanidad, recortar libertades, institucionalizar la corrupción y otras mil canalladas más silenciadas por unos fariseos que hoy, desde el Gran Sanedrín, la prensa oficial y las redes sociales, juzgan tan severamente a una mujer por un acto del que ya se disculpó. Eso sí es pecado. Señores cristianísimos, probos y trajeados de la cosa:




 Ya pueden darle al sepulcro todas las manos de cal del mundo que por dentro sigue tan lleno de gusanos como el primer día.


 José Antonio Illanes






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