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lunes, 28 de marzo de 2016

TE LLAMABAS MIGUEL Y TE MATARON * TAL DIA COMO HOY


TE LLAMABAS MIGUEL Y TE MATARON


"Me llamo barro aunque Miguel me llame" (Miguel Hernández)


En ti, Miguel, habitan dos poetas:
el poeta del amor,
un rayo que no cesa de atravesar el alma
poblando con espinas
sus panales en llamas
y el poeta de vientos del pueblo,
libre ruiseñor en altas cumbres,
gritando libertad, clamando justicia,
bajo el cielo azul enrojecido
por el grito de la sangre en las batallas.


Te llamaban Miguel mas barro te llamabas
y dos veces por ello te mataron.

Porque eras voz clara
en una España hosca
sin flores ni naranjos.

Porque eras colectiva
conciencia
bajo la yerta sangre
de un pueblo desarmado.
Segaron tu voz limpia
con cuchillos traidores oxidados,
pudriendo con odio tu cuerpo,
aislado de los vientos,
en cárceles de ceniza y de espanto.


No pudieron cerrar tus ojos muertos.

Abiertos se quedaron
contemplando
tus palabras serenas y tus sueños
trazando la eterna vigilia de la nada.

Tu angustia, tu martirio, se detuvo
en el remoto umbral
donde nacen los lirios.
Tu voz, por fin ya libre, es colmena
de azahar entre los limbos.


Te llamabas Miguel
y te mataron
mas nunca pudieron doblegarte.

No pudieron hacerte desistir
de lo que más amabas:
de ese futuro por el que luchabas
y por el que no renunciaste a morir.


No les bastó tan sólo con matarte.

Tus asesinos decretar quisieron
el olvido en la tierra de tu nombre,
secuestrar a los ojos del mundo
la inabarcable luz de tu poesía.


Después de la derrota, al paso de los años,
el abono de tu cuerpo hizo brotar
las semillas sepultadas bajo el barro.

El viento, ya vendaval,
esparció tus palabras
entre altas palmeras y azahares.


En 1976, en Orihuela,
tu pueblo, y también
en otros pueblos como el mío,
personas valientes como tú,
de forma clandestina y perseguida,
te recordaron como en vida fuiste:
ejemplo de nobleza,
blasón de libertad.

Contra la opresión elevaron tu voz
para romper con tu nombre los podridos muros del oprobio. 


En la tierra que no viste crecer
acaban de celebrar tu centenario.

En la escena oficial de la apariencia
todos te alaban y entonan tu canto.

¡Los nietos de tus asesinos
recitan incluso tu poesía!
Si pudieras verlos,
si pudiéramos verte,
a nadie extrañaría ver en tu boca
una piadosa sonrisa dibujada. 


Después del odio,
los propios nietos
de tus asesinos
recitando tus versos te han vengado.


No temas, Miguel, ¡que no hay olvido!
Recordaremos siempre
que te llamabas Miguel, Miguel Hernández,
y que en 1942 los hijos de la ira
con odio te mataron.

Eres ya para siempre,
sin olvido posible y sin escarcha,
memoria en nosotros recobrada.


Bajo el azul de los cielos
entre huertos y montañas
tu libre canto despierta
al ruiseñor en las ramas.


Julián Carcaño Pareja


Nota: Poema finalizado el 14/02/2011 en Madrid. Recitado el 18/02/2011 en el 35º Aniversario del Homenaje de los Pueblos de España a Miguel Hernández de 1976 en Torrevieja.


 TAL DIA COMO HOY



Foto de Francisco Arias Solis.






En el 74º aniversario de la muerte de Miguel Hernández 



El 28 de marzo de 1942, con tan solo 31 años de edad, a consecuencia de una bronquitis que degenera en tuberculosis, fallece en la enfermería de la prisión de Alicante, el poeta y dramaturgo Miguel Hernández, relevante autor de la literatura española del siglo XX.


El mundo alucinante de las cárceles es un recorrido por una condena a muerte en enero de 1940, conmutada en junio por treinta años, y por una geografía carcelaria que se llama Conde de Toreno (Madrid), Palencia, Ocaña, hasta el Reformatorio de Adultos de Alicante, donde muere. 



Miguel poseía la perfección poética. De su libro “El rayo que no cesa”, dijo Rafael Alberti: “Verdadero rayo deslumbrador, revelador, de poeta nativo, sabio”.



Es posible que andando el tiempo el historiador que quiera dar voz expresa a la anónima del pueblo, acuda a los poemas de Miguel Hernández, que estuvo desde el primer momento al lado del pueblo y murió siendo pueblo.



La voz de Miguel Hernández no cesa de cantar. El lo había dicho: “Moriré como el pájaro cantando”. Una sola y dilatada voz herida. Voz y música, que susurran su poesía. Voz vieja y nueva del pueblo. 



Voz de siempre. Voz trepadora de altura que vuelve a las veredas de todos los campos a cantarle a todo el mundo la verdad con su grito y encender los cielos luminosamente con su poesía . Su voz, siempre nueva. ¡Como que es la voz divina, por humana del pueblo mismo! Del pueblo, decimos, como un solo hombre y como un hombre solo. Nadie mejor que él supo sintetizar las aspiraciones y sentimientos del pueblo. Y el pueblo fue la fuente viva de su poesía.



Miguel Hernández, solitario cabrero del verbo apasionado, aquí y allí, está eternamente vivo. Es el defensor sonoro del corazón de España. Estará muerto él, como una guitarra salvaje, bajo la tierra seca, pero su raza como su poesía, estarán siempre en la memoria viva del pueblo.




Honda, pura voz del poeta, música cadenciosa y dilatada; sombría y clara como voz de agua, que es de lluvia o de gotear en la piedra; de llanto y de risa; de súplica, de rezo, de gozo, de amor y de nostalgia. Voz que dice el más puro y hondo pensamiento, el que siente, el que canta. Voz de sangre. 



Música de corazón y de estrellas. La voz de España. Voz de tu pueblo. Como la copla en la guitarra, mi garganta, mi pensamiento y mi corazón la guardan. Compañero del alma, compañero.







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