Ante unas nuevas elecciones generales, Izquierda Unida y Podemos deben
lograr un acuerdo para ir juntos a las elecciones y lograr un gobierno
de progreso.
Si la izquierda hubiera ido unida el
20-D habría sacado 14 escaños más y quizá ahora tuviéramos un gobierno
de progreso. Cuando las soluciones a los problemas de la mayoría social
no pueden esperar, cuando la oligarquía española echa el resto para
abortar un proceso de cambio, la izquierda transformadora tiene la
responsabilidad histórica de alcanzar un acuerdo que optimice sus votos,
esfuerzos y entusiasmos.
Vuelve a estar encima de la mesa la
cuestión de la unidad de la izquierda. Esta vez tiene que ser de verdad,
porque de lo contrario las cosas se pueden complicar mucho para los
trabajadores y la mayoría social. Antes de las últimas elecciones
generales escribí un artículo titulado ‘La izquierda sin ilusiones’:
la falta de unidad auguraba un insuficiente avance de las fuerzas
progresistas. A pesar de todas las fechorías realizadas por el PP, del
historial del PSOE de defraudar a las capas populares, del descarado
invento de la oligarquía para recoger el desgaste del bipartidismo, la
izquierda no iba a ser capaz de rentabilizar todos sus votos. Y así
ocurrió.
Fueron buenos los resultados de Podemos y
de las Confluencias en territorios como Cataluña, Galicia y la
Comunidad Valenciana. Que no se presentasen candidaturas unitarias en
todo el Estado hizo que el millón de votos de Izquierda Unida-Unidad
Popular quedase infrarrepresentado con tan solo 2 diputados. Era la
crónica anunciada de un atraco electoral a mano armada con la ley
d’Hondt y de un duro coste para la izquierda transformadora por su
incapacidad para unirse.
El sentido común se confirmó como el
menos común de los sentidos y no se reflexionó sobre la experiencia de
las elecciones autonómicas y municipales de unos meses antes. De haber
ido junta la izquierda en ellas, el PP no gobernaría muchos
ayuntamientos o comunidades como Madrid. Si se hace una simulación de los resultados del 20-D con unidad,
las cuentas son claras: Podemos, Izquierda Unida-Unidad Popular y
Confluencias habrían obtenido 85 escaños, en vez de 71. Hubieran perdido
diputados el PP (-9), el PSOE (-2), Ciudadanos (-4) y PNV (-1). El
centro de gravedad se hubiera desplazado a la izquierda, con un cambio
sustancial de panorama.
Como no fue así, hemos asistido a unas
reuniones para la investidura convertidas en un gran teatro para
cargarse de razón cada cual y echar la culpa a los demás. El PP no ha
sido capaz de configurar ningún tipo de gobierno dado el rechazo que
produce. El PSOE ha hecho un intento vano al hipotecarse con Ciudadanos
(C’s) y acabar siendo su rehén. De esta forma arruinó toda posibilidad de formar gobierno
y que éste fuera de progreso con Podemos, Izquierda Unida-UP y las
confluencias territoriales; gobierno que hubiera tenido facilidades por
las fuerzas nacionalistas.
Al final todo se ha reducido, por una
parte, a la apuesta del PSOE por el acuerdo con la nueva derecha de C’s
por la presión de Andalucía, sus barones y las viejas glorias del felipismo.
Por otra, a la operación coordinada para excluir a Podemos (y si
podían, dividirlo) con gran protagonismo de la trinchera mediática. La referencia de Pablo Iglesias a la cal viva en relación a Felipe González
marcó el recrudecimiento de la ofensiva contra Podemos. Esta campaña
contra ellos, como antes contra IU, es porque no se perdona que se
intente romper el círculo vicioso de la sumisión de la política a los
intereses oligárquicos.
Ante la inevitabilidad de nuevas
elecciones, la jugada de los poderes económicos busca que mejoren sus
resultados electorales PSOE y Ciudadanos a costa del PP de Rajoy y de un
Podemos demonizado. El otro escenario por el que apuestan es que la
suma de escaños de PP y Ciudadanos dé para un acuerdo como el de la
comunidad de Madrid y volver de nuevo a la casilla de salida, después de
todo lo que ha pasado. También seguirán insistiendo en la gran
coalición.
Ante estas inquietantes posibilidades,
urge construir la convergencia de la izquierda: llevamos unas elecciones
de retraso y tenemos derecho a corregir errores. Hay momentos tan
intensos y complejos en los que las horas son meses y los días valen
como años. No estamos para bromas, los dirigentes tienen que estar a la
altura de la situación y de sus desafíos. Más aún cuando el apoyo a la
unidad cuenta con un amplio respaldo tanto en los votantes de Podemos como de IU-UP.
Los objetivos de la izquierda de cara a
unas nuevas elecciones deberían ser: primero, que el PP no vuelva a
gobernar de ninguna manera; segundo, hacer posible la superación
electoral de un PSOE que ha roto la baraja al entregarse a la
representación del Ibex; tercero, optimizar todos los votos de la
izquierda transformadora con un acuerdo de unidad; cuarto, recuperar las
ilusiones de los activistas y del electorado para evitar la abstención
por desencanto que históricamente perjudica a la izquierda, como ha
pasado siempre, desde la II República (1933) al periodo democrático
actual (1996, 2011)
La forma de romper los planes de la
oligarquía española pasa por tres líneas de trabajo. Volver a retomar el
discurso político y una propuesta de regeneración capaz de entusiasmar a
grandes sectores de la población. Recuperar la movilización y la calle
en alianza con los movimientos sociales –actores de pleno derecho no
subordinados a ninguna centralidad política– para superar la inacción del último año.
Apostar de manera decidida por la unidad electoral y política de la
izquierda, con un programa muy concreto con las soluciones que la
mayoría social necesita urgentemente y el rechazo a los nuevos ajustes
que exige Bruselas.
Parece que ahora Podemos está abierto a
discutir la unidad y no la simple integración de personas en sus
candidaturas. Hay que alegrarse de ello. Pero da miedo que en el debate
que hay en Izquierda Unida por su Asamblea o en Podemos sobre las
transversalidades y qué hacer con las anteriores candidaturas se utilice
este tema para ganar apoyos internos y pueda irse al traste el intento.
No será fácil la negociación y habrá que derrochar sinceridad,
inteligencia política y generosidad para conseguir achicar sectarismos y
personalismos. No estamos para ajustes de cuentas ni sobra nadie:
siguen faltando muchas personas.
Quién dijo que todo está perdido. Si se consigue la unidad, el sorpasso
al PSOE se producirá. La confluencia electoral puede facilitar la
confluencia política y social para poner en marcha un proceso
constituyente y un profundo cambio en España que también tiene que ser
cultural y moral. Hay que evitar que todo este fabuloso empuje termine
en lo que Marx llamaba el partido efímero y en la pérdida de la esperanza como triste herencia. Lo planteé hace meses: ‘Podemos con Unidad Popular’ y no es una opinión, es una idea, por si pudiera servir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
GRACIAS POR TU OPINION-THANKS FOR YOUR OPINION