La vida es, sobre todo, emoción. Y lo emocional está presente, de un modo u otro, en todas nuestras acciones. No soy psicólogo (Dios me libre) pero sé lo que son las necesidades emocionales porque las tengo, porque me sorprende lo que son capaces de condicionar mis acciones a pesar de que, torpemente, la vida te enseña a contenerte y alejarte de ellas. Y la adolescencia es la emocionalidad en mayúsculas.
Que nadie me malinterprete. No me emocionan las bandas. Solo trato de empatizar con sus miembros para averiguar en qué estamos fallando, qué pilares están resquebrajados para que menores de edad de este país se sumerjan en relaciones de amigos tan estructuradas, tan territoriales y tan violentas.
Esta explicación fue criminógena, invitó a muchos adolescentes a sentirse fuertes y malos en el seno de una banda. Pero, más allá de eso, fue un razonamiento puramente xenófobo. Salieron a la palestra ministros de la ciencia (de su ciencia) a explicar, en plena eclosión migratoria, que aquellos menores reagrupados que habían vivido su primera adolescencia en países "violentos" (República Dominicana, Ecuador, Colombia, etc.) imitaban los patrones de conducta aprendidos, aplicándolos en una sociedad en la que no acababan de integrarse.
La presión mediática surtió efecto y los malos políticos obraron en consecuencia. Reformaron la Ley del Menor en el año 2006, incorporando el delito de Asociación Ilícita que ha sido aplicable a muy pocos casos porque resulta harto difícil de demostrar. Por su parte, la policía se puso las pilas, y en numerosas ocasiones, apoyados por mandatos judiciales de disolución de esas bandas (Latin King, Ñetas y Dominican Don´t Play principalmente) desmantelaron buena parte de las estructuras de estos grupos. En concreto, en Madrid, el trabajo del Grupo encargado de ello ha sido muy eficiente, demostrando un amplísimo conocimiento de los grupos y sus reuniones.
En 2009, un Trinitario mató a un Dominican Don´t Play en Madrid. Desde entonces, nada de nada hasta hace unos días, primero en Barcelona y después en Vallecas.
¿Qué ha ocurrido ahora? Los pocos expertos sobre el tema hablan del repliegue necesario de estos grupos, del descenso de los migrantes a nuestro país, de que la violencia ejercida se había reducido mucho, había pasado a ser de baja intensidad. Más amenazas y menos agresiones, un gran número de detenidos, el endurecimiento de las penas, de bla, bla, bla.
¿Y Ustedes piensan que lo que ocurre en Francia o Reino Unido nos queda muy lejos? Había una diferencia grande, sí. Que nuestra inmigración era más joven, más reciente. En los próximos años nos iremos encontrando con las segundas generaciones en un contexto socioeconómico gravísimo para perjudicar una adecuada integración. Cuando leí los primeros datos de la víctima del asesinato de Vallecas, me quedé con ese: español, nacido en Zaragoza, de procedencia dominicana.
No. No estamos ante unos españolitos de distintos orígenes que son terroristas o asesinos en potencia. Estamos ante el riesgo de no integración de una generación entera, que incluye a adolescentes y jóvenes, sea cual sea su origen o el de sus padres, que adopta patrones de identidad comunes tal y como lo hacían en los años 80 o 90 las tribus urbanas. Esos patrones, ahora con menor carga ideológica, están más asociados a los del entorno de las bandas latinas, porque sus códigos y orígenes se complementan mejor con la situación de los chicos:
- Sentimiento identitario,
- Referentes normativos
- Entorno afectivo.
Y así emprendemos el camino de retorno. Los datos de las detenciones del asesinato de Vallecas hablaba de un grupo compuesto por varios dominicanos, un español, un rumano y un peruano. Las bandas latinas es el actual sobrenombre de los grupos violentos. Y los grupos violentos son heterogéneos, cada vez más.
¿Qué hace un español en Dominican Don´t Play? ¿Cómo se llega a formar parte de uno de estos grupos?
Odio los post extensos. Es sobre lo que trataré de hablar en la siguiente entrada.

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