Documental histórico que aborda la manipulación del deporte por los fascismos tradicionales, aunque no faltan más ejemplos a lo largo del globo y de la historia. Recomendamos especialmente la parte final del documental que habla sobre la manipulación española del deporte . Los paralelismos con la actualidad y la selección de España saltan a la vista.Fútbol y
fascismo (Italia, Alemania y España)
La influencia de los dictadores Hitler, Mussolini y Franco en el fútbol
FUTBOL Y FASCISMO
De publicidad y patriotismo irracional
El futbol es la manifestación de un fascismo que permite destruir, ser vandálico, agredir, adueñarse de espacios públicos en nombre de una raza o de un equipo. Boskov afirmó que el futbol es futbol. No es así, es un arma política, es un asunto de Estado, es una estética que resalta valores raciales, es fascismo, dice la autora.
Foto © Mauro Zárate
Gran estudioso de Rembrandt y de la anatomía humana, retrataba en sus obras a personajes que eran la imagen fatalista y absoluta de una época de guerra y canibalismo, drogas y desamparo. Oníricas en su crueldad y brutalidad, llevaba el desnudo a límites que oscilaban entre la satisfacción, el hedonismo, la desolación y la miseria.
Sus temas eran, en el sentido de su momento, temas modernos; retrataba lo que veía, lo que vivía. Entre sus obras tiene unas pinturas de jugadores de futbol, que a pesar de la soberbia anatomía y el dinamismo de la imagen, Beckmann los representa en colores grises y contrastes de luz. Hay en estas imágenes un sentido de desilusión, de mal augurio de lo que sucedería con ese deporte y con la imagen atlética que fundaran los artistas griegos de la Antigüedad. Es un aviso sombrío del futbol como símbolo del fascismo, del totalitarismo, de los patriotismos irracionales y el racismo.
Durante siglos los griegos y los romanos alabaron y fomentaron el deporte como una forma de ser semidioses. Los deportistas que vencían en los juegos olímpicos tenían derecho a poseer esclavos, se coronaban con laureles y eran amantes de emperadores.
La disciplina y la belleza los hacía merecedores de admiración y placeres. Esto se convirtió en una causa para los cristianos, pues su labor de proselitismo y su misión de reformar al mundo incluía un acentuado desprecio por el cuerpo, la negación de la belleza física, de la desnudez de las estatuas. Los baños —centro de reunión de filósofos, poetas, políticos y deportistas— fueron cancelados.
Bañarse es un acto de lascivia y vanidad. Los santos viven en su inmundicia porque eso demuestra su humildad. San Agustín ordena mutilar las estatuas griegas y romanas, les rompen genitales, senos y surgen portentos maléficos: las mujeres afirman quedar embarazadas con la contemplación de una escultura de Apolo desnudo.
Pasaron siglos para que el ideal del cuerpo fuera un símbolo de la sociedad, para que la excelencia en el deporte fuera una meta de una raza. Fue con los nazis, fue con los fascistas. Que cambiaron el ideal del cuerpo, la mística hedonista del placer, por el concepto de raza. Pervirtiendo la gran herencia filosófica de la Antigüedad en una obra criminal de propaganda. Las esculturas de Arno Breker, que son el enaltecimiento de la raza que tenía derecho superior sobre el resto, la raza que los nuevos dioses amaban. Desposeídas de la nobleza de la Antigüedad estas esculturas son superhéroes colosales que podían destruir, que inspiraban miedo, más que idealismo y devoción.
Arno Breker
El deporte que obliga a países a enfrentarse unos contra otros hace de la raza la ganadora del certamen, hace de la estructura genética —que es una arbitrariedad de la naturaleza— parte de la competencia. Las imágenes que crearon Leni Riefenstahl y Arno Breker en un servicio al partido nazi son las mismas que hoy se explotan en la publicidad avasalladora de los campeonatos de futbol.
La actitud de los modelos, que son los futbolistas, son las mismas de las estatuas de Breker, las imágenes que los directores de cine imitan son las que inventó Riefenstahl para el placer de Hitler. La actitud y devoción que demuestran los fanáticos en los anuncios es la misma de las multitudes en los mítines fascistas o nazis.
Los Estados se involucran en los partidos como lo hiciera Mussolini, que llegó a intervenir en el desarrollo de la Copa Mundial de 1934 y Hitler en los Juegos Olímpicos y la Copa de 1938. El futbol fue parte de la estrategia de propaganda del Generalísimo Franco, que amaba y promovía al Real Madrid como símbolo de la unidad de la España que forjó matando a cientos de miles de republicanos. Esto podría ser historia si no fuera porque los patrones se repiten en cada jornada de futbol nacional o mundial. El racismo es el tema de los partidos, el racismo es el tema de los anuncios publicitarios, la explotación de un patriotismo irracional surge en el amor por un país que podemos odiar pero que, si se enfrenta a otro, lo defendemos.
Porque esa es la excusa perfecta para definir quién es diferente, quién es el otro. En nuestra sociedad, con perpetuo síndrome de inferioridad, el futbol es el detonador para crear un concepto de raza que en otras circunstancias no existe, para definir quiénes somos.
La sociedad mexicana, eminentemente racista, en donde las clases sociales y el aspecto son una razón más que suficiente para humillar e insultar, donde la apariencia indígena es motivo de burla e insulto nacional, donde las preferencias sexuales son denigradas, llega el futbol y crea una raza superior: la de los fanáticos. Que se ampara por una estética fascista y nazi, una estética kitsch, exacerbada y demencial que incita a odiar al que no participa de este rito salvaje. Vemos anuncios de cerveza en donde miles de personas cantan con el puño levantado y ondean banderas; el Estado se entrega sin pudor a este orgasmo colectivo para enaltecer la desvergüenza de no pensar.
Los símbolos y las actitudes que en otras circunstancias se condenan y multan, merecedores de cárcel por incitar al odio racial y la xenofobia, en el futbol son parte de la pasión por el deporte. El futbol es la manifestación de un fascismo que permite destruir, ser vandálico, agredir, adueñarse de espacios públicos en nombre de una raza o de un equipo. Boskov afirmó que el futbol es futbol. No es así, es un arma política, es un asunto de Estado, es una estética que resalta valores raciales, es fascismo. ®


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