Jorge Mario Bergoglio, a partir de ahora, Francisco, o nuestro más castizo Paco, es el primer Papa jesuita y latinoamericano, pero ¡ojo, no confundamos. De descendencia italiana por padre y madre, nada de mestizo, ni amerindio ni cosa por el estilo, que hasta ahí la Santa Curia no ha llegado.
Sin embargo, su nombramiento logrará un mayor equilibrio de fuerzas en el Vaticano, que el Papa Juan Pablo II había roto a favor del Opus y los Legionarios de Cristo, desplazando a los jesuitas. También se encargó en viejo anticomunista de acabar con todos los teólogos de la Liberación, que lucharon y hasta murieron o fueron brutalmente asesinados, desde sacerdotes hasta obispos, en alguna de las dictaduras del continente americano.
También la hubo en Argentina, donde la jerarquía eclesiástica, representada por Bergoglio, no se enfrentó, sino que más bien cooperó con ella. Es la historia eterna de la Iglesia ante toda dictadura; no podemos olvidar que su lema "Trono y Altar", hoy en día variado por el más moderno "Poder y Altar", siempre ha guiado su forma de actuar, sea con los nazis, los fascistas o el franquismo. Tal vez, si en lugar de levantar la voz diciendo que se está haciendo una campaña de desprestigio sobre el nuevo Papa por parte de la izquierda laica y anticlerical, Francisco pidiera perdón por este pasado e hiciera más transparente el funcionamiento de la Iglesia, conseguiría apuntarse un tanto de credibilidad que tanto necesita.
Pero, qué motivos han conducido a la Curia a escoger un Papa latinoamericano y de las características de Bergoglio
Documento oficial de la Iglesia de apoyo a la
Dictadura, para evitar el marxismo
Primero. Es de una zona en que la Iglesia Católica está perdiendo muchos seguidores y en que muchos países, hartos de ser esclavos del amo del norte, de las multinacionales y del FMI y el BM (Banco Mundial), se han rebelado contra sus antiguos amos, – incluyendo los todopoderosos FMI y BM – han hecho una auditoría de su deuda externa y pagarán lo que sea legal y les toque, están regidos por ateos o agnósticos que son partidarios del estado laico y de no sostener a la Iglesia con dinero público. Y este fenómeno se va contagiando a los demás países, por lo que la Iglesia, puede jugar un papel elemental para hacer volver al rebaño por la buena senda.
Segundo. Es un hombre machista, homófobo, antiabortista y ortodoxo, por lo que no hay miedo de que intente abordar cambios tan peligrosos, como el celibato, el intento de igualdad de la mujer en la Iglesia, el matrimonio homosexual…, y otros que pondrían en un aprieto a los más cavernícolas.
Tercero. Este año cumplirá 77 años, una edad ideal para enfrentarse a ese nido de víboras que es la Curia Vaticana, el IOR, poner orden en las finanzas, luchar contra la corrupción, modernizar la Iglesia montando un nuevo Concilio para tratar precisamente los temas que a él no le gustan, viajar y cumplir los intereses de la Iglesia para hacer apostolado,¡no!, no podría con todo eso a su edad.
Como mucho tendrá ciertos gestos de esos que tanto gustan a los simples, como vestir con más humildad, sin crucifijos de oro en el pecho, viajar en microbuses y no en coches de lujo, incluso – al igual que hizo Juan Pablo I – pasear por los barrios pobres de Roma, lo que puso los pelos de punta a la Curia, y cosas así, pero nada más. En el mejor de los casos – y ya sería mucho – logre, con ayuda de la orden jesuita arreglar un poco las finanzas y equilibrar las fuerzas dentro de la Curia, eliminando corruptos en pederastia y en economía, cosa con la que Benedicto no se veía ya con fuerzas, y poner fin al famoso informe del Vatileaks, expulsando de la Iglesia a quien tenga que hacerlo.
Aquí sí que creo que no le temblará la mano.
Y si además tiene el gran detalle de disculparse por las nubes de su pasado, que son las de toda la Iglesia, no sólo las suyas, después de todo, el Palomo Santo no se habrá equivocado tanto, porque desengañémonos, papas progresistas y de espíritu abierto no los verán nuestros ojos, ni con un Cónclave fumado
Segundo. Es un hombre machista, homófobo, antiabortista y ortodoxo, por lo que no hay miedo de que intente abordar cambios tan peligrosos, como el celibato, el intento de igualdad de la mujer en la Iglesia, el matrimonio homosexual…, y otros que pondrían en un aprieto a los más cavernícolas.
Tercero. Este año cumplirá 77 años, una edad ideal para enfrentarse a ese nido de víboras que es la Curia Vaticana, el IOR, poner orden en las finanzas, luchar contra la corrupción, modernizar la Iglesia montando un nuevo Concilio para tratar precisamente los temas que a él no le gustan, viajar y cumplir los intereses de la Iglesia para hacer apostolado,¡no!, no podría con todo eso a su edad.
Como mucho tendrá ciertos gestos de esos que tanto gustan a los simples, como vestir con más humildad, sin crucifijos de oro en el pecho, viajar en microbuses y no en coches de lujo, incluso – al igual que hizo Juan Pablo I – pasear por los barrios pobres de Roma, lo que puso los pelos de punta a la Curia, y cosas así, pero nada más. En el mejor de los casos – y ya sería mucho – logre, con ayuda de la orden jesuita arreglar un poco las finanzas y equilibrar las fuerzas dentro de la Curia, eliminando corruptos en pederastia y en economía, cosa con la que Benedicto no se veía ya con fuerzas, y poner fin al famoso informe del Vatileaks, expulsando de la Iglesia a quien tenga que hacerlo.
Aquí sí que creo que no le temblará la mano.
Y si además tiene el gran detalle de disculparse por las nubes de su pasado, que son las de toda la Iglesia, no sólo las suyas, después de todo, el Palomo Santo no se habrá equivocado tanto, porque desengañémonos, papas progresistas y de espíritu abierto no los verán nuestros ojos, ni con un Cónclave fumado

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