Conflictos mundiales * Blog La cordura emprende la batalla


miércoles, 17 de abril de 2013

Liberia y su perro



Espero encontrarme en ese paraíso con todos los animales que compartieron mi vida y envejecieron a mi lado; no quiero ir a ningún lugar si no me reencuentro de nuevo con ellos.

Los disfruté mucho y me dieron su amor desinteresado, aunque me enfadaba por sus travesuras me lamían la mano como pidiéndome perdón por sacarme de mis casillas y me miraban como diciéndome que lo sentían. La fidelidad que cada uno de ellos me mostró durante su vida no la he encontrado ni en mis mejores amigos al cabo de los años.

Mi primer perro se llamaba Dik, un pointer leal y bueno como él solo, que me quitó el miedo que me metió años antes un pequinés que hincó sus dientes en mi pierna pese a haberlo acariciado varias veces. El segundo fue un pastor alemán al que le pusimos Mencey (rey en guanche), por su valentía desde muy pequeño. Cuidaba de mis hijos casi tanto como yo y nadie se acercaba a ellos si mis hijos no le decían que no pasaba nada.

 Murió envenenado por un vecino nuestro, maldito cabrón que desde su casa apedreaba a cuantos animales pasaban a tres metros delante de la misma, y nos envenenó a este fiel amigo y no pudimos hacer nada por él. Para consolarme de esta pérdida, me regalaron a Sipsel una perra mestiza inteligente como ella sola.


Nos ayudaba en todo lo que podía sin haberla enseñado nadie.

 Nos cogía cualquier cosa de las manos y la llevaba a quien oía que la pedía.

 La quise con locura!!!!

Al cabo de un año, día por día se nos perdió y por mucho que la buscamos con desesperación por todas partes, no dimos con ella. Fuimos al albergue municipal a ver si alguien la había llevado allí, pero nada. En ese mismo lugar nos llamó la atención una perra que, mientras sus congéneres ladraban como locos, ella estaba encogida en un lado con la cabeza gacha, aguantando la fina lluvia que caía. Estaba delgada como un palillo. Su mirada buscó la mía y le pregunté a mi hijo si nos la llevábamos porque me llegó al corazón; me dijo que si e hicimos los trámites para ello.

Al día siguiente nuestro veterinario me riñó por haberme traído un perro en esas condiciones y me dijo que estaba muy mal. Le dije: haz lo que sea y sálvala! Al cabo de un mes la perra estaba perfectamente bien. Tana fue muy buena, leal y cariñosa y siempre agradeció con su amor el gesto que tuvimos con ella.

Al cabo de un tiempo me trajeron de golpe una pareja de Pachones Navarros de apenas un mes...

 Tolo y Tula. Me encandilaron desde el mismo momento que los vi con sus naricillas partidas y sus largas orejas; me tocaba subirlas encima de sus testas y sujetarlas mientras comían para evitar que se las comiesen dentro de sus cacharritos de comida. Tula, la hembra, salió mucho más inteligente que Tolo, que era bastante macarra pese a su cara tristona y de perro bueno; lo era, pero no nos podíamos descuidar con nuestros gatos, que también tenía, una vez le quitamos de su boca a nuestro gato persa que, afortunadamente debido a su abundante pelaje no le pasó nada.



Al año y medio casamos a Tolo y Tula y de esta unión salieron nada menos que 7 perritos a cual más precioso. Debido a que Tula tenía el morro más partido de lo normal, tres de sus hijitos sacaron este defecto más acentuado y les impedía respirar y mamar bien y se atragantaban. Dos de ellos murieron y sobrevivió una perrita que le pusimos de nombre Yeray a la que cuidamos con todo mimo y dedicación que requería y nos lo pagó con creces con el amor que nos dio. Criamos y vendimos los otros y se me desgarró el corazón cuando se los llevaron...

Su papá Tolo falleció tras un año de tratamiento de lehismaniosis pese a que lo estábamos tratando con unas caras inyecciones.


Yeray nos dio unos años fantásticos de amor y, pese a tener una minusvalía, nos dio mucho más amor del que nosotros le dimos que no fue poco... Falleció por una embolia gaseosa que le produjo una inyección mal puesta por una veterinaria inexperta que duró poco en la clínica donde siempre íbamos, pero ese día no estaba Juan nuestro veterinario que conocía a Yeray y toda su historia clínica. En este grupo perruno también estaba XAXA... una Root Wailer preciosa que me regalaron.


 La perra más buena y leal si cabe de todos los que he tenido que fueron los mejores perros del mundo en nuestra familia. XaXa murió porque mi ex se empeñó en emparejarla un día de verano con un calor de muerte, con un macho mayor que ella; mi ex y un amigo suyo lo hicieron a mis espaldas, pese a saber que nuestro veterinario le dijo a este que no se le ocurriese emparejarla con el de su amigo.

 A las pocas horas murió porque el macho era demasiado grande para ella y le reventó los riñones. (No comento lo que les dije a ambos, a mi ex y a su amigo que querían hacer un buen negocio con mi perra que era preciosa) Finalmente quedó Tula que murió de viejecita a nuestro lado y la lloré mucho porque tuvimos ambas una conexión como nadie se puede imaginar.


Actualmente no tengo ningún perro porque el Ayuntamiento de mi ciudad me expropió una casa maravillosa, lo suficientemente grande como para tener no solo a mis perros y gatos sino a otros animales de menos tamaño que nos dieron todo el cariño y la alegría que nadie en el mundo de los humanos me dará jamás.

Este escrito es un homenaje a todos ellos y deseo poderlos ver a todos en ese paraíso que dicen que hay. Así lo espero pues de lo contrario cuando me muera me sumiré en la nada sin más!

Liberia Hernandez



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