Si, esto son mas bien las Cortes Orgánicas!
El fin del Parlamento
La celebración de una sesión plenaria, el encuentro de todos los representantes de la oposición y del grupo que apoya al gobierno, de todas las bancadas, es un homenaje a la libertad, a la democracia y al progreso.
...
No puede haber límites al debate, sino transparencia en el quehacer diario de los diputados y, especialmente, del gobierno que debe ser controlado, fiscalizado, preguntado, por todos aquellos que ordenadamente así lo requieran.
Pero cuando los hechos de corrupción convierten a un gobierno en el centro de la sospecha, cuando bajo los sillones del gobierno se crea una pestilente fosa séptica de cuyo olor es difícil apartarse, en ese caso, la labor de la oposición se vuelve completamente imprescindible.
La muerte del parlamentarismo se produce cuando el presidente del gobierno es capaz de decirle al presidente del parlamento regional lo que tiene que hacer, si expulsar o no a una diputada, cómo ordenar el debate o simplemente qué hacer. Ni puede, ni debe, un presidente de un parlamento seguir las instrucciones del presidente del gobierno al que tiene que fiscalizar.
El fin de la democracia nace cuando siquiera las formas se respetan. Cuando no se cumple el reglamento. Cuando se expulsa a una diputada por decir prácticamente lo mismo que señalan los informes de la policía. Cuando ni siquiera se cumple la norma al no ser apercibida tres veces.
Una cosa es que nos mientan con el déficit público, o que no digan la verdad con respecto a los gastos, y otra bien distinta es que puedan parecer que presuntamente ocultan el delito.
Sin transparencia, sin control parlamentario, sin libertad de los diputados, sin cumplimiento del articulado aprobado por el propio parlamento, la democracia se diluye como un azucarillo en un vaso de agua hirviendo.
Como debería hervir la sangre de la gente honrada al comprobar cómo fraccionaban los pagos para que no pudiera notarse lo que estaban robando. Un país libre necesita una prensa libre, gobiernos eficientes y honrados, parlamentos transparentes, diputados capaces y ciudadanos informados de lo que realmente está ocurriendo.
(@AntonioMiguelC)
El fin del Parlamento
La celebración de una sesión plenaria, el encuentro de todos los representantes de la oposición y del grupo que apoya al gobierno, de todas las bancadas, es un homenaje a la libertad, a la democracia y al progreso.
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No puede haber límites al debate, sino transparencia en el quehacer diario de los diputados y, especialmente, del gobierno que debe ser controlado, fiscalizado, preguntado, por todos aquellos que ordenadamente así lo requieran.
Pero cuando los hechos de corrupción convierten a un gobierno en el centro de la sospecha, cuando bajo los sillones del gobierno se crea una pestilente fosa séptica de cuyo olor es difícil apartarse, en ese caso, la labor de la oposición se vuelve completamente imprescindible.
La muerte del parlamentarismo se produce cuando el presidente del gobierno es capaz de decirle al presidente del parlamento regional lo que tiene que hacer, si expulsar o no a una diputada, cómo ordenar el debate o simplemente qué hacer. Ni puede, ni debe, un presidente de un parlamento seguir las instrucciones del presidente del gobierno al que tiene que fiscalizar.
El fin de la democracia nace cuando siquiera las formas se respetan. Cuando no se cumple el reglamento. Cuando se expulsa a una diputada por decir prácticamente lo mismo que señalan los informes de la policía. Cuando ni siquiera se cumple la norma al no ser apercibida tres veces.
Una cosa es que nos mientan con el déficit público, o que no digan la verdad con respecto a los gastos, y otra bien distinta es que puedan parecer que presuntamente ocultan el delito.
Sin transparencia, sin control parlamentario, sin libertad de los diputados, sin cumplimiento del articulado aprobado por el propio parlamento, la democracia se diluye como un azucarillo en un vaso de agua hirviendo.
Como debería hervir la sangre de la gente honrada al comprobar cómo fraccionaban los pagos para que no pudiera notarse lo que estaban robando. Un país libre necesita una prensa libre, gobiernos eficientes y honrados, parlamentos transparentes, diputados capaces y ciudadanos informados de lo que realmente está ocurriendo.
(@AntonioMiguelC)


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