La industria farmacéutica no suministra decenas de medicamentos importantes, muchos de ellos para patologías crónicas como la diabetes, la hipertensión, el asma o el glaucoma, porque han dejado de ser rentables. Para algunos no hay fármacos alternativos y en algunas comunidades se ha vuelto a la fórmula magistral para elaborar el principio activo en las farmacias. El presidente de la Unión de Consumidores de Aragón, José Ángel Oliván, entiende que "el tercer mundo farmacéutico ya está aquí".
En opinión de Oliván, existen varias explicaciones. "En primer lugar se nos dice que algunos medicamentos, antiguos, muy eficaces y muy baratos, no resultan ya rentables para sus fabricantes que pretenden sustituirlos por otros de similar eficacia pero de precio superior, por ello dejan de fabricar el barato para que tengamos que comprar el caro".
Otra explicación es que las empresas del sector, tanto los fabricantes como los distribuidores, "ven un lucrativo negocio en vender en países de la Europa rica los medicamentos destinados a nuestro país, pudiendo obtener precios superiores en un 400% si desvían sus existencias hacia ellos", afirma.
Oliván habla también de un pulso entre las empresas del sector con el Ministerio a cuenta de los precios de los medicamentos sufragados por la Administración y por el sistema de financiación y pago de los mismos.
"Sobre todo esto cabe hacer dos reflexiones. La primera es que llama la atención que ninguna de estas razones es médica, ni tiene que ver con la función de las empresas y de las administraciones sanitarias, que no debería ser otra que la salud y bienestar de las personas", señala en un artículo.
El presidente de la organización de consumidores recuerda que "se ha podido recortar en condiciones laborales de los trabajadores sanitarios, en prestaciones a los usuarios o en el número de usuarios atendidos. Se ha podido obligar a los enfermos a incrementar la parte que pagan de los medicamentos, pero es imposible poner freno a los beneficios y a la codicia de las empresas privadas que controlan el sector farmacéutico del sistema sanitario".
Oliván señala que los políticos tienen la obligación de "garantizar que nuestros enfermos sufrirán lo menos posible y que encontraremos en las farmacias los medicamentos que necesitamos. Familias de clase media que creían vivir en un país avanzado se han visto de repente arrojadas a la cruda realidad de una Administración que no garantiza el suministro de medicamentos. El tercer mundo ya está aquí".


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