En estos tiempos que corren de rabia e indignación las lenguas y los teclados se disparan como cañones, nunca se debe insultar, mi padre decía que no hay ninguna cosa tan seria que no se pueda decir con una sonrisa. Pero las cosas se deben decir, no se deben quedar dentro, eso es muy malo y si alguien es un ladrón o un criminal es necesario denunciarlo, para eso no es necesario acordarse de su madre. Que una persona haya sido asesinada es muy grave pero no por ello, después de condenar el crimen, sea por el motivo que sea, nunca se debe quitar la vida a otro ser humano, pero tampoco por el hecho de ser una persona asesinada si era un ser vil, pasa a ser una persona honorable, ni al revés tampoco.
Las personas somos lo que somos y lo que fuimos, que hayan muerto no
hacen honorables a seres tan despreciables y criminales como, Felipe V,
Isabel de Farnesio, Carlos IV, Fernando VII, al general Franco o a otros
criminales.
El insulto siempre está demás, pero la libertad de expresión siempre
debe estar en su justa medida, la justa medida de la libertad de
expresión no es la que quiera imponer el tirano, el dictador o los
gobernantes de turno. La libertad de expresión en su justa medida es la
de decir lo que te dé la gana, sin mentir ni falta al respeto a las
personas. Pero si esas personas son o han sido unos ladrones, unos
corruptos o unos criminales, decirlo o denunciarlo no es faltar al
respeto, es ejercitar la libertad de expresión.
Es muy grave el intentar controlar los comentarios que se producen en
las redes sociales, que como tales, son espontáneos y no son diferentes
esos comentarios a los que se puedan producir en un bar o en una
tertulia entre amigos y que al igual en la calle o en cualquier lugar,
si se producen amenazas o coacciones deben estar penados de acuerdo a la
ley. Ni las amenazas ni la coacción se pueden ni se deben permitir, ni
por parte de los ciudadanos ni mucho menos de sus gobernantes, como está
ocurriendo en estos momentos, que diversas voces amenazan a los
ciudadanos con perseguirles judicialmente por ejercer su libertad de
expresión o manifestación y se les coaccionan para impedirles que la
ejerzan esos derechos.
Contrasta este interés por coartar y coaccionar a los ciudadanos para
impedirles su libertad de expresión y de ¿pensamiento?, con el nulo
interés que muestran nuestros gobernantes por perseguir a delincuentes
de traje y corbata, a corruptos, banqueros, políticos y grandes
empresarios que con sus acciones y omisiones están causando la ruina y
la muerte de muchos ciudadanos y algo muy llamativo, se deja en
libertad a narcotraficantes internacionales. ¿Debemos pensar que el
gobierno es cómplice de dichos delincuentes? Me gustaría pensar que no,
me temo que es pedir peras al olmo pretender que ahora ocurra algo
diferente y se persiga a personas implicadas en graves casos de
corrupción, blanqueo de capitales, estafas y narcotrafico, cuando
presuntamente han colaborado con determinados partidos políticos con
sobresueldos y prebendas.
Al menos que por lo menos a los ciudadanos se nos permita el derecho al
pataleo, porque la democracia sin libertad de expresión nunca se puede
considerar como tal, aunque a la presunta "democracia" española le
faltan multitud de componentes esenciales que debieran darse en una
democracia y que están muy lejos de darse en este país que se llama
España, un ejemplo claro de lo que nunca debe confundirse con un Estado
basado en la ética, la justicia social y la democracia.
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