Hay quien
considera a Gianluigi Nuzzi como el azote del Vaticano, tras la
publicación de los libros de investigación que han hecho salir a la luz
algunos de los más inconfesables secretos hasta ahora bien guardados
tras los espesos muros de la Santa Sede.
Primero fue Vaticano
S.A., que en el 2009 puso en evidencia las peligrosas relaciones
financieras y políticas del Instituto para las Obras de Religión y sus
contactos con la mafia (en la estela de David Yallop y su En nombre de
Dios, de 1984). En el 2012, Nuzzi volvió a las librerías con Sua
Santitá, en el que publicó cartas secretas del papa Benedicto XVI
provocando el escándalo Vatileaks, que se cerró con la condena del
mayordomo papal Paolo Gabriele. De nuevo este periodista de 45 años, que
ha colaborado con algunos de los más importantes periódicos y revistas
italianos, como L?Europeo, Corriere della Sera, Il Giornale o Panorama, y
que ha dirigido varios programas de televisión, vuelve a la carga con
un nuevo libro, Via Crucis, en el que cuenta las luchas internas
vaticanas y la dificultad del papa Francisco para llevar adelante su
programa de reformas.
-¿Por qué el título «Via Crucis»? ¿Es el viacrucis de Francisco?
-Sí, sin
duda. Es la historia, estación a estación, del viacrucis de Francisco
para reformar la Iglesia: las zonas oscuras, la inercia, los negocios
deshonestos que encuentra, las dificultades que tiene que afrontar para
llevar adelante reformas con la hostilidad de parte de la curia...
-Muchos lo acusan de haber lanzado un ataque durísimo contra el papa.
-Son
acusaciones ridículas, dictadas de quien no quiere que se conozca la
verdad. Basta leer el libro para descubrir fácilmente que no hay ni una
sola palabra contra el pontífice sino que se cuentan hechos inéditos,
desconocidos hasta ahora por la opinión pública, descubiertos por una
comisión de investigación instituida por el papa justo para combatir la
corrupción, los gastos sin control y los privilegios. Es un libro que
pone al descubierto a quien actúa a título personal desacreditando al
Vaticano.
-El libro empieza contando la extraña muerte de Juan Pablo I. ¿Existe algún parangón con la actualidad?
-En mis
investigaciones he encontrado muchos puntos en común entre Juan Pablo I y
Francisco: ambos son muy queridos por el pueblo, por los católicos pero
también por los ateos, quieren poner la pobreza y los pobres en el
centro de su pontificado, intentan cambiar la curia para que sea más
honesta y transparente. Según la versión oficial, Juan Pablo I murió por
causas naturales, pero no todos están convencidos de una muerte así
solo 33 días tras ser elegido papa. Muchos de los que lo aman creen que
lo mataron. Hoy los riesgos que corre Francisco son distintos: quien
teme sus cambios intenta deslegitimarlo, frena y pone obstáculos a las
reformas, que ya están retrasadas según el calendario fijado.
-¿Está solo el papa en el Vaticano? ¿De quién puede fiarse si hasta el cardenal Pell está en entredicho?
-No creo
que el papa esté solo, sobre todo tiene de su parte al pueblo que con
alegría llena la plaza de San Pedro, y a tantos sacerdotes que día a
día, gracias a Francisco, conquistan posiciones de responsabilidad. Es
cierto que en el Vaticano tiene enemigos, pero no son solo personas. El
mayor enemigo es la inercia y el desinterés de quien en el Vaticano no
colabora en los cambios. Es un problema de mentalidad, si no se cambia,
todo quedará como al principio. Francisco está intentando cambiar las
cosas, la mentalidad, las leyes y también a las personas en los puestos
de mando. Es una empresa difícil que lleva tiempo y que en mi libro se
cuenta con detalle.
-De la
lectura de «Via Crucis» se deduce que la lucha de poder viene del papado
de Benedicto XVI e incluso de los últimos años de Juan Pablo II. Ahora
con un papa jesuita, ¿cuál es el papel del Opus Dei, al que pertenece
monseñor Vallejo Balda, detenido?
-El papel
del Opus Dei ha ido disminuyendo, sea con Ratzinger, sea ahora con
Bergoglio. Pero no podemos olvidar que una de las prioridades de
Francisco es tener unida a la Iglesia y él se prodiga siempre para
superar las tensiones y «mirar adelante» como repite a sus colaboradores
[Francisco ha distinguido a clérigos vinculados al Opus con posiciones
relevantes, como el cardenal español Santos Abril, que conoció en
Argentina y nombró presidente de la comisión cardenalicia de vigilancia
del Instituto para las Obras de Religión].
-Su
libro «Via Crucis» y el de Emiliano Fittipaldi, «Avarizia», tratan temas
comunes: la fábrica de santos, el Óbolo de san Pedro... Hay la
sensación de que en el Vaticano hay secretos a voces, que todos saben
pero nadie cuenta. La duda parece ser esclarecer cuál es el papel de los
«topos», ¿denunciar o desestabilizar?
-A mí los
topos no me interesan. Busco noticias y si son importantes, las publico:
la crónica de la verdad no desestabilizan sino que ayuda a entender.
-¿Se puede hablar de una casta religiosa dentro de la curia vaticana?
-Es cierto
que una parte de la curia romana vive en casas de 300 o 400 metros
cuadrados a coste cero, utiliza descuentos y beneficios, y que con
juegos de poder consigue emplear a amigos de los amigos, concede casas
del Vaticano con alquileres de 20 euros al año? Sí, esta casta existe y
se cuenta en el libro.
-Personalmente, ¿cree que este papa conseguirá renovar la Iglesia?
-Por supuesto. A título personal es exactamente lo que espero.
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