Lo que este Gobierno lacayo de los
intereses financieros ha hecho hoy con el general Julio Rodríguez hiede a
concepto de patria casposa, de patria al estilo de Torrente, de esa que
algunos pasean por el terruñal hispano como Estrellita Castro la bata
de cola, a ritmo de pasodoble y banderita, pulserita rojigualda,
soldadito español, bienvenido míster Marshall…
Todo revuelto como en
maleta de la Piquer, con pegatinas de Aznar, escudos del aguilucho y
flechitas de Falange.
Bajo una visión asnal y torticera de la
política solo consideran patriotas a los que ellos llaman “gente de
bien” y los perroflautas no son “como Dios manda” porque no pavonean
banderitas ni pulseritas ni chalequitos del lagarto. Esos no son
patriotas ni España es suya. Así lo decidieron en su cutrez ideológica y
así lo asume una parte considerable de la sociedad española.
Y que el
jefe del Estado Mayor del Ejército, de “su Ejército”, todo un símbolo
para ellos, se arrejunte con perroflautas les ha sentado como una patada
en los cojones. Pérdida de confianza. Con eso está dicho todo.
La confianza la tienen ellos en Rodrigo
Rato, por ejemplo, siempre emperifollado, oloroso a colonia de marca en
su blancura nacarada de muñeca de los 50, digno de ser recibido en su
despacho por el mismísimo ministro del Interior. O en Bárcenas. O en
aquellos en los que confiaba la gurtelesa y luego la engañaron.
O en
aquel militar con apellido de herramienta barbera que celebró el golpe
de Estado de su padre y, lejos de perder la confianza, fue ascendido. O
en aquel del acoso sexual a su subordinada. O en aquellos que limpiaron
España de rojos en la gloriosa cruzada nacional y cuyo nombre se
resisten a quitar de las calles. Esos sí son dignos de confianza.
El general Julio Rodríguez no, este ya
no es de nuestra clase, nos ha traicionado, ha preferido a la gente y
desdeña banderitas y pines. Este no es patriota. A saber si alguna vez
ha vestido politos del lagarto o calzado castellanos con moña o Rebook
blancas con cordones. Hay que cesarlo. De cargos que no tiene porque
está en la reserva, pero cesarlo, aunque él mismo se haya cesado ya.
Y
ustedes cavilarán: Él se cesó la semana pasada. El cese es automático.
El Gobierno no puede revocar el cese. El general ha actuado en base al
punto 2 del art. 52 de la Ley Orgánica 9/2011. Entonces, ¿de qué coño lo
han cesado?
Pues de ser español y patriota, ¿les
parece poco? Aquí son patriotas los que digan ellos –principalmente esa
caterva de golfos y gánsteres que se nos están comiendo hasta las
tripas. Los demás somos todos traidores. Y cuesta creer que nos hayamos
dejado robar hasta los símbolos. España es tan mía como de usted, y del
general Julio Rodríguez, y de los comunistas, y de los socialistas, y de
ellos y de los que no son de nada.
Nosotros, la gente del pueblo toda,
es la que debe decir quién es patriota y quién no, quién es un gánster o
un hombre como Dios manda, no ellos, y los estamos dejando decidir,
clasificarnos y juzgarnos.
Un militar que celebra el golpe de
Estado que dio su padre merece un ascenso en nombre de la patria y el
general Rodríguez un cese; quien roba una bicicleta va a la cárcel y
Blesa, Rato y Bárcenas a la calle. Tú eres patriota, tú no lo eres; tú
eres honrado, tú un ladrón. Esa línea moral la están marcando ellos, no
nosotros, y la están marcando desde lo más siniestro que pueda tener la
condición humana, desde la carencia de valores, desde la ausencia de
principios.
Si nos confiamos, terminarán pudriéndonos a todos. Y lo que
es peor, terminaremos haciendo el gilipollas y paseándonos por la calle
con politos del lagarto y gomina en los rizos, defendiendo a los
ladrones y criminalizando a las víctimas, solo por demostrar que somos
personas “como Dios manda” y no perroflautas antisistema. Bien por el
general Rodríguez, bien, muy bien.
Viva su valor y viva su honor, su
compromiso con España y con el pueblo español. Y desde luego, ¡viva
España! –no arriba España-. Porque España somos todos y es de todos, no
solo de ellos. Ya es hora de que lo vayan sabiendo.
A ver si somos
capaces de erradicar de una vez el patrioterismo casposo y cañí y de
instaurar un patriotismo decente.

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