"¿Sabe usted cuántas personas (fundamentalmente niñas y mujeres)
son esclavizadas sexualmente en las calles de las grandes ciudades del
mundo?", pregunta Álvarez
¿Estamos dispuestos a que
el liberalismo económico mercantilice los cuerpos de millones de
personas como mercancía reutilizable?
¿Tan degradados estamos que vemos “normal” que los cuerpos de las
personas sean tratados como objetos y puedan, por tanto, venderse o
alquilarse?
¿Sabe usted cuántas personas
(fundamentalmente niñas y mujeres) son esclavizadas sexualmente en las
calles de las grandes ciudades del mundo?
Además de declaraciones institucionales ¿qué más cree usted necesario
hacer para acabar con la explotación sexual de aquellas jóvenes
asiáticas, latinas, africanas, europeas (y españolas) que son captadas
con violencia o seducción, con engaño, coacciones o aprovechamiento de
necesidad y que son, primero expuestas, y después utilizadas sexualmente
(previo pago) en calles, clubes, pisos, o a través de catálogo en la
red?
¿Cree usted que
se precisan acciones realmente efectivas en la lucha contra la trata de
seres humanos con fines de explotación sexual?
Debe saber que España ya se sumó al consenso internacional que
considera la trata como un delito de lesa humanidad, y al hacerlo
adquirimos el compromiso de prevenir estas prácticas, procesar a los
autores del delito y proteger de manera efectiva a las víctimas. Sin
embargo, poco parece que cambia y el crecimiento de prostíbulos y
proxenetas en España es imparable.
Esto ocurre como consecuencia de una legislación contradictoria que
elude el hecho de que la trata tiene un marcado componente de género y
que es la explotación de la prostitución ajena, la pornografía, los
espectáculos de carácter sexual y el turismo sexual lo que representa el
grueso de la trata que se convierte así en el medio para proveer de
mujeres y niñas al “mercado de la prostitución”.
La entrada en vigor de convenios internacionales tan elementales como
el de Protocolo de Palermo y el de Varsovia ha sido complementada con
actividad normativa en los diferentes estados y España ya desarrolla los
mandatos de los convenios internacionales gracias a trasposiciones
normativas que han ampliado la acción de la justicia y protocolizado las
acciones policiales y de intervención social para proteger a las
víctimas. Sin embargo, todos estos esfuerzos parecen inútiles y la
industria del sexo crece exponencialmente en España al amparo de una
legislación permisiva que alimenta que cientos de mujeres sean
ofrecidas en paquetes 'low cost', con copa incluida, en cientos de
locales establecidos a las afueras de los pueblos o en el centro de las
ciudades.
Vamos mal si no
se combate el origen del problema. Que alguien pueda establecer un
sistema empresarial prostituidor, para inundar el mercado de mujeres a
las que poder utilizar sexualmente, debe ser combatido con claridad.
Nadie debe ser beneficiario de la prostitución ajena.
Ni tan siquiera la hipocresía puede ocultar que la trata de personas,
con fines de explotación sexual, se aviva por la desigualdad entre los
géneros y la falta de igualdad de oportunidades y que es la demanda de
prostitución el factor que contribuye a promover, alentar y sostener uno
de los mayores negocios ilícitos del mundo. Esta es la verdad incómoda
que el sistema se niega a aceptar porque son cientos de miles quienes
demandan diariamente servicios sexuales bajo pago y quienes necesitan
creer que es “natural” que el acceso sexual al cuerpo de las mujeres se
pueda hacer bajo precio.
El
'Informe de la relatora especial sobre los Derechos Humanos de las
víctimas de la trata de personas, especialmente mujeres y niños' (ONU)
ya ha considerado como “evidente” que la mayor parte de la prostitución
implica uno o varios de los medios ilícitos señalados en el apartado a)
del artículo 3 del Protocolo de Palermo, y que por lo tanto constituye
trata.
Lo dice el informe y
lo sabemos todas/os nosotros. Ni tan siquiera la coartada de la
supuesta libertad de unas pocas puede servir de cortina para ocultar
este escenario de explotación.
Los pasos dados hasta el momento han obtenido escasos resultados. Si de
verdad esta realidad pretende ser combatida, no cabe mirar tan solo los
aspectos relacionados con la reparación del daño a las víctimas. El
modelo de intervención paliativo poco soluciona, más allá de ser un
bálsamo para quien sufrió o sufre la explotación. La intervención
estratégica debe combatir todo el entramado prostituidor que se compone
de quien demanda, quien recluta, quien explota y todos aquellos que se
lucran y apoyan de una u otra manera todo el sistema.
Legislar contra la explotación de la prostitución ajena es el principal
paso para acabar con la industria de la trata de personas. A estas
alturas sabemos que la apuesta de los Estados que han promovido
legalizar la prostitución ha sido fallida y que solo ha servido de
instrumento de perpetuación de la trata que encuentra en esos países una
cómoda complicidad gracias a la institucionalización del proxenetismo.
La industria del sexo crece exponencialmente en España al amparo de una legislación permisiva que alimenta que cientos de mujeres sean ofrecidas en paquetes 'low cost'
No nos engañemos, la
prostitución es una práctica social que nadie desea para sus hijas pero
que demasiados aceptan y utilizan. Las encuestas sobre la utilización de
mujeres para prácticas sexuales bajo precio sitúan a España a la cabeza
del “consumo”. Los llamados “clientes” o “prostituidores” son personas
que se justifican y eluden su responsabilidad como agentes activos de la
explotación sobre la base de pensar que existe consentimiento por parte
de las mujeres para ser explotadas en el ejercicio de la prostitución.
Si la cuestión de fondo es acabar con la explotación, convirtamos en
actividad ilícita el lucro por prostitución ajena. Dar ese paso es
esencial para acabar con las mafias, los chulos, los tratantes, los
proxenetas y la permisividad social hacia la explotación del cuerpo de
las mujeres.
La reciente
reforma del CP ha venido a empeorar las cosas, con un PP hipócrita que
rechaza institucionalmente la práctica pero apuntala a los proxenetas
dando carta de naturaleza a la categorización de un proxenetismo bueno y
otro proxenetismo malo. El PP ha perdido un tiempo precioso para
combatir la explotación sexual con una reforma que sigue dejando en
manos de interpretaciones permisivas -a través de la indeterminación
jurídica- la vida de miles de mujeres a las que se exige prueba de
“no-consentimiento” a pesar de que la libre voluntad de la víctima, a
menudo, se vea limitada por la fuerza, el engaño, el abuso de poder, o
la vulnerabilidad.
El
camino es otro: deben ser suspendidas las ordenanzas que multan a las
mujeres prostituidas. Es inconcebible que en el siglo XXI haya políticos
que no sepan que no podemos castigar a las mujeres por su propia
explotación mientras son permisivos con el proxenetismo. El proxenetismo
debe ser combatido en todas sus formas.
Recuerdo que durante las comparecencias en la “Subcomisión para el
estudio de la trata de seres humanos con fines explotación sexual” de la
X legislatura el Fiscal de Sala Coordinador de Extranjería expreso
literalmente:
“Yo no soy
nadie para juzgar a una mujer que ha decidido ganarse la vida ejerciendo
la prostitución, (…) pero sí que tengo derecho a exigir que no haya
nadie que se lucre o que reciba un beneficio como empresario”.
El señor Sanchez Cobisa apuntaba que para combatir la trata con fines
de explotación sexual “cabría la posibilidad de la supresión de las
licencias o de la actividad empresarial en este ámbito”, asunto que
recogió una de las conclusiones de dicha Subcomisión.
Para desmantelar la industria del sexo, es preciso reintroducir en el
Código Penal la figura de la tercería locativa (el que alquila
habitaciones) en los términos del Convenio de Naciones Unidas. Es
preciso introducir la figura de penalización de todo tipo de
proxenetismo lucrativo, medie o no consentimiento de la persona
prostituida.
No podemos
permitir que este país se convierta en el prostíbulo de Europa como
proponen algunos partidos emergentes que apuestan por incluir la
prostitución como un servicio más a ofertar a turistas y nacionales
para sus ratos de ocio y asueto. Es preciso frenar esta incursión de
organizaciones proxenetas que pretenden convertir España en una especie
de Tailandia Europea.
Impedirlo pasa por contar con medios para luchar contra las redes
mafiosas penalizando a quienes viven de la prostitución ajena, a los
proxenetas de cualquier tipo, incluidos los que a través de la
permisividad de la tercera locativa llenan el paisaje de prostíbulos,
como si fuesen gasolineras.
El PSOE en su programa electoral da un paso
claro y decisivo para combatir este entramado
¿Quién puede discutir la
conveniencia de frenar que se ejerza la prostitución bajo la dependencia
de un tercero para acabar con la proliferación de locales donde se
comercia con el cuerpo de las mujeres (incluidas menores de edad) como
si fuesen esclavas en siglo XXI?
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/permitamos-Espana-convierta-prostibulo-Europa_6_448715139.html


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