Si cada cuatro años febrero no tuviera 29 días, las estaciones se desestabilizarían
Fue el Papa Gregorio XIII quien instauró el calendario actual para ajustarlo al solar
Febrero
cuenta en esta ocasión con un día extra. El mes más corto del año suma
29 días cada cuatro años.
Es lo que todos conocemos, y así nos lo
enseñaron en el colegio, como año bisiesto: aquel que tiene 366 días.
Si no existieran estos años, entre otras consecuencias, nuestro concepto de las estaciones del año quedaría seriamente trastocado.
Para empezar poniendo en orden las ideas, nos tenemos que remontar a
nuestros antepasados, que fueron los primeros en darse cuenta de que la Tierra no tarda 365 días en dar una vuelta completa alrededor del Sol. Esta cifra no es exacta.
Y fue Julio César el
primero que puso un poco de orden en lo que hasta entonces se conocían
como calendarios lunares, adoptados por culturas antiguas, como las
orientales. Estas se regían por la luna para establecer sus calendarios,
pero eran igual de desacertados e incómodos para manejarse que los
calendarios lunisolares. Ambos terminaban arrastrando un desfase considerable.
Con Julio César todo esto cambió gracias a la implantación del calendario juliano,
muy parecido al nuestro con doce meses de 30 y 31 días salvo febrero,
con 28. En aquellos tiempos ya se sabía que la cifra de 365 días no era
redonda por lo que decidió añadir cada cuatro años un día más. Por
primera vez, se pusieron en práctica los años bisiestos.
Sin embargo, las cuentas tampoco salían
de esta manera, porque exactamente el año solar tiene una duración de
365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos o 365, 2421891 días. Todos
estos decimales, aparentemente irrelevantes, dieron lugar a desfases
cada vez más visibles en las estaciones del año.
(Foto: Papa Gregorio XIII)
Por eso, el Papa Gregorio XIII decidió retocar el calendario juliano instaurando el calendario gregoriano, que hoy en día es el que está vigente
en la mayor parte del mundo. Si no fuera por él, las estaciones
quedarían desfasadas. Por ejemplo, julio pasaría de ser un mes de
intenso calor a convertirse en un periodo frío en el hemisferio norte.
De hecho, cuando el Papa Gregorio XIII en el año 1582, junto a su
astrónomo de cabecera, Christopher Clavius, se puso manos a la obra para
resolver este tremendo embrollo, la primavera se había adelantado hasta
el 10 de marzo bajo el calendario juliano. El matemático alemán afinó las cuentas que habían hecho los romanos
con el redondeo y propuso que para evitar nuevos desajustes cada mil
años solo fueran bisiestos aquellos años que acabaran en 00 y que fueran
divisibles entre 400.
Y esta es la regla que seguimos manteniendo. De este modo, estos son algunos de los años que fueron bisiestos y otros que están por venir:
1892 1896 1904 1908 1912 1916 1920 1924 1928 1932 1936 1940 1944 1948
1952 1956 1960 1964 1968 1972 1976 1980 1984 1988 1992 1996 2000 2004
2008 2012 2016 2020 2024 2028 2032 2036
2040 2044 2048 2052 2056 2060 2064 2068 2072 2076 2080 2084 2088 2092
2096 2104 2108 2112 2116 2120 2124 2128 2132 2136 2140 2144 2148 2152
En la tabla no está el año 1900 como tampoco lo está el año 2100 porque
ninguno de ellos es divisible entre 400. Sin embargo, el 2000 si forma
parte de los bisiestos porque cumple esta regla que, para complicar aún
más este entramado astronómico, es arbitraria.
Su única razón de ser es
que es la que mejor cumple con su función: ajustar el año instaurado por nosotros al calendario solar
o lo que es lo mismo, el tiempo que tarda el Sol en volver a una misma
posición de partida, por ejemplo, en los solsticios de verano e invierno
en ambos hemisferios.
Tanto es así que el error no
se puede evitar sino dilatar hasta el punto de que ese desfase actual es
de 11 segundos frente a los 27 minutos del calendario juliano. Por
tanto, será en el S.XLVIII cuando se haya acumulado un día de error y, por tanto, haya que corregirlo de nuevo.
Hasta entonces queda mucho tiempo. Hoy nos conformamos con que las estaciones sigan en su sitio aunque, bajo el punto de vista meteorológico, en años como este, no cumplan con lo que esperamos de ellas.

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