Conflictos mundiales * Blog La cordura emprende la batalla


martes, 15 de marzo de 2016

El relato de una madre coraje de Egipto 'Mis 42 años disfrazada de hombre para que a mi hija no le faltara el pan'



El relato de una madre coraje de Egipto


'Mis 42 años disfrazada de hombre para que a mi hija no le faltara el pan'


'Me afeité la cabeza, me puse un turbante'...


Así fue cómo la menuda Sisa se hizo peón de albañil y limpiabotas

Al enviudar su familia le decía que no era respetable que una mujer trabajara

Ella se rebeló. 'Cuando me descubrían me insultaban y acosaban'



Me llamo Sisa Abu Dauh. Nací en 1950 en Al Aqaltah, un pequeño poblado de felahin (campesinos), a unos kilómetros del Luxor de los templos y tumbas de faraones que visitan los forasteros. Yo, en cambio, nunca salí de mi aldea. No fui a la escuela. No sé leer ni escribir. Era apenas una muchacha cuando me casé con un señor de Qena [ciudad y capital de una provincia del Alto Egipto, a 50 kilómetros al norte de Luxor]. No recuerdo bien la edad que tenía entonces, pero no más de 20 años.

Enviudé poco después. Mi marido murió en el sexto mes de mi primer y único embarazo. Lo pensé y tomé una decisión: si nacía varón se lo entregaría a la familia paterna. En el caso de que el bebé resultara ser hembra, me haría cargo de su cuidado y educación. Lo tenía claro: le dedicaría mi vida.


 Y di a luz a una niña. La llamé Hoda y a partir de entonces juré que jamás le faltaría un pedazo de pan que llevarse a la boca.



Luego comprendí que cumplir la promesa no sería sencillo. Mi familia tenía otros planes para mí. Mis hermanos quisieron casarme de nuevo y por el salón de nuestro hogar desfilaron pretendientes de todas las edades. Siempre les recibí, les ofrecí un té y rechacé amablemente la oferta de una boda que me habría obligado a dejar a mi hija en el regazo de la familia de mi difunto esposo.


En casa no entendían cómo una viuda indefensa y sin ingresos podría sacar adelante a su criatura.


Sugerí mi intención de buscar un empleo con el que arañar unas cuantas libras.


 Se negaron. No era respetable -argumentaron- que una mujer saliera cada mañana a la calle para ganarse el jornal. Entonces hallé una solución.


Si una mujer -me dije- no podía trabajar, no me quedaba otra que ser hombre.



LEER MAS ..............http://www.elmundo.es/cronica/2015/03/29/55169d44268e3eb2578b456d.html








 

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