- Los economistas no ven factible que Bruselas persista en la imposición y creen que cederá para no volver a estancar el crecimiento.
- La desviación de 2015 abre el melón sobre la fallida política europea de ajustes y recortes que no han dado resultado.
- Parte del crecimiento de 2015 se debe a que España no cumplió con el objetivo de déficit.
Casi dos puntos y medio del
tamaño de la economía española. Entre 10.000 y 20.000 millones de euros
en ajustes en un solo ejercicio. Esta es la dieta que Bruselas impondría
a España de mantener los objetivos de déficit actuales. Un ajuste de
este calado sería superior al cualquiera que hayan hecho las cuentas
públicas desde que arrancaron las políticas de austeridad en 2010. En
mayo de aquel año, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció un programa de
ajustes de 15.000 millones de euros a cumplir en año y medio.
En 2012, Rajoy quiso superar
a su predecesor anunciando un paquete de recortes de 65.000 millones de
euros en tres años que se ha quedado corto y que tras muchos dolores se
ha traducido en una rebaja del déficit de apenas dos puntos en cuatro
ejercicios (desde el 7% en 2012 hasta el 5,2% de 2015). Así, la
reducción media del déficit en estos seis años de régimen de austeridad
ha sido de poco más (y menos) de un punto anual. Duplicar ese objetivo
es, según los economistas, imposible. Ni en el peor momento de la crisis
se ha conseguido.
Los datos son los
siguientes: España acabó 2015 con un déficit del 5,2% y Bruselas dice
que sigue empeñada en que cierre 2016 con un agujero en las cuentas de
2,8%. A lo bruto, esa diferencia de 2,4 décimas se traduce en 24.000
millones de euros. A esta cifra habría que descontar al menos 4.000
millones de euros en gastos no recurrentes, esto es que no se van a
repetir en 2016, lo que dejaría los ajustes en 20.000 millones de euros.
La evolución de la economía reduciría de por sí el tamaño del roto de
las cuentas públicas hasta alrededor del 4%, según los expertos
consultados por este diario. Pero aún sería necesarios al menos un
esfuerzo adicional de más de 12.000 millones de euros para alcanzar el
objetivo pactado en su día con Bruselas. Cabe recordar que sin la rebaja
de impuestos anunciada por Montoro a mitad de año, el déficit se habría
quedado en alrededor del 4,4%.
No es posible austeridad y crecimiento
Pero recortar los gastos o
aumentar los ingresos (por la vía de subir los impuestos) tiene un
efecto en la economía que frenaría el crecimiento. Es el pez que se
muerde la cola. Así que de acometer un programa de ajustes, la economía
no crecería el 2,7% previsto por el consenso de los economistas, y haría
necesario recortes adicionales. Un círculo pernicioso que no deja otra
salida que la negociación con Bruselas.
Fuentes próximas a la
Comisión aseguran que cuando Bruselas creía que España iba a tener un
déficit del 4,8%, ya especulaban con la posibilidad de fijar una nueva
meta de déficit alrededor del 3,8%. Pero la desviación anunciada por el
ministro de Hacienda ha descolocado a los hombres de negro. Las
posibilidades de abrir un proceso de medidas penalizadoras contra España
es muy elevado y a no ser que se dé una clara señal de buena voluntad
por parte del Ejecutivo entrante, en Bruselas harán sudar la camiseta a
los nuevos administradores de las cuentas públicas.
Pero aunque la crítica hacia
el Gobierno español por no haber cumplido sus promesas es clara, la
Comisión también debería hacer autocrítica sobre el nulo resultado de
sus políticas de austeridad. España, otrora el alumno aventajado cuyas reformas habían dado el fruto esperado según los criterios
de la Comisión, en realidad no estaba haciendo lo que se suponía.
“¿Cuánto del crecimiento del año pasado se debe precisamente a que
España no cumplió con la senda de ajuste?”, se pregunta Daniel Fuentes
Castro, economista de AFI.
El director del servicio de
Estudios de Funcas (la Fundación de las antiguas Cajas de Ahorros),
Ángel Laborda, tiene calculada la respuesta. Según Laborda, alrededor de
cinco décimas del crecimiento del PIB del año pasado se produjeron
gracias a no haber cumplico con el déficit pactado. Es decir, si España
se hubiera abrochado más el cinturón, la economía habría crecido
alrededor de un 2,7%.
Así que España, y la UE,
tienen que elegir: o señalar a España como el país -entre los grandes-
que más crece, o dejar a España como el país que más déficit tiene (a
poca distancia de Grecia). El crecimiento y la austeridad se han
demostrado imposibles en un país que ha sido puesto como ejemplo muchas
veces por parte de los hombres de negro. En contraposición, desde
Bruselas apuntaban a Grecia, un país díscolo con pensiones disparadas y
disparatadas y agujeros fiscales.
Repensar la financiación de la Seguridad Social y las CCAA
Fuentes Castro cree que la
revisión de sus políticas por parte de la UE es inaplazable. Y también
insta a abrir el melón de la situación de las cuentas de la Seguridad
Social, cuyo maltrecho estado no se acaba de abordar por las autoridades
locales ni comunitarias y que pone muy en duda el estado saneado de las
finanzas públicas.
Para el catedrático de
Hacienda Pública de la Universidad del País Vasco, Ignacio Zubiri, el
objetivo del 2,8% es inalcanzable y recuerda que de acometer algún plan
de ajuste, este se debería hacer por la vía de los ingresos y no de los
gastos para que no fuera tan contractivo. Zubiri solo ve factible que
con la situación actual Bruselas acuerde un objetivo de déficit con el
Gobierno entrante del 3,8%, aplazando al menos un año más la idea de
reducir el agujero de las cuentas públicas por debajo del 3%.
Zubiri cree que también es
momento de afrontar la discusión sobre el modelo de financiación de las
comunidades autónomas, que son las que realizan el gasto pero no
recaudan los ingresos, que como se ha demostrado es muy difícilmente
compatible con los actuales objetivos de déficit. También ve la
necesidad de discutir sobre la ineficiencia de las Administraciones
Públicas a la hora de gastar. Con todo, Zubiri lo tiene claro: “si se
quiere bajar el objetivo de déficit habrá que aceptar sacrificios,
idealmente, por el lado de los ingresos”.
Para Alain Cuenca, profesor
de Economía Pública en la Universidad de Zaragoza, el objetivo de situar
el déficit por debajo el 3% en 2017, es “ambicioso pero factible si el
crecimiento económico y los ‘vientos de cola’ persisten”. Al igual que
Zubiri, insta en que el camino sea el de un control del gasto (para la
mayoría de los economistas pasa por mantener su mejora por debajo del
crecimiento del PIB) y “mejorar la asignación de los recursos”.
Belén Carreño | El Diario | 04/04/2016

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