LA NUEVA CORTE REAL
Tras más de cuatro
décadas de preparación, descartes y consolidación, las principales ramas
de la oligarquía y sus descendencias, el alto funcionariado del Estado y
los altos mandos militares viven un periodo de confirmación tras el
cambio de rey. Apenas hay discrepancias entre la nobleza en las líneas
generales a seguir en cuanto a sistema económico y social, y sólo hay un
tabú: los casos de corrupción que han salpicado en los últimos años al
conjunto político y empresarial.
El fajín y la bengala de capitán
general. Un traje, una corbata –si el protocolo lo impone– y una nube de
micrófonos y cámaras. De cuando en cuando, de sport, en Mallorca o en
Baqueira Beret. Son los tres uniformes con que se presenta al público el
rey de España, Felipe VI. Los tres le vinculan con las tres estructuras
en torno a las que se desarrollan los primeros años de su reinado. Los
ejércitos y el complejo industrial-militar español; el sistema
representativo y comunicativo; y el mundo de la empresa familiar, lo que
a finales de los 80 se llamó la Jet Set.
La nueva generación del poder
Cada uno de los monarcas de las dos
restauraciones ha recogido el espíritu de su tiempo, tanto en lo militar
e industrial-militar como en lo político –a nivel exterior e interior– y
en cuanto a sus relaciones económicas. Así, Alfonso XII basó una parte
importante de sus alianzas en el entendimiento con los traficantes de esclavos y el comercio de algodón ultramarino origen del crecimiento de la industria textil en el Mediterráneo.
Alfonso XIII estuvo entre los
principales beneficiados del nacimiento de la industria extractivista y
el desarrollo de monopolios estatales. La historia de los Borbones de la
segunda restauración se escribe con el petrodólar y la explotación del
ciclo financiero-inmobiliario entre 1995 y 2010, en el caso de la
generación de Juan Carlos I,
y con el auge de la llamada industria financiera, negocio al que se
dedican varios miembros de la corte “no oficial” de Felipe VI.
Un editorial de Mongolia a raíz
de los mensajes interceptados entre la pareja real y el yerno de Juan
Miguel Villar Mir, terminaba preguntándose por la herencia que Felipe VI
habría recibido de la cuenta suiza de su abuelo, Juan de Borbón, Conde
de Barcelona. No hay información sobre la fortuna personal de Felipe de
Borbón más allá del presupuesto de la Casa Real, como tampoco se conoce
el origen de la fortuna de Juan Carlos I, más allá de los casi
reconocidos 2.000 millones de dólares que, según Forbes, posee el
anterior monarca, una cantidad que otras fuentes elevan bastante más.
En la prensa promonárquica, el Caso Nóos
ha servido para hacer borrón y cuenta nueva en cuanto a la percepción
de limpieza de los negocios reales –descartando como ya amortizado el
periodo de Juan Carlos I– y para una operación que consiste en reafirmar
el compromiso de Felipe VI con la transparencia, a pesar de que los
datos que se aportan sobre los dineros del rey siguen siendo los mismos
que en 2012.
El seguimiento informativo
–especialmente por parte de la prensa rosa– permite identificar quiénes
son y a qué se dedican las “afinidades electivas” del nuevo monarca.
Amistades que se dividen grosso modo en dos grupos: el entorno que
acompaña al monarca desde sus años de formación y el nuevo empresariado
al que se ha acercado en los últimos años. Entre los primeros destaca Álvaro Fuster que, como el empresario Javier López Madrid, fue compañero de colegio en el centro de Santa María de los Rosales,
el mismo donde estudian las infantas Leonor y Sofía y de cuyos órganos
de dirección forman parte los dos amigos, Fuster como vicepresidente y
Felipe VI como presidente de honor. Las ramas de negocios de la familia
Fuster –Álvaro y ‘Ricky’ son los más cercanos al Príncipe–, se centran
en dos campos básicos: los aviones y las renovables. Son herederos del
representante en España de la aeronáutica McDonell Douglas –hoy parte de
Boeing–.
Otra figura influyente en la moderna corte del poder en España es Kyril Saxe-Coburg,
conocido en la prensa monárquica como Kyril de Bulgaria. Saxe-Coburg es
un tiburón de la City londinense y dirige en España el fondo de capital
riesgo Man Group, donde aporta su experiencia como ex de Lehmann Brothers.
Por su parte, su hermano Konstantin Saxe-Coburg trabaja para la banca Rotschild. Otro heredero de las casas reales extintas, Pablo von Schleswig (Pablo de Grecia), también trabaja en la City londinense. Su suegro es el multimillonario Robert Warren Miller,
quien ofreció en 2013 un empleo al por entonces ya exiliado Iñaki
Urdangarin. Los periodistas Daniel Forcada y Alberto Lardiés, autores de
La corte de Felipe VI, también reseñan la vieja amistad del monarca con Christoph Von Reiche, director institucional de la banca JPMorgan en Europa.
El actual Rey mantiene también buenas
relaciones con el empresario venezolano Lorenzo Mendoza, dueño del
holding Empresas Polar y opositor declarado al gobierno de Nicolás
Maduro. El giro político a favor de las oligarquías en Latinoamérica es,
sin duda, una buena noticia para el conglomerado en torno a la
Constitución del 78, incluido Felipe VI, que tiene un conocimiento
profundo y relaciones personales con exmandatarios y actuales
gobernantes de todo el continente latinoamericano.
Más conocidas son las relaciones de la Casa del Rey con varias de las familias más influyentes del postfranquismo, los citados Villar Mir, los Cortina, los Entrecanales, los Urquijo, los Valls Taberner o los Abelló.
Pese al cambio de rumbo de la economía hacia las nuevas vetas de
negocio del sector financiero, las grandes empresas y bancos han
mantenido una línea de colaboración más clásica con la monarquía.
Es el caso de Telefónica, la relación de
la compañía y la Casa Real se remonta al origen de la primera de 1924.
La casa de Alba y los Urquijo fueron los introductores en la corte del
Coronel Behn, fundador del que sería el monopolio de la compañía ITT.
Telefónica ha servido desde la segunda restauración como acomodo para
personajes vinculados a la Casa Real, como Fernando Almansa. Urdangarin
es otro de los beneficiados por la buena relación. La compañía pagó 1,4 millones por indefinidos trabajos de representación.
La Caixa –que mantiene como directora
del área internacional de su Fundación a la infanta Cristina, imputada
en el Caso Nóos–, o Mapfre, que emplea a la infanta Elena. Por último,
la Sociedad General Inmobiliaria, filial de la líder europea en
construcción de centros comerciales, es el acomodo que ha encontrado
Jaime de Marichalar, el divorciado duque de Lugo, también presente en
puestos de representación de la marca Loewe.
Con permiso del discurso de Navidad, el
periodo de exaltación de la monarquía felipista tiene unas fechas
señaladas, las de la entrega de los Premios Princesa de Asturias en el
mes de octubre. El despliegue, que ha sido criticado por parte del equipo del Ayuntamiento de Oviedo, cuenta
con el patronazgo de las principales fortunas del país. En torno a la
Fundación Príncipe de Asturias, cuyo presidente de honor es Felipe VI,
se reúnen los presidentes de los tres principales bancos del país –Ana Patricia Botín, Francisco González e Isidro Fainé– junto
a representantes de las principales constructoras y empresas como
El
Corte Inglés o Mango. La Fundación tiene un presupuesto de 5,1 millones
de euros, de los cuales el 87% son aportadas por los empresarios
presentes en el patronato, y el 13% procede de presupuestos de las
administraciones públicas. El patrimonio de la Fundación es de 30
millones de euros.
Ases de la comunicación
Hoy, pese al papel destinado a algunos
compañeros de armas de Felipe VI como Emilio Tomé de la Vega dentro de
la Casa del Rey, la profesión militar ha perdido peso en el equipo de
trabajo que rodea al monarca con respecto a la influencia de abogados y a
los profesionales de la comunicación.
El cambio comunicativo de la Casa Real
se ha fortalecido mediante encuestas que dicen que la imagen de la
monarquía ha remontado desde 2014 y sigue muy por encima de la de
cualquier otro líder político. Como signo del proyecto a nivel de
difusión que media en torno a un rey y otro ha quedado el cambio de
escenario en el pasado discurso de Navidad el 24 de diciembre. La
monarquía felipista se reivindicó entonces mediante el recurso a “la
grandeza de España”, supuestamente simbolizada por el salón del trono
del Palacio Real –Palacio de Oriente– un lugar que, según Felipe VI “ayuda a entender nuestro presente y orientar nuestro futuro”.
El ‘jefe’ de la casa del Rey es Jaime Alfonsín.
Este abogado del Estado controla el servicio jurídico al servicio de la
Corona tras la salida de Rafael Spottorno, salpicado por el caso de las
Tarjetas Black. Alfonsín es también uno de los asesores con que cuenta
el monarca en el periodo que llega hasta el próximo 2 de mayo, cuando
finaliza el plazo dado para los intentos de investidura en el Congreso
de los Diputados.
Celebrado por su “discreción”, Alfonsín
es el primero en un gabinete volcado hacia la comunicación en el que
destaca también la figura de Jordi Gutiérrez. En el
apartado de imagen pública hay que señalar, cómo no, las aportaciones de
la reina Letizia Ortiz en su papel de extrabajadora de varios medios de
comunicación y por su relación de amistad con varias periodistas.
Además, Ortiz proviene de un entorno en el que destaca el empresario
asturiano Ladislao ‘Lalo’ Azcona, periodista en la
etapa de Adolfo Suárez en RTVE y fundador y presidente de Estudio de
Comunicación, una de las agencias más prestigiosas del sector, en la que
ha hecho parte de su carrera el padre de la reina. Azcona también ha
tenido participaciones de OHL desde la fusión de constructoras que dio
lugar a la constructora.
Del ‘compi yogui’ y la prensa
Un mensaje de Letizia Ortiz a Javier
López-Madrid, consejero de OHL implicado en los casos Púnica y el caso
de las Tarjetas Black, publicado en Eldiario.es,
ha desatado la primera gran ronda de críticas directas contra Felipe VI
por asuntos relacionados con la corrupción. La respuesta de la Casa
Real ha sido anunciar que se ha “cortado la relación” con el empresario
madrileño.
Como ya ha pasado en el caso Nòos, la
política tomada ha sido la creación de un cordón sanitario, al menos
durante el tiempo que duren los procesos judiciales. El método usado ha
sido muy similar al que usó la Casa del Rey tras los escándalos
protagonizados por Manuel Prado y Colón de Carvajal o Javier de la Rosa
por los casos KIO y Wardbase. El primero, fue el amigo, enviado
político y compañero de Juan Carlos I. Jaime Prado y Colón de Carvajal
fue condenado en 2004 por los casos Wardbase y Grand Tibidabo. El hijo
de Prado dirige Endesa.
La labor de marcaje pertenece a la prensa rosa oficial y a secciones de periódicos generalistas como Vanitatis (El Confidencial) o La Otra Crónica,
sección rosa de El Mundo, “una mierda” según apostilló Letizia Ortiz en
el mensaje a López Madrid. El comienzo del reinado ha cortado en parte
los relatos sobre el papel de Juan Carlos I en la transición, descrito
en libros de autores tan diversos como Gregorio Morán, Jesús Cacho,
Pilar Urbano o el seudónimo colectivo Patricia Sverlo, autora del libro “prohibido” Un rey golpe a golpe.
En los medios de comunicación
tradicionales, mayoritariamente promonárquicos, la relación con el
directivo de OHL no ha levantado mucha polvareda más allá de la búsqueda
de la noticia en el propio López Madrid, con una causa pendiente por
acoso a la doctora Elisa Pinto.
El País, medio de referencia en español, marcó la línea programática del nuevo tipo de reinado en los días de la proclamación:
“Felipe no tiene el gancho de Don Juan Carlos; carece de su carisma
directo; posiblemente de su olfato y de su condición de superviviente.
Pero es un demócrata convencido, un adicto a la Constitución (‘cuando
tengo una duda me agarro a ella y no me suelto’) y un hombre de su
tiempo amante del consenso y los perfectos equilibrios de poder”.
La relación con la prensa ha cambiado
del coqueteo con el golpismo que distintas fuentes han atribuido a la
agencia EFE durante la presidencia de Luis María Ansonen
el inicio del juancarlismo a una relación fluida sin apenas
sobresaltos. A pesar de la emergencia de medios digitales no supeditados
a los consejos de administración de las principales empresas del IBEX, a
nivel relacional y económico sigue funcionando la alianza más o menos
tácita que se estableció entre el Gobierno de Felipe González, el Grupo
Prisa de Jesús de Polanco y la monarquía de Juan Carlos I.
Una alianza
que se extendió a Latinoamérica y que había partido de una mutua
desconfianza, plasmada en el editorial “¿Qué hace el rey?” firmado por Juan Luis Cebrián.
El papel como dueño del mayor grupo de
comunicación del país, PRISA, fue clave para la consolidación del
reinado de Juan Carlos I. Fue introducido en la Zarzuela por el banquero
Mario Conde. A su vez, PRISA colocó en la Casa Real a Spottorno, donde
estaría doce años en dos etapas, hasta su dimisión por el caso de las
Tarjetas Black.

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