"Una vez expuestas las circunstancias que explican el origen y las
características de la Constitución de 1812, queda aún por dilucidar su
repentina desaparición sin resistencia al retorno de Fernando VII. Rara
vez ha presenciado el mundo un espectáculo más humillante. Cuando
Fernando entró en Valencia el 16 de abril de 1814, «el pueblo, presa de
un júbilo exaltado, se enganchó a su carroza y dio testimonio al rey por
todos los medios de expresión posibles, de palabra y obra, que anhelaba
verse de nuevo sometido al yugo de antaño»; resonaron gritos jubilosos
de «¡Viva el rey absoluto!», «¡Vivan las cadenas!»"
Así
cuentan Marx y Engels, en sus artículos sobre la Revolución Española,
lo que es una característica del pueblo español desde hace siglos: su
gusto por el sometimiento a las cadenas que le oprimen. El "!Viva las
cadenas!" que gritaba los oprimidos españoles cuando retornó uno de los
reyes más deleznables que ha sufrido España, Fernando VII, se vuelve a
repetir una y otra vez por un pueblo al que le cuesta pensar por sí
mismo y dejar de obedecer a sus explotadores.
Afortunadamente, se trata de una parte de los españoles, pues siempre queda una gran parte que trata de construir una España más democrática y en manos de sus propios trabajadores, en lugar de en las garras de los que solo tienen una patria, su bolsillo, es decir, la gran oligarquía parasitaria y la burguesía usurera.
Hoy en Barcelona, a falta de gente en Cataluña a favor de la brutal represión policial, de la unidad forzosa con España, los perturbados pastores de la oligarquía han tenido que fletar miles de autocares desde todos los puntos de la geografía de la Una, Grande y Libre llenos de ganado dispuesto a hacer una especie de "marcha verde" contra los catalanes que han osado escapar del redil, desde todos los puntos del país.
Ha sido una manifestación fracasada, de apenas 300.000 cabezas, a
pesar del esfuerzo por buscar en cada rincón del estado español
descerebrados dispuestos a defender el régimen de ladrones, zánganos y
corruptos que nos gobierna, psicópatas que no dudan en utilizar la
violencia brutal para continuar haciéndolo (ya sea en Cataluña, en
Murcia, en Burgos, en Canarias, o en Euskal Herria).
Ellos, que solo
tienen una patria, el dinero, a pesar de que agiten la rojigualda
franquista para que el rebaño sepa el trapo al que seguir, no tienen
problemas de patriotismo cuando se trata de apalear o reprimir toda
protesta, aunque esta no sea neceariamente contra España, sino que lo
que importa es que sea contra la minoría que hace y deshace a su antojo
con ella.
Han tenido también que traer en el AVE, que estas comadrejas no viajan
en autobús, a destacados criminales como el ultraliberal Vargas Llosa,
sostenedor de la violencia contra el pueblo en su país, Perú, pero
también en toda Latinoamérica o, en definitiva, en el mundo.
El gran
vocero del capital no ha dudado en ponerse al frente de una
manifestación convocada por organizaciones fascistas y apoyada, como no,
por otras que son sus cómplices, como lo ha sido la socialdemocracia a
lo largo de la historia, en el caso actual incluso el mismísimo PSC,
hoy transformado en un pilar del capitalismo y de la mordaza en
Cataluña, como lo es el PSOE en Madrid (importante apoyo de la gran
traición a la clase trabajadora y los pueblos del estado español en el
78, tras la muerte física, que no ideológica, de Franco).
La marcha contra el pueblo catalán,
que ha asustado hasta a los medios de prensa más conservadores de
Europa, por su violenta presencia fascista, ha tenido como principal
motivo la osadía de una nación por querer votar lo que el gobierno
"democrático" central le ha negado negociar año tras año, además de la
defensa de una represión gratuita que provocó 900 heridos en un salvaje
pisoteo de los derechos básicos que ha dado la vuelta al mundo, dejando
boquiabiertos incluso a los propios socios de la oligarquía española,
que se habían tragado el cuento de que en España hay democracia.
El
único fin, o al menos el principal, ha sido el de escarmentar a los
ciudadanos que han organizado un referéndum para dar su opinión sobre su
propio futuro, aunque este, dijera el propio gobierno central, no
tuviera valor (¿si no tenía valor, por qué la bestialidad policial?).
A los extranjeros les puede chocar la
visceral violencia de la policía y del gobierno contra los catalanes,
pero no a un español que conoce la historia de España, construida sobre
represión, salvajismo y fosas comunes por parte de la oligarquía que no
quiere renunciar a privilegios y ponerse a producir, prefiriendo vivir a
costa de la clase trabajadora sin disimulo y, a la vez, con un
desprecio asesino hacia ella.
No se puede obligar a un pueblo a vivir dentro de un estado si no quiere; en todo caso se le puede acallar temporalmente, como hicieron tras la Guerra Civil, tras la victoria de las tropas nazis e italianas en España que entregaron la victoria a las tropas inútiles del General Franco, como hicieron también en el 78, ahogando toda protesta contra la continuidad del franquismo en formato democrático en sangre, y como pretenden hacer ahora, de la única forma que el fascismo sabe hacer: a palos y humillando.
Aunque hayan llevado a Barcelona desde todos los
rincones de Espaa a miles de desclasados semianalfabetos (que en España y
para su oligarquía tiene valor de mandamiento aquel significativo
llamamiento de "!Muera la inteligencia!", graznado por aquel "gran
demócrata", Millans Astray, general franquista) para que gritaran a
viva voz aquel vergonzoso "!Vivas las caenas!", que también dejara
perpleja a toda Europa a principios del siglo XIX, con cada nueva
injusticia y con cada nueva represión, el pueblo catalán, como el resto
de los pueblos sometidos a la España-cortijo de la oligarquía carroñera,
va a ir acercándose a su independencia más temprano que tarde. Solo un
estado republicano en el que cada pueblo que lo integre lo sea por
propia voluntad podrá mantener la convivencia en el estado español, y
eso las sabandijas de la oligarquía no lo van a permitir por las buenas.
Como
le explicaba Marx a Engels en una carta del 9 de septiembre de 1854, y
como se vuelve a repetir hoy, lo cierto es que, mientras el rebaño salía
a defender a sus amos ante la invasión de Napoleón, "las clases «bien»
se habían sometido mansamente al yugo extranjero". Hoy sucede
prácticamente lo mismo: mientras la oligarquía manda al ganado a
defender la unidad de España, ellos han vendido la soberanía del país a
Estados Unidos o la Unión Europea y llevan su dinero a Suiza, Malta o
Panamá, mientras recortan derechos y apalean de vez en cuando a los que
se lo producen con su trabajo.La lucha de los catalanes hoy representa el combate para zafarse de esa lacra, de esa España de la oligarquía rapiñera, arrogante y sanguinaria que, pese a los intentos durante las dos repúblicas españolas, continuó perviviendo gracias a la ayuda nazi en 1939 y, después, con la ayuda de Estados Unidos en 1945, haciendo lo propio en 1978 a cambio de entregar toda soberanía a las potencias capitalistas externas y a los intereses de las grandes corporaciones económicas.



No hay comentarios:
Publicar un comentario
GRACIAS POR TU OPINION-THANKS FOR YOUR OPINION