El día que se cumplían los treinta años de la muerte de la escritora y feminista norteamericana Valerie Solanas, se conocía la sentencia de La Manada. “La virilidad es una deficiencia orgánica, una enfermedad; los machos son lisiados emocionales.” 


Es lo que escribió Valerie en manifiesto SCUM, una pequeña obra trasgresora y provocadora, que a los cincuenta años de su publicación sigue desnudando la sociedad patriarcal y en la que es fácil encontrar definiciones que parecen hablar de las actitudes del grupo: “La violencia le es útil como válvula de escape para su odio y, además, como el macho sólo es capaz de una respuesta sexual y necesita estímulos fuertes para excitar su yo medio muerto.”


Valerie Solanas fue una escritora y una mujer que tuvo en contra todas las circunstancias, las cuales forjaron tanto su vida como su corta obra. Padeció abusos por parte de su padre, conoció la calle, donde ejerció la prostitución y vivió de la mendicidad. 


Como mujer y ser marginal, desde esos “márgenes” fuente de rebelión y arte, levantó su voz contra el orden social establecido, que se reflejó en SCUM, un manifiesto muy años sesenta, –tiempo de rebeliones, de desafíos intelectuales– iconoclasta, en que patriarcado y sistema financiero configuran un todo que oprime a la mujer: “destruir el gobierno, eliminar el sistema monetario, instaurar la automatización total y destruir el sexo masculino.”


Y lanza propuestas utópicas, muy del mayo del 68: “Y en una sociedad desmonetizada cualquiera podría obtener lo mejor de cuanto desease. Pero las razones que mantienen este sistema, basado en el trabajo y el dinero, no son humanos, sino machistas.”


Escrito en un tono irreverente, su radicalidad (llega a plantearse el exterminio del hombre), hay que entenderlo más que en su literalidad, en un movimiento de tierras que hace una enmienda general a los modelos de masculinidad: “El macho posee una sensibilidad muy limitada y, en consecuencia, son limitadas sus percepciones, visiones y juicios.”

 
Exalta la condición femenina, el amor lésbico, pero no lo que ella denomina “hijas de papá” , sino las partes oscuras, la fealdad, cierta brutalidad, las marimacho , se parece en esto a lo que escribiría décadas después Virgini Despentes en “Teoría King Kong”.


Apuesta por un matriarcado que va más allá de la carne: “Cuando la mujer transciende su cuerpo, se eleva por encima de la condición animal, el macho, cuyo yo consiste en su falo, desaparecerá.” Un concepto de la sexualidad y el eros, que dibuja a la falocracia que los miembros de La Manada y otros similares mantienen aún hoy en día.


Contradice, con estilo original y desparpajo intelectual, las teorizaciones tradicionales: “el macho es una mujer inacabada, un aborto ambulante, un aborto en fase gene”, y hasta le da la vuelta a las teorías freudianas: “En otras palabras, las mujeres no envidian el pene, pero los hombres envidian la vagina.” 


Y en medio de planteamientos por los que algunos tildarían a Solanas de feminazi, como suele suceder en ciertas radicalidades, la extrema lucidez: “La individualidad femenina, se impone ante el hombre, pero él es incapaz de comprenderla, incapaz de establecer un contacto con ella que le asusta, le conmociona y llena de espanto y de envidia.”
  
Y analiza, con inteligencia, nuestras bases orgánicas: “Nuestra sociedad no es una comunidad, es una colección de unidades familiares aisladas.”


Valerie Solanas llegó a vender el manifiesto SCUM por las calles, impreso por ella misma y curiosamente se publicaría después del suceso que la haría saltar a la fama: disparar a Andy Warhol.


Habitual de La Factoría Warhol, no encontraría el apoyo prometido a una película que él le prometió producir, y quizás, sentirse tratada como uno de esos seres extravagantes con los que jugaban en La Factoría, motivó los disparos con los que hirió al artista.


 El suceso y la vida de Valerie Solanas serían descritos en la película, “Yo disparé a Andy Warhol.”


En una curiosa mezcla de locura y lucidez, su estilo acido fotografía tipologías de violencia machista que aún perviven: “vive carcomido por el odio racional al dirigido contra quienes abusan de una o nos insultan –sino el odio irracional, indiscriminado… odio, en el fondo, contra su propio y mediocre yo.”


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