El ridículo internacional de España en el asunto de Puigdemont y el independentismo catalán y su torpeza hiriente están empezando a molestar seriamente en Europa, donde los que mandan creen que España debió cortar el problema catalán hace mucho tiempo y evitar así que se enquistara, estallara en crisis y contaminara a Europa entera, logrando que el secesionismo recupere fuelle y que la Unión Europea parezca una jaula de grillos desunida y caótica.
La polémica entre el ministro Montoro y el juez Llarena sobre si
hubo o no malversación en el separatismo catalán, con independencia de
quien tenga razón de los dos, proyecta hacia el mundo la imagen de una
España torpe, despedazada, ridícula y tercermundista que no merece
formar parte de la Europa moderna y avanzada. Y eso que el ridículo
podría aumentar si se confirmara que la acusación del Supremo fue
inconsistente y que hasta sea procedente liberar a los separatistas
procesados por malversación e indemnizarlos, toda una locura insufrible
para unos ciudadanos que, estupefactos, asisten impotentes e indignados
al espectáculo bochornoso que le ofrecen sus políticos y las
instituciones del Estado, mientras Europa y el mundo se carcajean de
España.
No sabemos si hubo o no malversación, ni quien tiene razón, si Montoro, que niega la malversación, o la guardia civil, que dice tener pruebas de que el separatismo empleó al menos dos millones de euros de dinero público en su referéndum, pero sí sabemos con certeza metafísica que Montoro se ha comportado como un niñato y que su deber, si tenía pruebas de que el referéndum no se financió con dinero público, era hacerlas llegar discretamente al juez, antes de poner en ridículo a la Justicia y al país entero.
Tenga o no tenga razón, Montoro merece una seria reprobación o la destitución, por el daño gratuito que ha causado al país que él, como ministro del Estado, está obligado a servir con eficacia, rigor y lealtad.
El momento elegido para afirmar que el independentismo no gastó ni un sólo euro de dinero público ha sido el peor imaginable y el más inoportuno, precisamente cuando la Justicia alemana empezaba a cuestionarse su decisión inicial de no extraditar a Puigdemont por el delito de rebelión.
Ante los acontecimientos de torpeza y confusión que se observan en el gobierno y ante los apoyos que el independentismo está consiguiendo, a pesar de que defiende claras posiciones delictivas, muchos españoles pensamos que el separatismo es más inteligente y gestiona mejor sus cartas, aunque estén marcadas por el delito, que el gobierno de España.
Francisco Rubiales


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