*
La gran batalla por la red 5G entre Estados Unidos y China
El pasado 25 de febrero, el secretario del tesoro estadounidense y el
vice primer ministro chino confirmaron que volverán a reunirse el jueves
en Washington, en busca de superar un conflicto cuyo desarrollo viene
perjudicando principalmente al mismo que lo empezó.
El ataque a Huawei
revela las razones de fondo de que esté sucediendo así.
A mediados de enero de 2018, el presidente de Estados Unidos, Donald
Trump, le declaró la guerra comercial a China con el anuncio de la
imposición arancelaria de 20 por ciento a importaciones de lavadoras y
de 30 por ciento a paneles solares. En marzo, aplicó un gravamen de 25
por ciento a las importaciones de acero y de 10 por ciento a las de
aluminio.
A partir de entonces, desde abril, Estados Unidos y China se
encuentran enfrascados en la mayor guerra comercial de la historia. Con
represalias tomadas por China ante cada agresión. En diciembre de 2018,
en el marco del G20 en Buenos Aires, los dos países acordaron una tregua
de 90 días para las agresiones arancelarias e iniciaron pláticas para
negociar un acuerdo.
El tema de fondo es que el déficit externo estadounidense crece
incesantemente desde hace dos décadas. Desde que China abrió su comercio
internacional, en 1990, Estados Unidos decidió utilizar outsourcing y
fabricar en zonas de procesamiento exportador en China para abaratar
costes.
Todo indica que los chinos aplicaron ingeniería de reversa a los
productos que se fabrican en dichas zonas y han logrado desarrollar una
tecnología propia. Fue el mismo camino que siguieron primero Japón y
luego Corea del Sur.
La consecuencia de esto, y de la política educativa
adoptada, es que ahora China está a la cabeza de la innovación
tecnológica mundial. El ejemplo es la red 5G.
De abril de 2018 a febrero de 2019 se han librado cuatro rondas de alzas
arancelarias entre ambos países, y el impacto ha resultado
contraproducente para el agresor.
Las exportaciones estadounidenses a
China han disminuido 13 por ciento entre febrero y noviembre de 2018,
mientras que las importaciones han aumentado 16 por ciento en el mismo
período (ver gráfico).
Los saldos estadounidenses son: un incremento del
déficit comercial, una prolongación de la bajada de la competitividad
comercial y una disminución de su productividad, provocada por el
aumento de los precios de los productos intermedios importados.
Las
empresas estadounidenses compran sus partes y piezas en China, ahora
gravadas por el gobierno estadounidense, mientras que los chinos gravan
productos finales que, en definitiva, podrían dejar de importar.
Luego de decretarse la tregua arancelaria, se iniciaron rondas de
negociación. La primera reunión entre el representante de comercio de
Estados Unidos, Robert Lighthizer, y el vice primer ministro chino, Liu
He, tuvo lugar en Washington el 30 y el 31 de enero de 2019.
La segunda
reunión de negociaciones se llevó a cabo en Beijing, el 14 y el 15 de
febrero, y el ánimo, según las declaraciones del ejecutivo
estadounidense, parece más positivo. Aún se espera una última reunión,
que será la última semana de febrero.
El límite acordado es el 1 de
marzo. Estados Unidos advirtió que, si en esa fecha no se ha llegado a
ningún acuerdo comercial, procederá a elevar de 10 por ciento a 25 por
ciento los aranceles sobre importaciones chinas, equivalentes a 200 mil
millones de dólares adicionales.
Las exigencias estadounidenses centrales son: incrementar las
importaciones de China de productos estadounidenses; aumentar la
protección a la propiedad intelectual; poner restricciones a China en la
inversión en tecnología; fortalecer la regulación en la transferencia
de tecnología; atender la protección y la regulación cibernética; y, en
menor medida, temas relacionados con agricultura, subsidios y
servicios.3
En el corazón de esto están la pérdida de la competencia
tecnológica y la caída de la productividad de la economía
estadounidense.
Estas exigencias son imposibles de cumplir, porque China
tiene una política productiva desde hace décadas y entiende que, en el
mercado libre, el más fuerte gana. Ellos son ahora los defensores de
esto.
Una expresión de la condición real de la pérdida de competitividad
estadounidense son los juicios y los ataques contra la empresa china de
telecomunicaciones Huawei.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
GRACIAS POR TU OPINION-THANKS FOR YOUR OPINION