Sergio, el frutero aplastado por la plancha de hierro de la explosión de Tarragona
No se sabrá nunca, pero seguro que Sergio, un hombre de 55 años casado y abuelo de una niña, oyó a pocos kilómetros de su casa una fuerte explosión. Él y el resto de tarraconenses la oyeron y, al mismo tiempo, se preocuparon. No pasó ni un minuto cuando el azar fatal lo escogió.
Sergio vivía a tres kilómetros de la planta química que este martes explotó, pero una plancha de hierro de unos 1.000 kilos salió proyectada y acabó impactando en su casa.
El impacto hizo colapsar el suelo del tercer piso y acabó cayendo encima de él. Unos vecinos y su mujer, que en aquel momento estaba en la calle con su nieta, lo encontraron entre escombros.
Azar fatal
El azar fatal que hizo que estuviera en casa en aquel momento y que impactara contra él aquella plancha, fue una suerte opuesta para su mujer. Ella solía estar en casa a esa hora, pero había salido con su nieta, tal como han explicado amigos y vecinos de la pareja.
Según las primeras investigaciones de los Mossos d'Esquadra y de los Bomberos, si la mujer hubiera estado en casa, seguramente, también habría muerto por el desprendimiento del techo. La plancha metálica, que entró en el piso a gran velocidad, hizo mucho ruido, según han explicado algunos vecinos.
Muy conocido en el barrio
Sergio era un vecino muy conocido en la plaza de delante de su casa y en todo el barrio de Torreforta. Hasta hace poco tiempo había regentado una tienda de fruta ―que tuvo que cerrar por culpa de la crisis― y también una pequeña tienda a pocos metros de su casa que compartía con sus hermanos, muy conocidos en el barrio.
Ahora la tienda, en la calle de Falset, se la ha quedado el hermano pequeño. Él se dedicaba también a cuidar a sus padres, que viven en la misma plaza, y a su nieta.
Los tres hermanos son muy conocidos en el barrio, donde han nacido y han vivido toda la vida. Han ido cambiando de calles, cuando iban formando nuevas familias, pero nunca se fueron del barrio, que los apreciaba y en el que lo habían hecho todo.
Todos los vecinos que hoy han pasado por delante del número 7 del bloque de la plaza de García Lorca sabían quién era el vecino que la fatal mala suerte les ha robado.
Las llaves en el tocador de la entrada
Cecilio, Josep Maria y la mujer de Sergio abrieron la puerta del piso del segundo. Los dos vecinos vieron que caía agua al primero y subieron a mirar qué pasaba. La mujer de Sergio llegó de la calle y al abrir la puerta vio cómo estaba el piso.
Llamó a su marido varias veces. Los tres esperaban que el hombre no estuviera en casa, pero las llaves de Sergio encima del tocador confirmaron que estaba en el interior.
Fue cuando la mujer y los dos vecinos supieron que algo no iba bien. Desde la entrada vieron el cuerpo del hombre, tumbado en el suelo, entre escombros.
No entraron por miedo, no sabían cómo estaba ni el techo ni el suelo. Los servicios de emergencia tuvieron que atender a la mujer por un ataque de ansiedad cuando se confirmó la muerte de Sergio.
Sergio, un conocido frutero del barrio de Torreforta, en Tarragona, era en casa cuando una plancha de hierro entró por la ventana después de la explosión química.



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