Los parámetros Aznar, muñeco, museo y Benidorm, así de primeras, podrían ser susceptibles de un rechazo a priori por parte de cualquiera que hallara entre sus conocimientos los principios más elementales de la estética, la lógica o la razón.
No obstante, la figura que han dedicado al ex- Presidente, hoy dandi global neoliberal, encierra algo de los antiguos maestros, esa habilidad para transmitir un estado de ánimo, una forma de ser, una idiosincrasia del personaje que trasciende su propia composición en pintura o, en este caso, escultura.
Porque en esta obra Aznar vuelve a ser aquel inspector de Hacienda de Valladolid que obtuvo las oposiciones a base de repasar los apuntes con su novia, Botella, en esas lejanas tardes de invierno en una cafetería del barrio de Salamanca, que contaba Manuel Vicent. El dandi desaparece, y todos los esfuerzos dedicados a escalar hasta la cumbre de la fantasmagoría mundial acaban en agua de borrajas.
En Benidorm te has quedado de funcionario, Jose Mari, con un bigote imposible en los mundos de Murdoch y un traje que da la sensación de haber sido arreglado varias veces. No has trepado, ni cambiado, ni llegado más allá de la Junta de Castilla y León. En la cera del museo, permanece indiferente ese personaje del que tanto huiste. Obra maestra.
Fuente* Yo me tiro al monte
No obstante, la figura que han dedicado al ex- Presidente, hoy dandi global neoliberal, encierra algo de los antiguos maestros, esa habilidad para transmitir un estado de ánimo, una forma de ser, una idiosincrasia del personaje que trasciende su propia composición en pintura o, en este caso, escultura.
Porque en esta obra Aznar vuelve a ser aquel inspector de Hacienda de Valladolid que obtuvo las oposiciones a base de repasar los apuntes con su novia, Botella, en esas lejanas tardes de invierno en una cafetería del barrio de Salamanca, que contaba Manuel Vicent. El dandi desaparece, y todos los esfuerzos dedicados a escalar hasta la cumbre de la fantasmagoría mundial acaban en agua de borrajas.
En Benidorm te has quedado de funcionario, Jose Mari, con un bigote imposible en los mundos de Murdoch y un traje que da la sensación de haber sido arreglado varias veces. No has trepado, ni cambiado, ni llegado más allá de la Junta de Castilla y León. En la cera del museo, permanece indiferente ese personaje del que tanto huiste. Obra maestra.
Fuente* Yo me tiro al monte


No hay comentarios:
Publicar un comentario
GRACIAS POR TU OPINION-THANKS FOR YOUR OPINION