El mismo día que el Gobierno británico y el escocés firmaban ante los medios de comunicación del mundo el pacto para celebrar el referéndum vinculante sobre la independencia, la Comisión Europea afirmó que no se posicionará sobre las consecuencias legales de la independencia de Catalunya a menos de que exista una demanda formal y un escenario preciso.
Los independentistas flamencos, tras su histórica victoria en las municipales, preparan ya unas legislativas belgas que todo indica que ganarán y a las que se presentarán con la independencia como promesa electoral. En este contexto, cobra todo su sentido la reflexión estratégica en Euskal Herria. Ante un Estado español obsesionado en suprimir el sentimiento democrático nacional de vascos y catalanes, de mantenerlos unidos a un proyecto en contra de su voluntad, de no respetarlos y de amenazarlos, ¿tiene sentido el afán por buscar un acuerdo intermedio con el Estado, sea en forma de nuevo Estatuto político o de autonomía a cuatro con derecho a decidir?
2014 puede ser decisivo en la ampliación interior de la UE, en la posible conversión de alguna de sus «regiones» en estados independientes. Referéndum en Escocia, legislativas como plebiscito independentista en Flandes, epicentro de la legislatura de la consulta en Catalunya...
Euskal Herria debe coger esa ola. El nuevo estado europeo es, de hecho, el nuevo paradigma de la política vasca.

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