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miércoles, 6 de febrero de 2013

Asier Reino, director del documental 'Haití, tierra de esperanza': "Los haitianos se han unido contra los políticos y el sistema de las ONG"

 
El fotoperiodista Asier Reino (Bilbao, 1973) presenta hoy en la Sala Bastida de la Alhóndiga su documental 'Haití, tierra de esperanza', en el que refleja un país maltratado durante siglos que trata de levantarse una vez más tras el devastador terremoto de 2010

- El título del documental invita a pensar en positivo, ¿hay realmente esperanza en Haití?

- No. El título es intencionadamente engañoso. Yo no defiendo que haya esperanza para Haití, ni para nadie, tal y como está y funciona el mundo; tampoco la niego rotundamente. Lo que digo, ya desde el título, es que Haití es, y ha sido siempre, una tierra ligada a la esperanza. Desde que los esclavos, liberados a sí mismos, fundaron la República de Haití en 1804, momento en el que "el país de los negros" se convirtió ya en un auténtico símbolo de esperanza para todos los que, en aquel tiempo, rechazaban el sistema esclavista y abogaban por un mundo más justo. Pero también, desde aquel momento, aquella esperanza fue una esperanza malograda. Y, desgraciadamente, en estos dos siglos y poco, han sido unas cuantas más las esperanzas fallidas que ha vivido Haití. Y es muy probable que ahora, que el gobierno que ganó las elecciones de 2011 y volvió a hacer brotar entre los haitianos un sentimiento de esperanza, estemos viviendo el enésimo desinfle del globo de color verde de ese maltratado pueblo.

- ¿Qué le impulsó a realizar un documental sobre Haití?

- Haití era el lugar más complicado, difícil y desagradable donde había estado. Lo visité por primera vez en 2004 y tras estar allí, decidí no volver nunca más. Mi visión era totalmente negativa. Sin embargo, años después, la ONG Cesal me propuso un desafío: volver a Haití para comprobar, como ellos pensaban, que sí que había esperanza. Cosa que, como he dicho, a día de hoy yo no me atrevería a afirmar. Porque por mucho que se pongan parches, la situación de la gente de estos países no va a mejorar con un sistema económico como el actual. Con la globalización y la dictadura de los mercados vamos a peor, también en el mundo desarrollado. Y como no se quiere cambiar, para mí no hay demasiada esperanza posible.

- ¿Cuál cree que es el principal desafío que enfrenta Haití?

- El principal desafío de Haití, a mi juicio, es la depuración democrática y la creación de una conciencia social real que limpie la política para que los ciudadanos vean que su voto puede cambiar la sociedad, y acabar con la corrupción patrocinada desde fuera. Y que, de esa forma, se pueda crear, a su vez, un tejido productivo que realmente sirva para acercarse al autoabastecimiento de Haití como país. Y así mejorar la calidad de vida de sus gentes, que debería ser lo fundamental y lo prioritario en Haití y en todas partes del mundo. Sería imprescindible, además, hacer más competitivos sus productos. Algo que Haití tiene muy complicado debido a los intereses de otros países, que venden sus productos, dentro de Haití, mucho más baratos que los de los haitianos.

- ¿Ve a las autoridades actuales preparadas y motivadas para sacar adelante el país?

- Querer, seguro que quieren. Pero será difícil que puedan. Por una parte creo que con el actual presidente, Michel Martelly, nos estamos encontrando ya unas realidades económicas muy similares a las que se sucedieron durante los gobiernos anteriores. Creo que Haití tiene superadas las dictaduras que sufrió en el pasado y por eso no creo que sea probable un nuevo golpe de Estado, pero sí creo que con Martelly seguiremos con un gobierno supeditado a otros países como Estados Unidos, por lo que no va a poder, aunque quiera, mejorar sustancialmente la educación, la alimentación o el bienestar de su pueblo.

- ¿Ha cambiado el país desde el terremoto de 2010?

- Creo que sí. Como apuntamos en el documental, es posible que el terremoto haya sido un mal necesario para que el mundo se acordara de Haití y, sobre todo, para que los haitianos tomaran conciencia de sí mismos como pueblo y como sujeto activo, principal e ineludible de cualquier cambio que anhelen o que pueda producirse. Antes, los haitianos parecían no saber que las decisiones que tomaban otros les podían influir tanto. Realmente parecía que no eran conscientes de que todo estaba interrelacionado, y sólo se preocupaban por sobrevivir. Ahora parece que saben, o que creen, que pueden hacer algo para cambiar su situación. Parece que ven ahora más claro que nunca que la solución a su situación pasa por ellos. Por primera vez se han unido contra los políticos e, incluso, contra algunas ONG o, mejor dicho, contra el sistema montado alrededor de las ONG. Los ciudadanos se quejan de que ciertas organizaciones (es el país con el mayor número de ONG trabajando en el terreno) recaudan dinero de los Estados y ciudadanos extranjeros, que es mucho, pero que no les llega a ellos en la medida que les debería llegar. Cada día se ven más iniciativas de haitianos. Hay, incluso, líderes de opinión dentro de los campamentos y se están creando organizaciones de denuncia contra la propia ayuda humanitaria.

- A lo largo de estos tres años ha habido críticas a la gestión de la ayuda internacional, ¿cómo progresa esta cuestión?

- Sigue habiendo críticas. Y son más que merecidas. Cuando sucedió el terremoto, muchos gobiernos prometieron enviar unas grandes ayudas que ahora, tres años después, todavía no han llegado (de todo lo que se prometió como mucho ha llegado el 15%). Y todo esto porque no hay ningún organismo internacional que actúe como gestor de las ayudas y que supervise que las promesas, efectivamente, se cumplen. El dinero se pierde en burocracias internas, de los gobiernos y de las propias ONG, y en proyectos mal formulados y poco efectivos. Por ejemplo, había proyectos a medio y largo plazo financiados por la Aecid que luego se han desarmado o paralizado para siempre. El terremoto exigía un compromiso real a largo plazo y, muchos gobiernos como el español, lo que han hecho prácticamente es retirar las ayudas. Yo creo que la crítica más fuerte que se puede hacer es que, sinceramente, no se intentan arreglar las cosas de fondo. No existe un plan global, sino que todo se parchea, porque realmente, cambiar las cosas de raíz requiere un cambio mundial que no se quiere realizar. No tiene sentido que Haití pague una injusta deuda externa a los Estados que a su vez dicen estarle ayudando. Es verdad que algunas ayudas recibidas han hecho mucho bien dentro de Haití. Pero otras muchas, las que iban a programas a largo plazo que ahora se han interrumpido, no han servido para nada.

- ¿Qué supone para usted esta presentación en Bilbao?

- Supone uno de los hitos más importantes y uno de los momentos más emocionantes de todos los que he vivido con este documental. Y eso que ha habido unos cuantos realmente emocionantes. Como el estreno en Madrid, con más de un cuarto de hora de aplausos, o la selección para los Goya. Pero Bilbao es Bilbao. Desgraciadamente vivo fuera de Euskadi, pero este es mi país y aquí están mis raíces. Por eso ya, con este documental, sólo me queda verlo en ETB doblado o subtitulado en euskera.


Marta Martínez, Deia
 
 
 

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