El Titanic, los jesuítas y la Reserva Federal
Debido a varios pánicos financieros que habían ocurrido el inicio del siglo XX en EEUU y Europa, un grupo de los banqueros más poderosos del mundo (algunos dicen que todos parte de esa sociedad secreta conocida como los Illuminati) los Rothschild, los Rockefeller y J.P Morgan, se reunieron en la isla Jekyll en 1910 para darle vida a un plan que les permitiría tomar control de las finanzas de EEUU convirtiéndose en el nuevo Banco Central pero administrado por manos privadas, La Reserva Federal.
La idea de una entidad privada controlando las finanzas de EEUU fue recibida con mucha oposición de políticos locales, empresarios pequeños y medianos y asociaciones de trabajadores. El primer intento de establecer la Reserva Federal en EEUU, conocido como el plan Aldrich, quien fuera el congresista que presentó la propuesta (y que además era suegro de John Rockefeller Jr. y amigo personal de J.P. Morgan), fue rechazado por una pequeña mayoría que veía un gran riesgo en su creación.
Y no era para menos, entre los objetivos y las facultades que la reserva federal quería tener, estaba el lograr más empleo, precios estables e intereses moderados mediante la manipulación de las políticas monetarias y de crédito, supervisar y regular las entidades bancarias, regular el mercado y manejar el sistema de pagos de la deuda externa de la nación. En otras palabras, poder total sobre el país.
Pero no solo los ciudadanos promedio estaban en contra de la reserva federal, poderosos empresarios se oponían a los planes de Morgan, Rothschild y Rockefeller. Entre los más prominentes opositores se encontraban Benjamin Guggenheim, Isidor Strauss y Jacob Astor. Estos tres personajes, no solo coincidían en ser opositores a la reserva federal y tres de los hombres más ricos del mundo, otra coincidencia los uniría para siempre, los tres eran pasajeros y murieron, a bordo del Titanic.
¿Fue el Titanic un accidente, o un atentado deliberado para aclarar el camino a la creación de la Reserva Federal? El hecho de que J.P. Morgan se negara a viajar en el barco de su propiedad minutos antes de zarpar y de que muchos de los pasajeros de primera clase sobrevivieron, pero no estos considerados los más poderosos del mundo que fueron abandonados en el barco por la política de “las mujeres y los niños primero”. Lo cierto es que apenas un año después de la tragedia del Titanic, la Reserva Federal era aceptada y creada por el gobierno, teniendo el camino libre mientras sus opositores alimentaban peces en el fondo del mar.
Pero esto no es todo, los creadores de la reserva federal tenían un poderoso aliado en Europa, los Jesuitas. Esta poderosa organización católica, que muchos consideran el verdadero poder detrás de la silla papal, llevaba años tratando de reformar la economía y los intercambios de poder en Europa. La iglesia había perdido mucho poder debido a la pérdida de los estados pontificios y los jesuitas necesitaban desestabilizar las instituciones de Europa para pescar en río revuelto y recuperar, al menos en parte, lo que perdieron al cambio del siglo. Y que mejor desestabilizador que una gran guerra.
Pero los Jesuitas sabían que había hombres poderosos y de gran poder económico que se opondrían a una guerra en la que murieran millones. Todos ellos, entre los que se encontraban los ya mencionados Guggenheim, Strauss y Astor entre otros, fueron invitados a inaugurar el barco más lujoso del mundo, el Titanic.
Recordemos que el Titanic era propiedad de J.P. Morgan y que su capitán, Edward Smith había sido capitán tanto del Olympic como del Titanic. Pero también es sabido que Edward Smith ostentaba el título de Tempore Co-adjutor de los Jesuitas, que en términos sencillos quiere decir un Jesuita no ordenado, Los Tempore Co-adjutor le deben fidelidad a la orden hasta la muerte, a pesar de no ser sacerdotes.
Pero más misteriosa es aun la presencia de otro personaje dentro del Barco, Francis Browne SJ, un joven miembro de la orden que abordó el barco en Southampton cámara en mano. Se pasó el día entero tomando fotografías dentro del barco, incluyendo fotografías de las personas importantes que morirían en él y al otro día se bajó del barco en el puerto de Cork.
En su estancia en el barco, Browne se hizo amigo de una familia muy adinerada que le ofrecieron pagarle el pasaje completo a New York con regreso a Londres, oferta que declinó diciendo que sus superiores le habían ordenado bajarse en Cork. Hoy por hoy las mejores fotografías de los momentos previos al accidente son las fotos del Jesuíta que minutos antes de desembarcar tuvo una reunión privada con el capitán Smith.
Al final, pocos años después del desastre del Titanic estalla la primera Guerra Mundial que consolida a EEUU, manejada por la recién creada Reserva Federal como superpotencia mundial, mientras la Iglesia católica retoma posiciones de poder en Europa poniéndose al frente de la reconstrucción de la post-guerra.


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