Conflictos mundiales * Blog La cordura emprende la batalla


miércoles, 13 de marzo de 2013

Vuelven los nazis de los puños y las pistolas! * Parásitos de lo decente

Vuelven los nazis de los puños y las pistolas!

Parásitos de lo decente

Con la expresión que titula esta columna se ha despachado uno de los abogados que defienden a cuatro angelitos acusados de propinar una brutal paliza a un indigente cuyo delito era dormir en un fotomatón de la madrileña calle Arcipreste de Hita, en el distrito de Moncloa. Según el letrado, un señor con carrera, como diría mi abuela, “la vagancia” y “el constituirse un parásito de lo decente” lleva a la repulsión y a añorar con “nostalgia de tiempos pasados” la Ley de vagos y maleantes de 1933. Así lo cuentan las agencias de información. He aquí el alegato de todo un aspirante a Perry Mason castizo y duro con los que en vez de ponerse a trabajar disfrutan de la vida durmiendo a la intemperie con temperaturas bajo cero. Unos vividores, diga usted que sí, abogado. Ya está bien de tanto cuento y tanta contemplación. Hay que llamar a las cosas por su nombre: parásitos. ¿Y sus defendidos? Pues no he leído nada de lo que opina de sus defendidos, pero seguramente serán unos patriotas juzgados injustamente por los poderes en la sombra – ¿La mano negra? ¿El comunismo? ¿Kiko Rivera? – que dominan el mundo y ponen contra las cuerdas a los verdaderos defensores del orden natural de las cosas. Unos mártires a los que solo la historia juzgará… o algo así.

Ya no hace gracia el hecho de ver un día sí y otro también noticias sobre este tipo de personajes cuya única misión en la vida parece ser la de separar a la sociedad entre buenos y malos. Casualmente ellos siempre se encuentran en el primer grupo, y en el segundo el resto del mundo. Porque la evolución xenófoba de estos grupos les ha llevado a dar varias vueltas de tuerca a su ya de por sí pobre evolución ideológica, incluyendo cada día a más ciudadanos entre sus objetivos, ya sea por ser los que tradicionalmente han venido persiguiendo o porque simplemente no comulgamos con su idea de organización social.

Va siendo hora de tomar cartas en el asunto, con el Código Penal en la mano. La apología de cualquier ideología que pretenda dividir al ser humano entre los dignos y puros y los que no merecen otro destino que el castigo por su origen, ideas, color de piel o afición por determinado equipo de fútbol, debe ser castigada con dureza. Perseguida y juzgada por los organismos de los que nos hemos dotado en democracia, pero también repudiada socialmente por los vecinos y conocidos de los nuevos nazis. Nazis, sí, porque para tomar verdadera conciencia del problema hay que llamar a las cosas por su nombre. Ni violentos, ni ultras, ni pandilleros: simplemente nazis. Puede que de esta manera comencemos a darnos cuenta de que, mientras nosotros dormimos plácidamente, en la calle hay personas que además de pasarlo mal por su situación económica tienen que soportar la persecución de fanáticos adoradores de la cultura e ideario hitleriano. Que si ya cuesta dormir bajo unos cartones haciendo frente a la soledad y al frío, solo faltaba que cuatro descerebrados vengan a darte una paliza que te deje más de quinientos días en coma. No es solo una expresión. Es el tiempo que pasó en ese estado la persona a la que presuntamente agredieron los acusados en la calle del distrito madrileño de Moncloa. Ahora necesita ayuda para realizar muchas funciones básicas. Ellos siguen teniendo lo necesario para hacer una vida normal. Esperemos que sea en la cárcel.

(Ion Antolín Llorente)


Vuelven los nazis de los puños y las pistolas!

Parásitos de lo decente


Con la expresión que titula esta columna se ha despachado uno de los abogados que defienden a cuatro angelitos acusados de propinar una brutal paliza a un indigente cuyo delito era dormir en un fotomatón de la madrileña calle Arcipreste de Hita, en el distrito de Moncloa. Según el letrado, un señor con carrera, como diría mi ...abuela, “la vagancia” y “el constituirse un parásito de lo decente” lleva a la repulsión y a añorar con “nostalgia de tiempos pasados” la Ley de vagos y maleantes de 1933. Así lo cuentan las agencias de información. He aquí el alegato de todo un aspirante a Perry Mason castizo y duro con los que en vez de ponerse a trabajar disfrutan de la vida durmiendo a la intemperie con temperaturas bajo cero.
 Unos vividores, diga usted que sí, abogado. Ya está bien de tanto cuento y tanta contemplación. Hay que llamar a las cosas por su nombre: parásitos. ¿Y sus defendidos? Pues no he leído nada de lo que opina de sus defendidos, pero seguramente serán unos patriotas juzgados injustamente por los poderes en la sombra – ¿La mano negra? ¿El comunismo? ¿Kiko Rivera? – que dominan el mundo y ponen contra las cuerdas a los verdaderos defensores del orden natural de las cosas. Unos mártires a los que solo la historia juzgará… o algo así.




Ya no hace gracia el hecho de ver un día sí y otro también noticias sobre este tipo de personajes cuya única misión en la vida parece ser la de separar a la sociedad entre buenos y malos. Casualmente ellos siempre se encuentran en el primer grupo, y en el segundo el resto del mundo. Porque la evolución xenófoba de estos grupos les ha llevado a dar varias vueltas de tuerca a su ya de por sí pobre evolución ideológica, incluyendo cada día a más ciudadanos entre sus objetivos, ya sea por ser los que tradicionalmente han venido persiguiendo o porque simplemente no comulgamos con su idea de organización social.




Va siendo hora de tomar cartas en el asunto, con el Código Penal en la mano. La apología de cualquier ideología que pretenda dividir al ser humano entre los dignos y puros y los que no merecen otro destino que el castigo por su origen, ideas, color de piel o afición por determinado equipo de fútbol, debe ser castigada con dureza. Perseguida y juzgada por los organismos de los que nos hemos dotado en democracia, pero también repudiada socialmente por los vecinos y conocidos de los nuevos nazis. Nazis, sí, porque para tomar verdadera conciencia del problema hay que llamar a las cosas por su nombre. Ni violentos, ni ultras, ni pandilleros: simplemente nazis.
Puede que de esta manera comencemos a darnos cuenta de que, mientras nosotros dormimos plácidamente, en la calle hay personas que además de pasarlo mal por su situación económica tienen que soportar la persecución de fanáticos adoradores de la cultura e ideario hitleriano. Que si ya cuesta dormir bajo unos cartones haciendo frente a la soledad y al frío, solo faltaba que cuatro descerebrados vengan a darte una paliza que te deje más de quinientos días en coma. No es solo una expresión. Es el tiempo que pasó en ese estado la persona a la que presuntamente agredieron los acusados en la calle del distrito madrileño de Moncloa. Ahora necesita ayuda para realizar muchas funciones básicas. Ellos siguen teniendo lo necesario para hacer una vida normal. Esperemos que sea en la cárcel.


(Ion Antolín Llorente)

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