La terraza de Pipa
EL CONSISTORIO LA SUPEDITA A OBTENER LA DE FUNCIONAMIENTO, YA PEDIDA
En casa del herrero, cuchillo de palo. Alonso Aznar ha abierto una terraza sin licencia en el madrileño barrio de Chamartín. El hijo del expresidente del Gobierno y la alcaldesa Ana Botella es socio del restaurante Pipa & Co, un establecimiento con aires neoyorquinos que opera desde hace meses y que todavía no ha obtenido la licencia de funcionamiento que solicitó a la Agencia para la Gestión de Licencias de Actividades (AGLA).
La traba burocrática, que no obstaculiza la apertura del local, ha provocado, sin embargo, que el consistorio madrileño que dirige su madre le haya denegado la licencia de apertura al público del jardín privado del establecimiento. Esta terraza está en funcionamiento y se inauguró coincidiendo con el estreno del verano.
Alonso Aznar es socio del local junto con otros tres amigos: Chiqui Calleja, María Fitz-James Stuart y Fernando Nicolás, el único de los cuatro que aparece como administrador de la empresa propietaria del establecimiento, La Rumba Tarumba S. L., constituida en noviembre de 2012. El local es un sitio pequeño, muy bien decorado, con una carta no muy amplia pero sugerente, ubicado en una zona privilegiada de la capital en cuanto a restaurantes, bares y discotecas, en Paseo de la Habana casi esquina con Alberto Alcocer. Uno de los cuatro socios asegura a El Confidencial que tiene todas las licencias en orden, “tanto dentro del local como la de la terraza”.
Los dueños solicitaron formalmente al Ayuntamiento de Madrid la apertura de su jardín hace meses, y el concejal presidente del distrito de Chamartín, Luis Miguel Boto, la autorizó el 29 de mayo. Con la terraza ya funcionando a pleno rendimiento, los socios recibieron una notificación del departamento jurídico el 10 de julio, por la que el Ayuntamiento supedita la apertura de la terraza a la licencia de funcionamiento. La cláusula que se añadió decía textualmente: “La eficacia de esta autorización se entenderá diferida a la obtención de la licencia de funcionamiento del establecimiento anejo o a que se cumplan las condiciones establecidas en la normativa municipal reguladora de las licencias urbanísticas para entenderla concedida por silencio administrativo”.
El benjamín de los Aznar-Botella únicamente regenta el bar en sus escapadas a Madrid. Desde que terminó sus estudios universitarios en 2011, Alonso Aznar no quiso desaprovechar la oferta que le brindó Citibank y se fue a vivir a Londres, donde inició su carrera profesional. Alonso cuenta con una licenciatura en Administración y Dirección de Empresas obtenida en el prestigioso Centro Universitario de Estudios Financieros (CUNEF), un buen salvoconducto para llamar a las puertas del proceloso mundo financiero de la City
Carromero, de parranda en parranda en espera de asaltar las Nuevas Generaciones
La traba burocrática, que no obstaculiza la apertura del local, ha provocado, sin embargo, que el consistorio madrileño que dirige su madre le haya denegado la licencia de apertura al público del jardín privado del establecimiento. Esta terraza está en funcionamiento y se inauguró coincidiendo con el estreno del verano.
Alonso Aznar es socio del local junto con otros tres amigos: Chiqui Calleja, María Fitz-James Stuart y Fernando Nicolás, el único de los cuatro que aparece como administrador de la empresa propietaria del establecimiento, La Rumba Tarumba S. L., constituida en noviembre de 2012. El local es un sitio pequeño, muy bien decorado, con una carta no muy amplia pero sugerente, ubicado en una zona privilegiada de la capital en cuanto a restaurantes, bares y discotecas, en Paseo de la Habana casi esquina con Alberto Alcocer. Uno de los cuatro socios asegura a El Confidencial que tiene todas las licencias en orden, “tanto dentro del local como la de la terraza”.
Los dueños solicitaron formalmente al Ayuntamiento de Madrid la apertura de su jardín hace meses, y el concejal presidente del distrito de Chamartín, Luis Miguel Boto, la autorizó el 29 de mayo. Con la terraza ya funcionando a pleno rendimiento, los socios recibieron una notificación del departamento jurídico el 10 de julio, por la que el Ayuntamiento supedita la apertura de la terraza a la licencia de funcionamiento. La cláusula que se añadió decía textualmente: “La eficacia de esta autorización se entenderá diferida a la obtención de la licencia de funcionamiento del establecimiento anejo o a que se cumplan las condiciones establecidas en la normativa municipal reguladora de las licencias urbanísticas para entenderla concedida por silencio administrativo”.
El benjamín de los Aznar-Botella únicamente regenta el bar en sus escapadas a Madrid. Desde que terminó sus estudios universitarios en 2011, Alonso Aznar no quiso desaprovechar la oferta que le brindó Citibank y se fue a vivir a Londres, donde inició su carrera profesional. Alonso cuenta con una licenciatura en Administración y Dirección de Empresas obtenida en el prestigioso Centro Universitario de Estudios Financieros (CUNEF), un buen salvoconducto para llamar a las puertas del proceloso mundo financiero de la City
Carromero, de parranda en parranda en espera de asaltar las Nuevas Generaciones
Foto:VOZPÓPULI Carromero, de fiesta hace pocos días con amigos de Nuevas Generaciones.
En su retiro de la Calle Mayor, número 71, las oficinas que acogen a los grupos municipales del Ayuntamiento de Madrid, institución de la que él es asesor, está tranquilo y escondido, agazapado en la primera planta. Quizás porque le han recomendado que no se prodigue mucho por ahí, apenas se deja ver tomando el ascensor o subiendo y bajando las escaleras: el cabreo de los madrileños con Ángel Carromero, el asesor que cobra 50.000 euros anuales, sigue latente, especialmente por mantenerle Ana Botella el cargo en Cibeles tras viajar a Cuba en verano de 2012 enviado por Nuevas Generaciones, la rama juvenil del PP. Regresó de la isla en enero, después de cuatro meses en la cárcel y dos disidentes fallecidos accidentalmente en el coche que él conducía.
Aunque ha recibido el apoyo de los familiares de los fallecidos, Oswaldo Payá y Harold Cepero, y de la lideresa Esperanza Aguirre, y alimentado una rara teoría de la conspiración sobre su accidente que no tiene visos de prosperar, a muchos ciudadanos capitalinos, sobre todo a los funcionarios, les duele que Carromero, licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Ávila (fuente: Wikipedia) colocado a dedo, gane más que ellos en plena ola de recortes, paga extra incluida. Al poco de volver de Cuba y recibir el tercer grado que le permitió recobrar la libertad condicional, el asesor recuperó su puesto, cargo de confianza de la concejala del distrito de Moratalaz, Begoña Larraínzar, pero fue frecuentemente abucheado en varios actos por indignados de distinto pelaje. Así que Botella lo envió a Calle Mayor, 71, entre la Puerta del Sol, Ópera y el Palacio Real, puro Madrid castizo. Y allí Carromero espera, paciente, su momento.
Su momento podría ser el asalto a las Nuevas Generaciones de Madrid, lideradas por Pablo Casado, aguirrista de pro, 33 años y dos hijos. Demasiado mayor. Quiere Carromero, 28 años, aprovechar el trampolín de la conspiración de La Gavina, provincia de Granma, donde, según las autoridades cubanas, el coche se salió de la calzada y se estrelló por exceso de velocidad. Pero no quiere despertar demasiado ruido: no lo ha hecho desde que llegó, aireando su teoría del accidente solo en medios extranjeros y evitando a la prensa autóctona.
Esperar, esperar y esperar. Carromero espera: se supone que asesora al grupo municipal (al que las encuestas sitúan en una horquilla de voto inferior al 30% tras el 50% conseguido por el PP en las pasadas elecciones municipales), pero poco se sabe de su trabajo, si da el callo u holgazanea. Al poco de llegar al edificio del centro de Madrid, el periodista que entrara en las oficinas de los grupos no se libraba, como en Cuba, del acompañante. Ese periodo especial duró poco. La gente que le ve, los suyos, los concejales y asesores de PSOE, IU y UPyD, los ordenanzas, destacan que es afable en el trato y que no evita el saludo.
Donde se deja ver es en los actos del partido, incluidas las jaranas que se pegan los cachorros populares en la capital, muchas en discotecas alquiladas, y también en localidades y pueblos de la Comunidad. Él, joven disciplinado que no entraba en las quinielas de ascenso, ha cobrado una relevancia importante desde el accidente, especialmente tras las palabras de Aguirre en su defensa. Lo saben los carromeristas. Sigue siendo vicesecretario general de Nuevas en Madrid, y es el cuadro de las juventudes del PP más famoso de España, mucho más que la presidenta de la organización, Beatriz Jurado. De él sus compañeros -los hay desde amigos y simpatizantes hasta acérrimos enemigos tanto de él como de la imagen que desprende- coinciden en que le van el mambo nocturno y las copas, que en eso el chaval no ha cambiado una vez se hubo recuperado de su dantesco episodio en el Caribe. Le va el ron cola.
“Carromero tiene el apoyo de todas las sedes en Madrid, se lo ha ganado. Pero no el apoyo del partido”, resume un miembro. “No tiene el apoyo de los jefazos de su sede (distrito de Salamanca), empezando por Lasquetty y siguiendo por Juan Soler o Iñigo Henríquez de Luna. ¿Sucesor? Los carromeristas dicen que Pablo Casado quiere poner a Ángel. Pero en fin, parece que tienen el cerebro lavado por Carromero, le apoyan en todo lo que les dice”.
Lo que ocurre es que Casado no ha convocado el congreso para elegir sucesor, y nadie de dentro sabe cuándo lo hará, si lo hace. Entretanto, de parranda en parranda y currando para Botella, Carromero espera.
En su retiro de la Calle Mayor, número 71, las oficinas que acogen a los grupos municipales del Ayuntamiento de Madrid, institución de la que él es asesor, está tranquilo y escondido, agazapado en la primera planta. Quizás porque le han recomendado que no se prodigue mucho por ahí, apenas se deja ver tomando el ascensor o subiendo y bajando las escaleras: el cabreo de los madrileños con Ángel Carromero, el asesor que cobra 50.000 euros anuales, sigue latente, especialmente por mantenerle Ana Botella el cargo en Cibeles tras viajar a Cuba en verano de 2012 enviado por Nuevas Generaciones, la rama juvenil del PP. Regresó de la isla en enero, después de cuatro meses en la cárcel y dos disidentes fallecidos accidentalmente en el coche que él conducía.
Aunque ha recibido el apoyo de los familiares de los fallecidos, Oswaldo Payá y Harold Cepero, y de la lideresa Esperanza Aguirre, y alimentado una rara teoría de la conspiración sobre su accidente que no tiene visos de prosperar, a muchos ciudadanos capitalinos, sobre todo a los funcionarios, les duele que Carromero, licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Ávila (fuente: Wikipedia) colocado a dedo, gane más que ellos en plena ola de recortes, paga extra incluida. Al poco de volver de Cuba y recibir el tercer grado que le permitió recobrar la libertad condicional, el asesor recuperó su puesto, cargo de confianza de la concejala del distrito de Moratalaz, Begoña Larraínzar, pero fue frecuentemente abucheado en varios actos por indignados de distinto pelaje. Así que Botella lo envió a Calle Mayor, 71, entre la Puerta del Sol, Ópera y el Palacio Real, puro Madrid castizo. Y allí Carromero espera, paciente, su momento.
Su momento podría ser el asalto a las Nuevas Generaciones de Madrid, lideradas por Pablo Casado, aguirrista de pro, 33 años y dos hijos. Demasiado mayor. Quiere Carromero, 28 años, aprovechar el trampolín de la conspiración de La Gavina, provincia de Granma, donde, según las autoridades cubanas, el coche se salió de la calzada y se estrelló por exceso de velocidad. Pero no quiere despertar demasiado ruido: no lo ha hecho desde que llegó, aireando su teoría del accidente solo en medios extranjeros y evitando a la prensa autóctona.
Esperar, esperar y esperar. Carromero espera: se supone que asesora al grupo municipal (al que las encuestas sitúan en una horquilla de voto inferior al 30% tras el 50% conseguido por el PP en las pasadas elecciones municipales), pero poco se sabe de su trabajo, si da el callo u holgazanea. Al poco de llegar al edificio del centro de Madrid, el periodista que entrara en las oficinas de los grupos no se libraba, como en Cuba, del acompañante. Ese periodo especial duró poco. La gente que le ve, los suyos, los concejales y asesores de PSOE, IU y UPyD, los ordenanzas, destacan que es afable en el trato y que no evita el saludo.
Donde se deja ver es en los actos del partido, incluidas las jaranas que se pegan los cachorros populares en la capital, muchas en discotecas alquiladas, y también en localidades y pueblos de la Comunidad. Él, joven disciplinado que no entraba en las quinielas de ascenso, ha cobrado una relevancia importante desde el accidente, especialmente tras las palabras de Aguirre en su defensa. Lo saben los carromeristas. Sigue siendo vicesecretario general de Nuevas en Madrid, y es el cuadro de las juventudes del PP más famoso de España, mucho más que la presidenta de la organización, Beatriz Jurado. De él sus compañeros -los hay desde amigos y simpatizantes hasta acérrimos enemigos tanto de él como de la imagen que desprende- coinciden en que le van el mambo nocturno y las copas, que en eso el chaval no ha cambiado una vez se hubo recuperado de su dantesco episodio en el Caribe. Le va el ron cola.
“Carromero tiene el apoyo de todas las sedes en Madrid, se lo ha ganado. Pero no el apoyo del partido”, resume un miembro. “No tiene el apoyo de los jefazos de su sede (distrito de Salamanca), empezando por Lasquetty y siguiendo por Juan Soler o Iñigo Henríquez de Luna. ¿Sucesor? Los carromeristas dicen que Pablo Casado quiere poner a Ángel. Pero en fin, parece que tienen el cerebro lavado por Carromero, le apoyan en todo lo que les dice”.
Lo que ocurre es que Casado no ha convocado el congreso para elegir sucesor, y nadie de dentro sabe cuándo lo hará, si lo hace. Entretanto, de parranda en parranda y currando para Botella, Carromero espera.


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