Habida cuenta de la propensión de
la Conferencia Episcopal para dar su opinión acerca de cuestiones ajenas a su
competencia, llama poderosamente la atención su silencio ante el caso Barcenas. Tanto es así que, dando rienda
suelta a la fantasía, quien esto escribe y firma ha imaginado una carta personal
que el Cardenal
Rouco podría haber enviado a Mariano Rajoy para infundirle
ánimos.
La capacidad de
sorpresa de las ciudadanía española está tan curada de
espanto, que a nadie extrañaría que fuentes dignas de crédito informaran de una
“gran preocupación en la Conferencia Episcopal española ante el
llamado caso Barcenas
y la
repercusión en la credibilidad del presidente Rajoy, tanto que no se
descarta promover manifestaciones populares de apoyo al presidente de Gobierno,
igual que se hiciera al reivindicar la postura de la Iglesia sobre el modelo de la
familia, el aborto y tantos otros temas”.
Leamos pues la
epístola...
Querido
Mariano:
En
los momentos delicados que atraviesas, quiero que sepas que pido a Dios por ti
cada día y Él me encomienda que te bendiga porque eres su hijo
amado.
Me
alborozan tus silencios, Mariano, así como tu modo de aislarte y recogerte, con
monástica espiritualidad, cual anacoreta en su cenobio. Aunque muchos tilden de
misantrópico tu eremita afán por la clausura, es notorio que tal hábito sublima
tu aura de austero santón convirtiéndote en ejemplo para las nuevas
generaciones.
Propio
es de sabios –y también de santos– gozarse en la vida contemplativa como haces
tú, con fortaleza y soportando con resignación las chanzas de quienes te
censuran por lo que no es desgana sino sacrificio. Cuan injustos son, amado
Mariano, al no valorar con cuanta entereza soportas los escollos que el Señor,
para probarte, interpone en tu camino.
Primero,
el Altísimo te dio a beber el amargo cáliz del naufragio del Prestige, y
no sólo superaste la prueba sino también, nos deleitaste con tu parábola de
los hilillos de plastilina.
Pasado
un tiempo, desde que el dedo patricio de Aznar te señalara como su sucesor,
hasta tres veces (como la Santísima Trinidad, como las negaciones de Pedro)
tuviste que esperar para poder presidir el gobierno de la católica
España.
Y
no acabó ahí tu via crucis, pues quiso Dios que el diablo llamara a tu
puerta vestido de gürteliano Milano y no Prada, y de nuevo soportaste el
envite mientras muchos daban por concluida tu carrera sin saber que aun estaba
por llegar tu gloria.
Eres
casi santo, y pruebas de ello se cuentan por miles. Por ejemplo, las muchas
veces que pusiste tus manos en el fuego por algunos díscolos hijos de Dios (como
el facineroso Fabra, el beato Camps o el manilargo Mata) sin que nunca
aparecieran en ellas eritemas o ampollas que delataran una sola quemadura. ¿No
estaremos asistiendo a un milagro?
Es
tan inmensa tu sabiduría que reputadas enciclopedias mencionan la filosofía
mariana como una nueva corriente del estoicismo en su vertiente más pasiva y
resignada. Que gran ejemplo diste de ello cuando, en una conversación privada,
consolaste a la sufrida esposa del levantisco Luis Barcenas profiriendo una
sentencia que sublima la virtud de tolerar con resignación los designios del
Señor: “al final, la vida es resistir”, le dijste a la dama, y ella
sintió una gran paz.
Es
por ello que siento tristeza –y dolor– cuando pérfidos siervos del malignos te
acusan de haber pecado contra el séptimo mandamiento (no robarás), el octavo (no
dirás falsos testimonios ni mentirás), el décimo (no codiciarás los bienes
ajenos) e incluso contra el quinto (no matarás), esgrimiendo para este último el
recurso de que has ‘matado’ la ilusión de quienes creyeron en tus promesas
electorales.
Pero
yo, desde la presidencia de la Conferencia Episcopal que ostento, replico a
quienes de ello te acusan diciendo: ¿Y si así fuera, qué mas os da, nido de
víboras? ¿Acaso no sabéis que en mis manos está absolver a Mariano (si fueran
ciertos sus pecados) por la potestad que me confiere mi condición
sacerdotal?
Te
exhorto a que perseveres en tus tesis Mariano, pues eres casi santo porque has
puesto a la Santa Madre Iglesia Católica Española en el lugar que le corresponde
y porque has designado como ministro de educación a un hombre que lucha
(sufriendo también grandes oprobios) para que la asignatura de religión tenga un
peso específico mas acorde cada día con los mandamientos del
Señor.
Tú
eres fuerte como una roca, Mariano, y sobre esta roca (si el Santo Padre
Francisco me mantiene en mi puesto a pesar de mi avanzada edad) quiero edificar
desde la Conferencia Episcopal, lo que la Iglesia de Cristo merece en esta
Patria que es España, tradicional portadora de unos valores espirituales que el
maligno se empeña en destruir tentando a la grey de Dios con falacias como la
democracia, el estado de bienestar o la promesa de unos llamados derechos
humanos.
¡Por
Dios!
¡Anatema!
¿Como
se atreve nadie a hablar de derechos humanos, cuando no hay mas derechos que los
divinos y los que atañen a la Santa madre Iglesia
Católica?
Que
la Paz del Señor sea contigo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
GRACIAS POR TU OPINION-THANKS FOR YOUR OPINION