La deuda perdonada: un cuento hecho realidad.
Erase una vez en 1.953 un gran número de países que perdonaron más del 60% de la deuda que Alemania había acumulado durante las dos guerras mundiales.
Alemania devastada por la Segunda Guerra Mundial se encontraba sumida en una gran crisis que le imposibilitaba pagar sus deudas -38.800 millones de marcos en su época- El Estado estaba al borde de la quiebra y Reino Unido, Francia, Dinamarca, Grecia , Irlanda, Italia o España entre otros se reunieron en Londres para buscar una solución. Las negociaciones se extendieron entre febrero y agosto de 1953 teniendo como resultado el "Acuerdo de Londres", que redujo la deuda alemana en un 62,6%, marcando un calendario de pagos para los 14.500 restantes. Esto permitió que el país se recuperase rápidamente de su mala situación y que a su vez se pusiera a la cabeza del crecimiento económico del continente.
Hoy en 2013, los líderes germanos parecen no haber aprendido la lección y en vez de corresponder con generosidad han decidido aplicarnos la mano dura a los países que en su día les rescataron. Igualmente podríamos hablar de las cifras de déficit público que Alemania tuvo para asimilar la Alemania del Este, pasándose por el Arco del Triunfo las normas de la Comunidad Europea. Un déficit que ahora nos obligan a reducir en un plazo muy corto y materialmente imposible, dando lugar a recortes abusivos en pilares básicos para el sustento de la sociedad: sanidad, educación o pensiones entre otros. [Fuentes: Auditoría Ciudadana ]
No acostumbro a utilizar malas expresiones como la que hoy he usado como
título para el artículo referente a la famosa deuda española, pero sin
que sirva de precedente la indignación me ha llevado a sucumbir a ello.
La catastrófica situación económica que vamos atravesando en los últimos
años nos debe llevar a plantearnos la naturaleza de la deuda y su más
que posible ilegitimidad parcial en lo que se refiere a los intereses de
deuda que limitan las posibilidades de inversión del país en proyectos
innovadores y emprendedores, en educación y en sanidad entre muchos
otros.
Para recuerdo de todos, en un soleado fin de semana ante la pasividad
del pueblo PP y PSOE se alinearon para modificar sin consulta alguna la
agonizante Constitución Española, añadiendo a su articulado un precepto
que obligase al pago en primer lugar de la deuda, y en segunda instancia
"lo que hubiera que pagar". Este hecho puede compararse a una situación
en la que un padre antepusiese a pagar la letra de un coche de lujo a
atender la comida de sus hijos bajo el respaldado de la ley.
Todos estamos de acuerdo en que cumplir con los compromisos financieros
debe ser una obligación del Estado así como debería de serlo el derecho a
un trabajo o a una vivienda digna; y en honor a la ética y a la moral,
no deberían cumplirse compromisos financieros basados en el pago de
intereses de la deuda -que alcanzarán miles de millones de euros-
hasta que los diferentes derechos vitales no estuvieran cubiertos en su
amplia mayoría. ¿Por qué no declarar una suspensión de pagos?
Nos encontramos ante una deuda puramente ilegítima
contraída por gobiernos tiranos que han permitido a bancos y mercados
especular con los ahorros de familias humildes y que han producido
resultados contrarios a las intereses de la población española.
Tal y como viene recogido en la historia de arriba, España fue uno de
los actores que en 1953 decidieron perdonar gran parte de la deuda
alemana -con un objetivo u otro, pero la perdonaron-. Hoy día el
caso es el opuesto y Alemania no solo no admite un impago de los
intereses o suspensión temporal de la deuda sino que además exige
imponer medidas de ahogo económico a las clases más bajas mientras ellos
continúan adoptando decisiones en hoteles y haciendas de lujo.
Nada de lo que hagamos aumentará la "confianza" de la UE, ni tan si quiera si los Gobiernos cómplices de la Troika -PP y PSOE-
continúan recortando a la sociedad sus derechos vitales. ¿Qué es eso de
pagar los intereses de la deuda antes que paliar el crecimiento del
paro? Debemos oponernos a continuar andando por una senda en la que el
agua y el pan conllevan intereses abusivos.
Dani Ruiz
Martes 05 de Noviembre de 2013


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