Ya hace mucho tiempo que algunos políticos y las empresas de
comunicación del régimen español no se sienten obligados a disimular su
enorme cinismo e hipocresía. Actúan sin complejos, a cara de perro.
El último ejemplo que nos dejan estos puristas de la democracia
representativa parlamentaria son las críticas vertidas sobre el diputado
de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), David Fernández, por
su intervención en la comisión de investigación sobre la crisis de las
cajas de ahorros del Parlamento catalán en la que comparecía Rodrigo
Rato para explicar su pésima gestión sobre Bankia, entre otras cosas. Mostrarle al compareciente Rodrigo Rato
una sandalia como gesto simbólico de rechazo y repulsa a su gestión
política y económica (incluido el apoyo del PP a la guerra de Irak
cuando Rato era vicepresidente y ministro de economía del gobierno
Aznar) parece un delito inaceptable, aunque ese gesto se haga sin
aspavientos, sin elevar la voz, sin movimientos amenazantes. Más bien al
contrario. Si por algo se caracterizan las intervenciones de David
Fernández en las comisiones parlamentarias catalanas es por su serenidad
y aplomo y la frialdad desgarradora
con la que se dirige a los comparecientes, haciéndoles las preguntas
que la mayoría de ciudadanos nos hacemos y les haríamos. No hace falta
perder más tiempo en los detalles de esta intervención del diputado,
porque todo aquel que quiera puede ver el vídeo (min. 10:00) y sacar sus propias conclusiones.
Lo realmente preocupante es la facilidad con la que mordemos el
anzuelo que nos lanzan algunos políticos y medios de comunicación para
mantenernos entretenidos en anécdotas mientras lo realmente importante
pasa desapercibido. Todo el tiempo que perdemos en hablar de la
"sandalia" lo restamos al tiempo que deberíamos emplear en criticar y
condenar a Rodrigo Rato y su gestión al frente del ministerio de
Economía del país en los años de Aznar, su gestión en
la arruinada Bankia que nos ha costado a todos 22.000 de euros para
"rescatarla", o su gestión al frente del FMI durante los años anteriores
al estallido de la crisis financiera internacional. Por no hablar de la
burbuja inmobiliaria y la especulación urbanística que inició Rato (y
continuó el PSOE) y cuyas consecuencias también estamos pagando. Si se habla de la sandalia no se habla de la estafa. Incluso el periódico más leído en España ha dedicado a este asunto un editorial impresentable titulado
"Matonismo" dirigido, no a Rodrigo Rato y a su criminal gestión
económica, sino a la sandalia del diputado David Fernández al que
descalifican, insultan y tergiversan. De Rato ni dicen ni una palabra.
Todo un ejercicio de distracción y manipulación que desvía el
debate hacia la anécdota y no hacia la raíz del problema, el régimen
plutocrático español del 78 y el sistema capitalista internacional y su
modelo neoliberal.
Todo esta ficticia polémica me recuerda a las críticas que recibió Ada Colau,
portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), cuando el
pasado febrero compareció ante la Comisión de Economía y llamó "cínico" y "criminal"
al representante de la Asociación Española de la Banca por decir que
la legislación vigente no era la causa de los desahucios, entre otras
cosas. Ada Colau, a la que nunca agradeceremos lo suficiente su lucha
desinteresada por la justicia social, fue víctima de un ataque furibundo
por parte de los mismos que ahora atacan al diputado de la CUP
utilizando los mismos argumentos. Las élites políticas se creen los dueños de los parlamentos y por eso no les gusta que en ellos se escuche la voz del pueblo. Y por cierto, ¿qué hace Cayo Lara
(IU) criticando el gesto simbólico de David Fernández y participando de
este ejercicio de distracción y manipulación mediática y colocándose
del lado de los "puristas" de las formas democráticas parlamentarias
tras la que pretenden ocultar las vergüenzas del régimen bipartidista?
¿No de da cuenta Lara que cuando él y sus diputados de IU sacan pancartas
en el Congreso o muestran camisetas reivindicativas están haciendo lo
mismo que hizo el diputado catalán y también son criticados por ello?
¿Pero qué interés puede tener el diario El País, el diario del PSOE, en
salir en defensa de Rodrigo Rato y del PP? La respuesta es sencilla y no
es política sino económica. Rodrigo Rato es consejero asesor para
Latinoamérica y Europa de la multinacional Telefónica. Y Telefónica es el mayor accionista español de El País y uno de los mayores accionistas del resto de grandes medios españoles, todos ellos en manos de grandes compañías y Bancos.
Y es que cuando se trata de hablar de negocios, tanto el PP como el
PSOE y tanto el grupo PRISA como los medios de "la caverna" española
tienen la misma ideología: la del dinero. Los grandes medios de
comunicación a través de los cuales se informa la gran mayoría de la
población sólo obedecen y defienden los intereses económicos de sus
accionistas y de sus anunciantes. Y la mayoría de los ciudadanos todavía
no es consciente de esto. Ya lo advierte Noam Chomsky: "la población general no sabe lo que está ocurriendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe".


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