UNA CARNICERÍA LLAMADA TRANSICIÓN. * Estupor es la palabra que mejor define la sensación provocada por la lectura de "La transición sangrienta"
UNA CARNICERÍA LLAMADA TRANSICIÓN.
Estupor es la palabra que mejor define la sensación provocada por la
lectura de "La transición sangrienta" (Península), del periodista de
investigación Mariano Sánchez Soler, un repaso a la violencia salvaje
del proceso que pone muy en entredicho la historia oficial.
"Los muertos de esos años están vinculados al cambio"
"La violencia política de esos años está totalmente ligada al cambio
histórico", explica Sánchez Soler. "Los asesinatos se disparan tras la
muerte de Franco, se incrementan antes de la toma de decisiones
políticas decisivas y descienden bruscamente cuando se da por zanjado el
proceso democrático", aclara.
Las cifras aportadas por Sánchez
Soler hablan por sí solas: entre 1975 y 1983, se produjeron 591 muertes
por violencia política. Nada menos que 188 de los asesinados, los menos
investigados, entran dentro de lo que el autor denomina violencia
política de origen institucional. "Son los actos desplegados para
mantener el orden establecido, los organizados, alentados o
instrumentalizados por las instituciones del Estado. Te pongo un
ejemplo: al estudiante Arturo Ruiz lo mató en 1977 un miembro de los
guerrilleros de Cristo Rey de los que ayudaban a la policía a reprimir
las manifestaciones. Es lo que entonces se llamaban grupos de
incontrolados", explica.
Incontrolados, un término nada
inocente. "La Audiencia Nacional limitó su alcance político al
calificarlos como grupos no adscritos, pese a que eran organizaciones
con nombres, siglas y objetivos muy claros: Fuerza Nueva, Falange
Española de las Jons o Hermandad de la Guardia de Franco, entre otras.
Al contrario, el "terrorismo de izquierdas" estaba perfectamente
catalogado", cuenta. Una de las consecuencias del mantenimiento
pactado de ciertos aparatos e instituciones del antiguo régimen fue que
"en los casos Atocha, Montejurra, Arturo Ruiz y Yolanda González no se
investigara la participación directa de funcionarios del Estado o sus
conexiones con algunos de los procesados", explica el autor, para el que
la violencia política institucional fue "un arma instrumentalizada para
garantizar los pactos entre la derecha posfranquista en el poder, que
la utilizó como contrapeso para controlar el proceso, y la oposición de
izquierdas".
La conflictividad social es otra de las claves de
la carnicería. En el año 1977, la policía cargó contra 788
manifestaciones en España, el 76% del total. Había que controlar las
calles. "El orden público fue un factor determinante de la Transición.
Sirvió para frenar a la izquierda.
El mito de la transición
maravillosa como proceso político a exportar se desmorona.
"Los hechos
lo desmienten tajantemente.
Es propaganda pura y dura.Ya es hora de que
nos preguntemos por qué las transiciones a la democracia de, por
ejemplo, Portugal y Grecia tuvieron muchas menos víctimas que la
española", zanja.
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